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Ante Un Nuevo Año La fugacidad del tiempo

Por lunes 15 de febrero de 2016 Sin Comentarios

“El tiempo es una distensión del alma”
SAN AGUSTIN “Confesiones”

Por: José Carlos Ibarra

Para los creyentes en el texto bíblico, la primera idea del tiempo, se encuentra en los primeros capítulos del Génesis, en que se narra la Obra de la Creación hecha por Yavhé, esto es, Dios, y a partir de ahí, teólogos, sabios eminentes, místicos, poetas, han tratado de hallar una respuesta clara y reveladora, acerca de su sentido, efectos y trascendencia humana y universal.

Durante siglos se creyó que el tiempo era absoluto, pero los geniales descubrimientos de Albert Einstein, a través de su revolucionaria Teoría de la relatividad, dejaron establecido en forma por demás espectacular, que el concepto espacio-tiempo es relativo, y que todo depende en donde ocurran los acontecimientos, es decir, que hay un tiempo para cada sitio.

O sea que no hay un tiempo único, sino que éste está sujeto a lo local, y con la famosa ecuación E=mc2, no sólo modificó las bases de la física, sino también del pensamiento filosófico, y además despejó el camino hacia la era atómica. (La ecuación citada significa energía igual a masa por la velocidad de la luz al cuadrado).

El contemplativo, el místico, al caer en éxtasis, quedan suspendidos en el tiempo, y durante ese sublime arrobamiento, el alma se sumerge en la Moradas de que habla Santa Teresa de Jesús. Hay pues estados Psíquicos, en que el alma vive un ardoroso recogimiento, y es privilegiada con la visión sobrenatural.

Mas ya hablando en términos ordinarios y prácticos, el tiempo adquiere un sentido o dimensión en particular, de acuerdo a los fines, propósitos y circunstancias de cada quien, por lo que aquí cabe reflexionaren las siguientes citas:

“Hay bajo el sol un momento para todo, y un tiempo para hacer cada cosa.

Tiempo para nacer y tiempo para morir. Tiempo para plantar, y tiempo para arrancar lo plantado.

Tiempo para demoler y tiempo para edificar.
Tiempo para llorar y tiempo para reír.
Tiempo para gemir y tiempo para bailar.
Tiempo para lanzar piedras y tiempo para recogerlas.
Tiempo para los abrazos y tiempo para abstenerse
de ellos.

Tiempo para buscar y tiempo para perder.
Tiempo para conservar y tiempo para tirar fuera.
Tiempo para rasgar y tiempo para coser.
Tiempo para callarse y tiempo para hablar.
Tiempo para amar y tiempo para odiar.
Tiempo para la guerra y tiempo para la paz.
Al final, ¿qué provecho saca uno de sus afanes?
(ECLESIASTES, Cap. 3, vers. 1-9)

“No nos atenemos jamás al tiempo presente. Anticipamos el provenir como demasiado lento en venir, y como para apresurar su carrera. O recordamos el pasado, como para detenerlo, por excesivamente veloz.

Con tanta imprudencia, que erramos en tiempos que no son nuestros, y no pensamos en el único tiempo que nos pertenece; y tan vanos, que pensamos siempre en los que ya no son y huimos sin reflexión del único que subsiste. Es que el presente de ordinario nos hiere. Lo ocultamos a nuestra vista, porque nos aflige, y si por ventura nos es agradable nos sabe mal dejarlo escapar.

Intentamos establecerlo por el porvenir y pensamos en disponer cosas que no están en nuestro tiempo, para un tiempo al cual no tenemos ninguna seguridad de llegar.” PASCAL “Pensamientos”.

“siempre hay tiempo suficiente cuando se emplea como es debido”. (GOETHE, “De mi vida, poesía y verdad”)

* Periodista y Escritor Sinaloense

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