Nacional

Control y orden público

Por domingo 16 de noviembre de 2014 Sin Comentarios

“Lo que del psicoanálisis repugna a ese amo, lo sabemos mejor a partir de ahora: la verdad, cuando este dueño sueña sólo con exactitud; la ambigüedad, allí donde se exige la univocidad; el goce, que no hay que confundir con el resultado satisfactorio”. (Jacques-Alain Miller).

Por Verónica Hernández Jacobo*

pag 3 veronica hernandez jacobo1Vivimos bajo el régimen del control, de hecho las instituciones culturalmente cumplen esa función, aunque  tengan fines humanistas,  el control sobre el sujeto se instrumenta, tanto en educación como en salud mental.

Usan medicación para que el orden público no se altere, lanzando programas higienistas cuya función es detectar al posible suicida, agresivo, violador, o delincuente, aunque hay que afirmarlo, no estamos en contra del “buen uso del medicamento”, mucho menos de la investigación en el campo farmacológico, de lo que se trata es que éstos no sean usados como único recurso y mucho menos para mantener bajo control a los sujetos.

Que el sujeto no quede reducido a un dato estadístico, sino que éste, el sujeto,  se sostenga desde su singularidad, cada uno debería de tener a la mano un sinnúmero de invenciones para que no quede subsumido a una narcolepsia, que tenga culturalmente otros modos de suplencia más allá del sometimiento químico.

Sabemos que en el campo de la “salud mental”, ha aparecido el DSM5, este es un Manual de psiquiatría que clasifica las enfermedades mentales, no deja  a nadie sano, todos somos enfermos, basta con que se repitan dos o más rutinas establecidas como rasgo definitorio y bueno, aparece la enfermedad, el trastorno o bien un deficit, se prohibe  estar triste porque se diagnosticará una bipolaridad, no se tiene posibilidad de ejercer acto humano porque todo ello está vigilado para ser clasificado.

Las formas de control se juegan por medio de instrumentos de medición, todos ellos distintos donde se juega el autoritarismo, en el nombre de la ciencia, de la religión, de la política, este autoritarismo ejercido desde el poder omnipotente, donde sus inscripciones controladoras en los sujetos se realizan con dispositivos de autoridad, no por nada el psicoanalista Jacques-Alain Miller llama a la autoridad “bioteológica”, asociando el Dios universal e impersonal de los filósofos a la ciencia.

Este biopoder centrado en el cientificismo como única autoridad, intenta regular el orden de la verdad sometiéndola a la dimensión del producto, la evidencia, lo cuantificable, pero esa verdad se opone a ser reducida al prejuicio del saber universitario,  que en el nombre de la universidad (como dispositivo de control) se acogen al positivismo cuyo soporte disciplinario y epistemológico es cuantitativo.

pag 3 veronica hernandez jacobo2Quien no se apegue a esa norma, la de ser regulado, es posible que sea judicializado, para que no oponga resistencia, el amo moderno usa esas y otras amenazas para corregir a aquellos que naveguen por otras corrientes que no se apegan a esos modos disciplinarios, lo mismo pasa con el orden Público.

La sociedad de rambo, llamada también, Estados Unidos, tienen un empuje compulsivo por empoderarse en la salud, pero que no sea una salud sana, sino perfecta, este delirio colectivo de la sociedad de rambo, ha dejado esa responsabilidad al sistema médico, donde el instrumento que corta, devuelve una imagen fascinante con un cuerpo donde Adonis queda corto en ese empuje obsesivo por la perfección.

Sin embargo, entre mas se ofertan sistemas de salud, se hace manifiesto más la enfermedad que el capitalismo genera, sabemos que el capitalismo siempre nos oferta lo nuevo, quedamos atrapados al goce de lo nuevo, y este se vuelve el poder que fascina, tener siempre el frescor de la juventud, es por eso que la investigación médica se enfoca en descubrir cómo no hacerse viejo, como mantenerse juvenil, donde el lema es ni vejez, ni dolor ni muerte, ni canas.

Lo anterior sería el ideal de un tipo de  ciencia actual que insistimos en cuestionar porque si por ese grupo de investigadores fuera, los que pertenecen a la ciencia hegemonica, no habría cabida para otros saberes porque según ellos no están centrados en lo que la gente quiere para ser “normales” y “exitosos” o como ahora dicen “emprendedores”, de ahí el poder sugestivo de esas demandas.

*Doctora en educación.

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