Nacional

José María Velasco. Referente indispensable del paisaje mexicano

Por domingo 30 de noviembre de 2014 Sin Comentarios

Por Alberto Ángel “El Cuervo”*

La visita per se al Museo Nacional de Arte, ahí en el llamado centro histórico de la Ciudad de México es toda una experiencia al sumergirnos por principio en el origen cuando se observan las ejecuciones de los integrantes de la escuela al aire libre de músicos y danzantes prehispánicos… Es un deleite ver el numeroso grupo de jóvenes, no tan jóvenes, maduros y más que maduros entrar casi en un ritmo hipnótico por medio del ritual dancístico heredado de nuestros ancestros. Inmediatamente después, la belleza del recinto, nos lleva de la mano a la magia elegantemente impactante de la antigua Ciudad de Los Palacios, según la nombrara el Teniente Charles Joseph La Trobe y que se adjudicara erróneamente al Barón Alexander Humbolt. Aunque este último vistió México mucho antes que La Trobe y fue declarado mexicano por nacionalización como reconocimiento a sus labores por parte del primer Presidente de México, Guadalupe Victoria y declarado Benemérito de la Patria por parte de Benito Juárez, lo cierto es que según nos dicen los enterados, la frase se le atribuye erróneamente al afamado Alexander Von Humbolt. En fin, meditando alrededor de todo lo anterior, entro a la magia del MUNAL como siempre pensando en el famoso caballito de Tolsá, que se encuentra a la entrada del bellísimo edificio mirando hacia el otrora colegio de Ingenieros… Actualmente, rodeado por andamios y mantas mientras terminan de reparar los daños vandálicos infringidos, permanece ahí como testigo de la época de tanta injusticia contra los antiguos soberanos del Anáhuac… El vandalismo contra la bella escultura, se dio como señalamiento del oprobio que simboliza la estatua al aplastar arreos indígenas por parte del caballo como la opresión de la raza por los conquistadores. Cabe señalar aquí, que la escultura de Tolsá se conserva por su valor estético, no por el valor intrínseco de la misma.

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—¿Credencial de estudiante…?
—Pues será de la vida solamente ya a estas alturas jajajaja
—Para nada, Maestro, usted es un estudioso empedernido y lo sabemos…
—Pues muchas gracias por el concepto en que me tiene… ¿Cuánto cuesta la entrada?
—Para usted es cortesía, Maestro. Lo único es que si va a tomar fotos ya sea con cámara o con el celular, la aportación es de cinco pesos…

Después de agradecer esa deferencia y las palabras de elogio a los compañeros de la entrada al museo, de inmediato pregunto por la sala que alberga la exposición temporal del afamado José María Velasco… Con una museografía muy adecuada, comienzo el viaje por los paisajes que inmortalizaran al celebérrimo pintor. “Territorio Ideal. José María Velasco, Perspectivas de Una Época”… Bajo este nombre, se presentan al público obras maravillosas de este y otros grandes artistas del paisaje en México.

La pregunta que surge de inmediato, es: ¿Dónde y de qué manera comienza la tradición o la costumbre paisajista en las artes mexicanas? Si hemos de ser justos, tendríamos que remontarnos a la época prehispánica. Según nos dice el Maestro Raúl F. Guerrero, miembro del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, el paisaje podemos observarlo en la pintura mexicana, desde tiempos remotos. Aunque, claro, habría que hacerse la diferenciación obligada en cuanto a la manera de tratar el paisaje comparado con pintores de la escuela de Velasco. Por principio, debemos considerar la pintura prehispánica como un arte básicamente dibujista, a base de líneas y no de volúmenes.

La pintura prehispánica está llena de colorido, no hay claroobscuro que coadyuve a la percepción de la masa, del volumen. Los elementos del paisaje se hacen presentes en muchas obras realizadas por nuestros antecesores. Pero tal vez, el paisaje en sí, se puede observar en el mural de Tepantitla. Si bien es cierto que este mural lleva una implicación religiosa al plasmar el Tlalocan, el paraíso de Tlaloc, los elementos que para ello se dibujan son básicamente paisajistas. Pero el paisaje como tal, comienza su auge con Maestros como Pelegrí Clavé I Roque quien impulsa en la Academia de San Carlos el paisajismo.

Aunque, según los críticos e historiadores del arte en México, sería Eugenio Landesio quien logra que el paisajismo llegue a su esplendor cuando instaura en la misma Academia la enseñanza del paisaje bajo la consideración de “Localidades” y sus subgéneros “Edificios exteriores, interiores y ruinas”. Así, a mediados del siglo XIX la presencia de edificios tipo conventos y demás, era la constante en las pinturas de panoramas o paisajes urbanos.  Si bien son Landesio y Pelegrí quienes instauran la técnica o la moda o gusto por el paisajismo en México, sería José María Velasco el paisajista mexicano por antonomasia y posteriormente otro gran pintor y vulcanólogo quien fuera su alumno: Gerardo Murillo quien firmaba sus obras con el pseudónimo de Dr. Atl que significa agua en Náhuatl. Es menester hacer referencia a la estructura pedagógica de la especialización de pajsajista que la Academia de San Carlos ofrecía según el diseño del programa hecho por el  fundador de la especialidad mencionada el Maestro Eugenio Landesio. Para estudiar paisajismo, se dividían las partes de la naturaleza que son o intentan ser reproducidas en la pintura, se llaman “Localidades”. Estas a su vez, se subdividían dependiendo de varios factores a los que se hiciera referencia en el trazo por parte del artista. Sí el cuadro, el paisaje, mostraba en la mayor parte del cuadro el cielo, el paisaje entonces caería dentro de los llamados celajes.

Éstos, a su vez, eran subdivididos según las características geográficas emotivas que el pintor plasmara en su obra. Quedaba entonces el paisajismo de celajes dentro de las consideraciones o géneros de tempestuosos, tranquilos y efecto de Luna. También dentro de los celajes, eran considerados algunos elementos tales como los distintos tipos de nubes y cómo lograrlos en el trazo. Así, se enseñaba la técnica adecuada para lograr pintar con el academicismo requerido, nubes que caían en las categorías de “cúmulus”, “stratus”, “nimbus” y “cirrus”.

También dentro de las “localidades” paisajistas, se consideraban las “Aguas”, que son las pinturas que manejan como elemento principal los diferentes paisajes en donde el agua está presente en cualquiera de sus formas naturales. De este modo nos encontramos con Mares, que pueden ser clasificados como Marinas Tranquilas y Marinas Tempestuosas. Dos géneros muy especializados. Asimismo, se tienen los géneros bajo la denominación de Lagos, Ríos y Cascadas. También los distintos tipos de navíos son considerados como géneros en la especialización de paisajista.

Pues José María Velasco, fue considerado como el alumno mayormente destacado de Eugenio Landesio y continuador de su labor pedagógica dentro del paisajismo en las artes pictóricas de nuestro país. 6 de Julio de 1840 es la fecha que puede leerse en su fe de bautismo para su nacimiento en Temascalcingo, Estado de México. Su nombre completo: José ustín.

Este evento, soluciona los problemas económicos del pintor y se dedica de lleno al paisajismo siempre minimizando la presencia de la figura humana en el paisaje. Para Velasco, el paisaje tenía su propia narrativa sin la necesidad de utilizar la figura humana como central. Así, vemos en sus cuadros figuras humanas que cruzan por el paisaje como uno más de los elementos y el foco, la historia, la temática en sí, está dada por el paisaje mismo.

María Tranquilino Francisco de Jesús Velasco y Gómez-Obregón de Velasco. La familia se traslada a la Ciudad de México donde José María comienza a realizar sus primeros estudios de dibujo en la Escuela de Bellas Artes. Esto lo llevaba a cabo en clases nocturnas ya que durante el día trabajaba vendiendo rebozos en una tienda de ropa.

Con gran dedicación y entereza, Velasco fue preparándose bajo la instrucción del célebre Eugenio Landesio. Con el tiempo, José María habría de tener a su cargo la clase de Perspectiva en su alma mater, la Academia de San Carlos.

La vida de Velasco se presentaba de manera tremendamente difícil desde el punto de vista económico. Y cuando Santiago Rebull regresa de Europa para retomar su labor en San Carlos, organiza junto con Landesio un concurso cuyo premio sería una pensión para el ganador.

Velasco se erige ganador con un paisaje interior, el Exconvento de San Ag Velasco se convierte en el pintor oficial de documentos históricos, didácticos, legales incluso en donde el paisaje hace constar. Pero además, el paisaje de Velasco es la nostalgia, el testimonio del devenir del tiempo.

En el paisaje de Velasco encontramos la posibilidad bellísima de sumergirnos en la memoria colectiva para trasladarnos lo mismo al paso de los primeros ferrocarriles que a la topografía completamente distinta del otrora límpido valle de México…

Anclarnos al paisaje por medio del trazo de José María Velasco, es poder llenar el alma de identidad territorial… Es encontrar la manera de viajar en el tiempo comprobando que los viajes de los grandes escritores de ciencia ficción se hacen posibles al estar frente a la obra de Velasco. Incluso en la pintura titulada “La Alameda de México” realizada en 1866, se hace posible tal dimensión mágica por el sólo paisaje no obstante que es una de las pocas obras donde la figura humana lleva el peso del protagonismo al plasmar un paseo a caballo de la Emperatriz Carlota… La próxima vez que vaya a la Alameda Central de la Ciudad de México, observe primero el cuadro de Velasco y comprobará que este gran artista es indiscutiblemente referente indispensable del paisaje mexicano.

*Cantante, compositor, escritor y pedagogo.

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