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CHICAGO Y EL MARIACHI

Por jueves 15 de octubre de 2015 Sin Comentarios

Por: Alberto Ángel “El Cuervo”

MARIACHI TEQUILAHacía muchos años que no visitaba esta ciudad… Siempre me pareció un rincón de México… con una población de aproximadamente 3 millones de habitantes, el 30% es de mexicanos. Pocas veces he degustado platillos tradicionales mexicanos como en esa fría ciudad del estado de Illinois en USA . Y es que es necesario hacer conciencia de que la población que originalmente migró a esas lejanas tierras, era de costumbres y tradiciones profundamente arraigadas. Junto con ellos llevaron el arte culinario en toda su expresión y pureza. De tal manera que es (o tal vez era) muy común encontrar con que en la casa de los mexicanos radicados en Chicago había metates, molcajetes y todo lo necesario para preparar las recetas deliciosas de la muy amplia gama de cocina mexicana de la manera más auténtica posible. Así, me tocó ver que en casa de Chano, un amigo a quien conocí desde mi primer viaje a cantar a esa ciudad, preparaban el mole poblano moliendo al metate las diferentes semillas y chiles infaltables en un buen mole. Las tortillas, de igual manera, eran preparadas a mano y hechas a partir de maíz también molido al metate resultando un sabor verdaderamente incomparable y difícilmente encontrado en cualquier restaurante de la república mexicana.

De la misma forma en que el arte culinario de México, se conservaba entre la población mexicana de Chicago, la emoción, la música, el orgullo y la intención cuando menos de conservar su identidad, siempre estuvieron presentes… Como olvidar aquellos lugares a los que en inglés nombran “ball rooms” en los que no faltaba cada fin de semana la música mexicana con los intérpretes representativos de la misma y que eran llevados desde nuestro país… Tito Guízar, Amalia Mendoza, Miguel Aceves, Magda Franco, Paco Michel, María Victoria, José Alfredo Jiménez, Lucha Villa y muchos muchos más… La gente fascinada abarrotaba esos enormes lugares donde después de la variedad se bailaba con orquestas mexicanas tales como la sonora Veracruz.

MARIACHI EL CUERVOLa calle 26 de Chicago, era un verdadero corredor tradicional de México. Claro, ahí entraban pocos “güeros”, no iban, les daba miedo y la cohesión social de los mexicanos se ponía de manifiesto en todo sentido incluyendo la violencia cuando así se requería para marcar y defender territorio… Los años pasaron… El tipo de emigrantes de México a la ciudad de los vientos, Chicago, fue cambiando… Como todo… Todo cambia, diría la siempre recordada y admirada Mercedes Sosa… Los primeros migrantes llegaron del campo de México, de las poblaciones más pequeñas en busca de trabajo, de subsistencia y al verse en tierras tan distintas y lejanas, se cohesionaron al grado casi de la fusión férrea que les defendiera de un ambiente tan extraño…

Después, los hijos de aquellos mexicanos temerosos del entorno, se fueron apropiando de otros ámbitos, por medio de la preparación, fueron abordando posiciones sociales distintas y así surgieron Abogados, Médicos y demás que sirvieran a la población mexicana radicada allá y que fueron estableciendo contactos que eslabonados los llevaron a formar parte de cámaras de comercio, puestos políticos municipales, etc. Y comenzó la migración de distintas ciudades de México, distintos estratos y ocupaciones… Y con ello, surgió la necesidad de llevar esa sed de identidad nacionalista al terreno conocido como cultural. Así, el barrio mexicano de la calle 26, antes respetado territorialmente y temido por la posibilidad de violencia, se convirtió en un corredor cultural de la tradición mexicana y latinoamericana en donde en la actualidad podemos contemplar galerías de arte, lugares donde se conserva y se promueve la música mexicana, eventos culturales constantes que le confieren a esta parte de la ciudad de Chicago, una dimensión distinta a la que tenía anteriormente.

Me viene necesariamente la imagen de la mítica ave Fénix que resurge de las cenizas… La razón de esta evocación al momento en que estoy escribiendo acerca de Chicago, es lógica. Esta ciudad, verdaderamente resurgió de las cenizas. Hace ya muchos años, en 1870 para ser más exactos, la señora Catherine O’Leary, nacida en Irlanda, llegó como inmigrante a la ciudad de Chicago. Ahí abrió una vaquería en la calle Dekoven. La señora O’Leary llevaba una vida tranquila cuidando de su establo. La noche del 8 de octubre de 1871, a un año de haber llegado a la ciudad, la señora O’Leary cuidaba sus vacas en el establo de su propiedad a las nueve de la noche. De pronto una de ellas, pateó una lámpara de petróleo con la que se alumbraba su dueña. De inmediato el incendio surgió y gracias a los vientos que son característicos de esa ciudad, se propagó de inmediato hacia las otras casas convirtióndose en un incendio incontrolable de magnitudes insospechadas. Fueron casi siete kilómetros cuadrados con los que el incendio arrastró. Más de 17 mil edificios fueron destruídos y cerca de cien mil personas se quedaron sin hogar. Se calcula que los daños económicos fueron de cerca de 200 millones de dólares de entonces.

mariachiLa vida de la señora O’Leary, obviamente se volvió tan infernal como el incendio causado por la vaca de su propiedad dado que la población entera descargó su ira y frustración sobre ella. Tan tristemente célebre fue el suceso, que incluso los Beach Boys, un grupo musical muy popular en Usa, lo menciona en la canción “Mrs. O’Leary’s Cow” (La vaca de la señora O’Leary). Muchos años después, un investigador de nombre Richard Bales obtuvo como resultado de sus investigaciones una verdad completamente distinta exonerando de culpa a la pobre mujer. El culpable en realidad fue Daniel Sullivan apodado el pata de palo. Él se metió a robar leche al establo de la señora O’Leary y fumaba su pipa mientras bebía la leche. Existen otras versiones acerca de la causa. Pero en la memoria de la gente, jamás pudo sustituirse la historia de la vaca que causó el incendio devastador. Pocos edificios quedaron en pie, dentro de ellos, hay un bello edificio que se convirtió en emblemático de la ciudad de Chicago: “La Water Tower” algo así como un cárcamo central distribuidor de agua para toda la ciudad.

Obviamente, al lado de este bello edificio, aprovechando la fama del mismo, se construyó otro al que normalmente acuden los turistas que lejos de buscar la cultura buscan el consumismo: Water Tower Place. El centro comercial que lleva este nombre, es uno de los más visitados por los turistas especialmente los turistas mexicanos que visitan la ciudad de los vientos. No es común que entren al edificio de la Water Tower original, en donde se encuentra una biblioteca pública hermosa y muy significativa en la vida de la ciudad. En la actualidad, la ciudad de Chicago muestra muchos edificios con un diseño bello y funcional que hacen de algunos de sus edificios, símbolos de la arquitectura de Chicago motivo de asombro de propios y extraños.

Uno de ellos sin duda es el bellísimo edificio del no menos emblemático periódico Chicago Tribune realizado por los arquitectos John Mead Howells y Raymond Hood. Fue justamente en este edificio donde Gisela Orozco, “gallera” de origen y a todo orgullo según lo manifiesta, me hiciera la entrevista para hablar acerca del significado del Festival del Mariachi y el Tequila un esfuerzo personal que hacen los hermanos Jesse y Othon Caballero para conservar y difundir nuestra cultura y nuestra música en la unión americana. Este festival, que vale la pena apoyar, se ha realizado ya durante cuatro años en la ciudad de Chicago. Participan varios grupos de mariachi que se encuentran trabajando en ese país vecino, así como también intérpretes cuya carrera ha sido hecha en USA .

MARIACHISEsta vez, Graciela Beltrán y jóvenes intérpretes de nuestra canción tradicional que comienzan su carrera y encuentran en el Festival un foro adecuado dado que organizan un concurso de cantantes cuyo premio es su participación en la gala que este año se llevó a cabo en el Horseshoe Casino, otro edificio emblemático de Chicago aunque en realidad ya no se encuentra en la ciudad. En realidad, es un edificio flotante porque cuando el casino inició, el juego era prohibido en los terrenos de Illinois y de Indiana y para sortear la ley, el casino era un barco que se anclaba a la orilla de donde actualmente está. Con el tiempo, lo remodelaron y apoyaron en pilotes sobre el lago Michigan.

El auditorio del casino, bello y gigantesco, fue el escenario para la emisión de este año del festival. El sonido impecable, las pantallas espectaculares, maravillosas, los mariachis participantes de una gran calidad pero lo más importante, la calidez de la gente. Tal vez, la añoranza por lo propio, por sus raíces y la verdadera música tradicional mexicana, les llevó a entregarse con tanto entusiasmo al grado de que con su aplauso interminable hinqué una rodilla agradeciendo su emoción. Gracias a todos los que asistieron (cerca de 3000 personas) gracias a todos los participantes, mariachis, intérpretes, técnicos, reporteros camarógrafos etc. Gracias a mis nuevos amigos y cómplices en la promoción de nuestra cultura tradicional mexicana los hermanos Jesse y Othón Caballero y su familia que me prodigó de afecto y atenciones.

Gracias nuevamente a Gisela por ese entusiasmo con el que defiende con su pluma el gran tesoro que los mexicanos tenemos en nuestra cultura y tradición. Seguiremos cada año enriqueciendo este festival que organiza “Myhabanero.com” sugestivo título de la asociación (Mi chile habanero). El próximo año, si usted va a Chicago por estas fechas, no deje de asistir a la fiesta del Mariachi y del Tequila además de ir de compras.

MARIACHI TEQUILA

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