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Educando forjarás la Patria, lema de la Escuela Normal de Sinaloa. MERCEDES (MERCEDITAS) GONZÁLEZ DÍAZ

Por jueves 15 de octubre de 2015 Sin Comentarios

MerceditasPor: Teodoso Navidad Salazar

Merceditas nació un 13 de octubre de 1915, en el puerto de Guaymas, Sonora. Fue tal vez uno de los años más convulsos en esa segunda década del siglo XX , en los que se debatió el país; el año del hambre. Ese año, precisamente, escaseó tanto el alimento que el movimiento armado que cimbró la geografía nacional, se convirtió en no pocas ocasiones en una serie actos de pillaje, de vil rapiña, por muchos de los grupos revolucionarios que abundaban por el país.

Merceditas, trajo en la sangre el amor por la educación; sus padres fueron maestros. Don Reinaldo González laboró en el ámbito educativo por espacio de sesenta y dos años; cuarenta de ellos como catedrático del Colegio Civil Rosales, además destacó como uno de los fundadores de la escuela Normal de Sinaloa, que durante algún tiempo dependió de la Universidad de Sinaloa. También participó en la creación de la escuela Rafael Ramírez y se desempeñó como catedrático de la escuela Prevocacional, de gratos recuerdos para muchos sinaloenses. De manera particular fundó el Instituto Sinaloense, donde Merceditas inició sus primeros estudios, culminándolos en 1927. En esa misma institución educativa, que como ha quedado dicho ya, era propiedad de su padre, cursó estudios de comercio y secundaria.

Con la idea de una educación preparatoria de mayor calidad y a la vez perfeccionar el idioma inglés, sus padres la enviaron a Los Ángeles, California, para estudiar en el Roosevelt High School. La joven Merceditas aprovechó su estancia en la Unión Americana para elevar sus estudios de piano, iniciados en Culiacán, y que practicaba desde la edad de seis años, gracias a su fino oído musical. Sus maestros habían sido Carlos Quintanilla, Enriqueta R. de Peiro y Josefa Unanué; mientras que en la Unión Americana lo fueron Macel Aid y la Señorita E. Sweet. Nuestra maestra tuvo una actividad docente muy intensa, cuando el gobierno empezó a interesarse en la educación preescolar. En los primeros jardines de niños creados en Culiacán, Merceditas se desempeñó como acompañante de piano, coros y canto, actividad que alternó con clases de este instrumento, en el colegio de su padre.

En el Colegio Sinaloa, participó como mentora de coros y juegos infantiles y canto. Su influencia fue importante, pues muchas alumnas suyas resultaron magníficas pianistas. Estas mismas actividades las desarrolló para beneplácito de los estudiantes en la escuela Normal de Sinaloa. Mantuvo un gran dominio sobre el idioma inglés y por ello sus cátedras eran muy demandadas en colegios públicos y particulares. Fue maestra de didáctica de la música en escuelas profesionales y asesora del programa Lira de oro. Su obra educativa es muy interesante. Participó como fundadora de la secundaria nocturna Francisca Núñez Cepeda Creó el curso, Al ritmo de la Danza.

En la escuela Normal de Sinaloa, fundó la estudiantina; de entre los mismos elementos que la conformaban, hizo una selección para conformar el trío, un grupo norteño, una rondalla y un grupo que se hacía acompañar con la marimba; estudiantina y esos grupos musicales eran muy demandados para que amenizaran los fines de cursos en las escuelas primarias, donde los estudiantes normalistas realizaban sus prácticas docentes. Fueron cientos de convivencias y verdaderas fiestas llenas de camaradería. De esas convivencias de alumnos, surgieron muchos noviazgos (siempre bajo su estricta vigilancia) y matrimonios posteriores a la titulación. Fue Merceditas una mujer multifacética. Todos estos conocimientos que sin egoísmo trasmitió a sus alumnos en la escuela Normal de Sinaloa, fueron determinantes en el proceso enseñanza aprendizaje de los nuevos docentes, que enfrentaron a los grupos ya en la práctica con magníficas herramientas didácticas. A la escuela Normal de Sinaloa llegó para impartir la cátedra de inglés, en 1951, pero la autoridades educativas en forma por demás acertada, a propuesta suya, le autorizaron la clase de música; actividad que alternaba con la materia de introducción al ritmo de la danza, en la escuela de Educadoras. La maestra Merceditas era una mujer de frágil figura. Su baja estatura no correspondía con su gran corazón. Su trato maternal, tanto en clase como en la vida cotidiana, fue siempre maternal; eso ganó el cariño de quienes fuimos sus alumnos. Sin duda le recordamos con su gesto siempre alegre; observábamos atentos sus ojos claros, cuando, al frente de la estudiantina y acordeón en mano, ensayábamos las novedades musicales del momento. Siempre atentos, veíamos las expresiones de su bello rostro, cuando satisfecha, mostraba la mejor de sus sonrisas por el resultado del ensayo y nosotros estallábamos en gritos de júbilo. Veíamos seriedad en sus finas facciones cuando algún despistado no daba el tono requerido y se descuadraba en la melodía, o cuando compañeros llegaban tarde a los ensayos vespertinos. Éramos un grupo entusiasta, llenos de vida, deseábamos dar lo mejor de sí, tanto en nuestros estudios como en la estudiantina, donde no cualquiera ingresaba, había que ver las calificaciones y con ello el visto bueno de Merceditas, nuestra maestra.

Por muchos años la estudiantina de la escuela Normal de Sinaloa, conformada por jóvenes inquietos ataviados de pantalón azul marino, camisa azul cielo y aquellas capas azules, prendidas de encendidos listones de múltiples colores, guitarras, mandolinas, acordeón, contrabajo y coros, continuó amenizando las fiestas cívicas y escolares, hasta que nuestra querida maestra Merceditas, en 1983, causó baja por jubilación. Después no supe que sucedió con esa agrupación musical de tan grato recuerdo.

Quienes formamos parte de la estudiantina durante los cuatro años de estancia en la carrera normalista, llevábamos serenata el 10 de mayo a la mayoría de nuestras madres, no sin antes pasar por casa de la maestra, por la calle Cristóbal Colón, y nos llenaba de regocijo, saber que nos había escuchado, cuando salía a la ventana, en bata de dormir, con la confianza que siempre nos tuvo, para agradecer el gesto y señalar que si alguna guitarra, no estaba bien afinada. La despedida era la misma de siempre: recomendarnos que tuviéramos cuidado, pues eran “altas horas de la noche”.

Tenía razón, nuestra querida maestra: eran “altas horas de la noche”; recuerdo que en ocasiones íbamos a la radio, todos desvelados pero con mucha emoción, dedicábamos al aire, nuestras melodías dedicadas a las mamás. Terminábamos a media mañana, en la casa de la madre de algún compañero que nos invitaba a desayunar, con los pies hinchados de tanto caminar, pero muy contentos; era cierto, era otro Culiacán; esa ciudad que perdió su calma y dio paso a cientos de colonias y fraccionamientos que se llevaron la tranquilidad citadina para siempre. Mi maestra causó baja por jubilación, porque el tiempo la alcanzó; se le agotó, más no sus deseos de seguir construyendo a favor de la educación de México. En su retiro recibió un sinnúmero de reconocimientos de sus alumnos y compañeros maestros, de los colegios donde desarrolló sus cátedras. El gobierno del estado le entregó la medalla al Mérito Magisterial Rafael Ramírez. La sociedad de alumnos de la escuela Normal de Sinaloa le otorgó medalla de oro; al cumplir los 25 años de servicio le fue entregada la medalla al Mérito Magisterial por la sociedad de padres de familia. Sus alumnos la recordamos como lo que fue: la maestra-madre o la madre -maestra, que educó en el arte de la música, y con ello “armó” a sus alumnos para que enseñaran a leer y a escribir, a través de la música; sin duda fue una mujer que supo entender los problemas de sus alumnos- hijos. Al cumplirse este 13 de octubre el primer centenario de su natalicio, La Voz del Norte, y quien esto escribe, hacemos un público reconocimiento a su amplia trayectoria, recordándole, con especial cariño.

* La Promesa, Eldorado, Sinaloa, octubre de 2015.
Sugerencias y comentarios a teodosonavidad@hotmail.com

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