Nacional

¡HAY! ASÍ NO…

Por domingo 15 de marzo de 2015 Sin Comentarios

Por: Verónica Hernández Jacobo

“Quizás hubo, quizás haya todavía en alguna parte (…) esa conjunción armoniosa entre el hombre y la mujer que los haría estar en el séptimo cielo, pero es de todos modos muy curioso que nunca se escuche hablar de eso más que desde afuera” (Lacan) El saber del psicoanalista.

 La experiencia psicoanalítica nos permite observar la mutación en la cual se desarrolla la sexualidad femenina, esa que Freud ubicará como un continente oscuro, ya que el goce femenino es el modo en como la mujer revoluciona su sexualidad, más allá del complejo de pene que para toda mujer eso-no-es-nada.

 Frente a las cosquillitas del desorgano viril, para no ofender a los lectores, la sexualidad femenina, aún sin saber muy claro qué es eso, lo vive ella como una exclamación, ¡hay… asi no!, es decir el goce es eso con lo cual cada una se acomoda a duras pen(e)as, ya que no hay relación sexual, con eso la sexualidad, y todo su discurso universitario le deben muchas explicaciones al goce femenino.

Freud hace muchos años se preguntó ¿qué quiere una mujer? El discurso capitalista le contestara a Freud: la mujer quiere dinero. Siguiendo la ruta de la feminidad, diré que la mujer oculta un goce que se encuentra más allá del goce fálico, es propiamente el goce femenino, es decir que el acto genital nada dice del goce femenino, eso es lo que la sexualidad nos sale debiendo como explicación universitaria. Mientras que para algunas, el goce fálico las domestica, a todas el goce femenino las enloquece esa es la gran diferencia.

Mientras que el hombre se reconoce por el goce, sobre todo porque ese goce del hombre, es muy pobre por cierto, ya que siempre aparece en el mismo sitio, el goce femenino se encuentra dislocado, deslocalizado, incluso donde menos se le espera, el goce femenino se inscribe como un indecible, mas del lado de lo real que del significante, incluso con derivas hacia lo homosexual, sin quedarse en ese lugar, que es también una posición reduccionista, el goce en femenino va mas allá, goce rebelde que acaso se asoma como acontecimiento del cuerpo para dejar de ser.

Se cree ilusoriamente que la mujer es el complemento del hombre, esto nos vene del discurso religioso, santificar las fiestas, donde infantilmente se creía que la mujer calzaba bien al hombre, como una aguja al hilo, pero Freud revela que la histérica desea al hombre solo a condición de que haya otra mujer de por medio, a la que se le atribuye el goce, es decir que una mujer solo ama a un hombre solo si este se feminiza para su goce, que no necesariamente es homosexual, ya que el goce trasciende esa limitación de elección de objeto gay.

El goce femenino es eso que no puede ser complementado por un hombre, no hay complemento entre goce fálico y goce femenino, por ello es que hombre y mujer sufrirán, por que nunca se complementarán, es por ello que se intentó taponar esa diferencia de los goces con los hijos, para ver si por esa vía se amarraban hombre y mujer y sí, los hijos cumplen una funcion disciplinaria. Por otro lado, como el goce fálico es insuficiente, este dará vida al síntoma, el síntoma en sentido psicoanalítico apunta al sujeto, pero a condición de dividirlo.

El síntoma es una satisfacción sustituta de lo imposible de colmar fálicamente entre sujetos, no hay concordancia entre los goces dirá Lacan, de hecho lo que marca al cuerpo es el goce, por ello cuando el sujeto tropieza con el goce ya nada será igual, el sujeto femenino navegará en ese continente oscuro donde Freud la colocó, para que un Otro nade en esas aguas turbulentas, y recupere ese cuerpo pero desde el poema, porque el goce femenino comienza en la abertura de esa piel que recorre el infinito de los bordes, donde cada litoral posibilita la apertura a otros goces, de goce en goce hasta la muerte.

*Doctora en Educación

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