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El universo o nada de Elena Poniatowska

Por domingo 19 de octubre de 2014 Sin Comentarios

Por Juan Diego González*

pag 5 Juan Diego González1La XXXIII Feria del Libro del Instituto Politécnico Nacional en Cajeme tuvo como una de las personalidades a la escritora y periodista Elena Poniatowska. Por gestiones de Irma Arana, Presidenta de la Asociación para las Bellas Artes, las actividades de la feria se engalanaron con la presencia de la ganadora del Premio Cervantes de Literatura 2013. El libro que fue presentado es la biografía del estrellero (así llamado por la autora) Guillermo Haro: “El universo o nada”. La señora Irma Arana tuvo la deferencia de proponerme que hiciera los comentarios y quedó en el programa el 12 de septiembre. Las siguientes son mis palabras en la presentación.

“En este mes de septiembre, llamado el mes patrio, cuando éramos niños nos pedían la biografía de Hidalgo, Morelos, doña Josefa Ortiz de Domínguez y varios más. Para salir del apuro, corríamos a la papelería a comprar estampitas de los héroes que nos dieron patria. En ninguna de ellas aparecía el nombre ni la imagen de Guillermo Haro. El trabajo de hormiga que hace un científico para engrandecer los horizontes del conocimiento es poco valorado.     Le doy las gracias a la señora Elena Poniatowska por regalarnos este libro sobre la vida de uno de los grandes científicos del Siglo XX. Porque precisamente eso es El universo o nada, la relatoría sobre los hechos más importantes en la vida de un mexicano que amó a su país como muy pocos. La biografía es uno de los géneros más conocidos en la literatura, pero también uno de los más rigurosos y estrictos. Sus orígenes podrían remontarse a La Ilíada, con los datos que nos arroja sobre la vida de Aquiles y Héctor, invasor y defensor, príncipes y guerreros. Pero es con Plutarco cuando la biografía empieza a depurarse. Su libro Vidas paralelas del siglo I d.C.,  presentó la pauta para esta forma particular de revisar la vida de un personaje.

La Biblia también tiene su aporte a la biografía, sobre todo cuando leemos los libros de Samuel, que nos cuenta la vida del pastorcito David, atrevido muchacho que cruzó el umbral del tiempo, cuando lanzó la piedra de río que se incrustó en la frente de Goliat, terrible guerrero de casi tres metros de altura. Y así podríamos llegar a las biografías de Stefan Zwieg, como las de Fouché y María Antonieta. Por supuesto Stendhal con su emblemática biografía de Napoleón. Los personajes que movieron la historia en su devenir y la cambiaron, para bien o para mal, son esta fuente recurrente para los escritores noveles o profesionales. Sin embargo, el escritor que hace una biografía, se debate incesantemente entre la objetividad de narrar los hechos y la subjetividad de enaltecer o denostar al biografiado. Este uno de los grandes méritos del presente libro. La autora nos muestra a la historia de un científico que en su niñez no era reconocido por su padre. En aquellos tiempos de la casa chica. Guillermo conocía a su papá sólo como el señor de los domingos.

pag 5 Juan Diego González2También nos explica cuando se quita modifica el nombre, porque originalmente su apellido era de Haro. Esta obra es una biografía de un connotado astrónomo pero al mismo tiempo, la biografía del México posrevolucionario, un México urgido de cambios, de educación, de industria, de progreso. La vida del sol, las estrellas, las galaxias, supernovas se entrelazan con las largas charlas entre Guillermo y sus amigos  Hugo Margáin, José Revueltas, Viktor Ambartsumian, Alejandro Cornejo. Sus enojos por la falta de apoyo a la ciencia y la educación. Su entusiasmo por hacer avanzar la astronomía y colocar a México a la altura de cualquier miembro de la American Astronomical Society.

El empuje para ayudar a fundar el Observatorio de Tonanzintla, el Observatorio de San Pedro Mártir en Baja California y el Observatorio en Cananea que lleva su nombre. Objetos celestes por él descubiertos también llevan su nombre. Para mí, ahora es imposible mirar las estrellas y no evocar el rostro inquisidor de Guillermo Haro.

El hombre que amo la ciencia y luchó por el desarrollo científico de México con fundaciones como el Instituto Nacional de Investigación Científica (que sería las bases del actual Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y después el Instituto Nacional Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE). Haro se ha ganado un lugar en la historia del mundo, pero también fue un hijo, un hermano, un padre, un esposo, un jefe estricto y un amigo. Cito la descripción que hace la autora en la página 376 (Seis Barral 2013), para entender un poquito la vida de este gran hombre:

Guillermo, antes de que tú aparecieras sobre la tierra para mirar el cielo, hablar de astrofísica en México era extravagante (…) Forjaste no solo la astronomía en nuestro país sino a un nuevo país, porque mujeres y hombres como tu cambian a su patria. De que fuiste un tipazo, tenemos todas las pruebas (…) Nunca buscaste los reflectores. Cuando pretendí entrevistarte en la Torre de Ciencias de la UNAM, advertiste con desprecio que los periodistas éramos unos destripados de todas las carreras, pero me vengué casándome contigo.

Muchas gracias al IPN, la Dirección de Cultura Municipal, Apalba y su presidenta, Irma Arana y sobre todo, a la escritora Elena Poniatowska por darnos a conocer la vida y obra de un ilustre mexicano.”

*Escritor y representante legal de los escritores Cajeme A.C.

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