Nacional

LA VOZ…: A Tres Años de “Los Tratados de Sanborns”

Por domingo 19 de mayo de 2013 Sin Comentarios

Por Miguel Angel Avilés Castro*

Nunca pensé que a estas alturas de mi vida iba ejercer el afamado oficio de papelerito. Lo empecé hace casi tres años en forma gratuita y ejerciéndolo he sido feliz. Tan bonita experiencia se la debo a La Voz del Norte, y desde luego a mi amigo Mario Arturo Ramos quien me invitó a participar en este proyecto.

En algunas de mis entregas les hablé de lo que he llamado “Los Tratados de Sanborns”, ese histórico acuerdo de voluntades que hubo en tan conocido restaurant de Hermosillo y que fue pactado, no con sangre sino con tazas de café, molletes y una cerveza entre el propio Mario Arturo, Eleazar Borquez “El Sheick” y yo mero, con el heroico objetivo de colaborar en este semanario y, por supuesto distribuirlo.

De eso a la fecha ya han pasado un buen número de noches en las que le robamos tiempo al tiempo para escribir las sandeces que envío, y también han pasado varias mañanas en que, con un altero de ejemplares bajo el brazo, llego al mercado municipal de la capital sonorense y me pongo a repartirles a los ahora asiduos lectores los cuales, si no se los doy, ellos me lo exigen como exigiendo su tequila, como exigiendo su mezcal.

Qué bueno: significa entonces que, como papelerito y celoso cumplidor de “Los Tratados de Sambors”, ahí la llevo. Puntualizo: ahí la llevamos, porque no falta quien me pida más de un ejemplar para repartir aquí o allá, a un amigo, a un tío, a un compañero de trabajo, al que ustedes quieran, no sin antes decirme “es que ya me lo pide” como quien me quiere decir, de algún modo también comprometido con el proyecto, que La Voz del Norte ha gustado y que aquellos no pierden oportunidad de leerlo cada vez que cae en su manos.

Entonces no sólo va de mano en mano en los cafés del mercado, sino también se espera cada semana en algunas oficinas, o en una dependencia municipal o en los estrados de un tribunal, o en un restaurant donde se deja de pasadita para que los comensales algo bueno que leer.

Puede que este también en la puerta de entrada de un centro de investigación o en una librería como suscripción sin precio para el que así la quiera o la propia universidad cuyos lectores no se rajan.

La voz de Norte ya pinta: se le busca y se le prefiere, el conquistado lector pregunta si ya llegó o si este papelerito trae consigo el más reciente número.

Esta preferencia tiene que ver, no sólo con mi sangrienta batalla por consolidar en esta ciudad el proyecto, una misión que, sin duda, un día habrá de ser recompensada con creces por la chequera de la fundación o la del mismísimo Mario Arturo por andarme metiendo en esto, sino, fundamentalmente, por los temas que aborda y cómo se abordan, cómo es que se pueden referir a un determinado punto geográfico, pero cómo a la vez, se vuelven universales, propios, cerquita del corazón del que los lee. Si se vale la afirmación, son temas muy regionales que por ende se universalizan.

Con La Voz del Norte entonces se interactúa y en esta interacción participan los escribidores y los lectores, los escribidores con escribidores, un lector con otro lector, o un lector que personaliza esa interacción con uno de los escribidores. No es trabalenguas ni acertijo: es el imperio de la palabra, el lenguaje, la comunicación, la lectura, el gozo.

Ándale: La voz del Norte en estos tres años ha sido eso: lectura y gozo, identidad y significado.

Historia propia y de todos.

*Lic. en Derecho, escritor y Premio del Libro Sonorense.

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