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La explicación del hombre en la unidad del tiempo

Por domingo 30 de octubre de 2011 Sin Comentarios

Por Iván Escoto Mora*

Cómo se puede entender al hombre?, es una pregunta que ha enajenado el pensamiento del género humano a lo largo de los siglos y las civilizaciones. No es secreto para nadie la condición múltiple en la existencia del hombre que expresa su ser en diversas maneras pero, ¿qué es lo que le dota de unidad, si es que alguna unidad detenta su construcción?

Eduardo Nicol, filósofo hispanomexicano (1907-1990) afirma en “La idea del hombre” que: “sólo es definible lo que posee formalidad real invariable”. Si el hombre es ser en movimiento, ser en transformación, quizá debemos hacernos a la idea de que resulta imposible definirle por completo, Heráclito dice: “ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río” porque todo cambia, así “somos y no somos”, nos transformamos, “el río está dentro de nosotros”, agrega TS. Eliot en “The dry salvages”, y como el río, el hombre es perpetua mudanza.

¿Habrá realmente algo en la existencia que sea inamovible? La naturaleza cambia sin parar, todo se transforma irrefrenablemente. Si la constante es el cambio, sólo en él es posible entender la naturaleza y al hombre.

En la unidad de la historia se entiende al hombre a través de sus cambios. Dar razón del hombre implica dar razón del ser histórico del hombre, de sus múltiples transformaciones en la unidad del tiempo. Atendiendo a los hechos del devenir, es posible interpretar el ser de las cosas (el hombre entre ellas) en el cúmulo de sus alternancias.

La perspectiva distante que permite el análisis histórico posibilita la aprehensión del conjunto de relaciones que determinan los cambios en el hombre y configuran su ser. ¿Será posible encontrar un orden de regularidad en la historia que permita explicar al hombre e incluso predecirlo?

Encontrar una ley que explique el devenir del ser es un anhelo que al tiempo perturba y se desea porque implica la cancelación de lo impredecible y aleatorio. De existir una ley que dirigiera el curso de la historia, haría pensar que todo, aún lo terrible en la existencia, tiene un sentido.

Si el hombre está determinado por la existencia de una ley de la historia, no podría actuar sino en respuesta a los mandatos de sus normas pero, si el hombre se encuentra sujeto al arbitrio de su voluntad, no es posible hablar de una ley histórica que lleve a la humanidad hacia un destino único y final. Por otro lado, si la historia no obedece a ninguna regla o ley, todo es posible en el devenir humano y no existe posibilidad de predicción cierta.

Para entender la complejidad del hombre, quizá lo más certero sería explicar el “ser” a través del “no-ser”, Nicol apunta: “cada hombre es lo que es según se relaciona con lo que él no es”.

La existencia es un conjunto de relaciones que se explican en interacción. Lo que el “ser” es, le caracteriza; lo que el “ser” no es, define la vaguedad de lo múltiple en todo lo que le es ajeno, es decir, limita la infinitud de las posibilidades a través de las imposibilidades. Conocer el “no-ser” es conocer lo otro, lo ausente en lo propio pero quizá posible para “otros”. Cada “ser” experimenta el mundo en diferentes maneras. Todos los seres están en condiciones de experimentar algo, de relacionarse con el mundo de alguna forma que al final, es siempre una forma humana y por tanto, común.

Entender las condiciones de posibilidad de la experiencia humana permite encontrar un punto de coincidencia en la diversidad. Nicol señala: “Donde quiera que esté, en el espacio y en el tiempo, el otro es comprensible por lo que hace: porque todo lo que puede hacer es siempre lo humanamente posible. En el fondo, hace lo mismo que nosotros aunque de manera distinta”.

Entender al hombre en sus complejidades y la historia en sus entuertos, es quizá una tarea que sólo puede resolverse bajo la óptica de la distancia que, en su sereno mirar, revela los fenómenos que para bien o para mal, no podrían ser de otra manera. Parafraseando a Voltaire en su cuento “Cándido”, podríamos decir que vivimos en el mejor y en el peor de los mundos posibles, en un mundo que, pese a todo, es el único en que podemos existir y tratar de encontrar algún sentido.

*Abogado y filósofo/UNAM.

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