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Doctor Luís Gonzaga de la Torre Tovar, a 88 años de su muerte

Por domingo 2 de octubre de 2011 2 Comentarios

Por Juan Manuel Véliz Fonseca*

El doctor Luís G. de la Torre Tovar era originario del estado de Durango, donde nació el 6 de mayo de 1861, y murió el 28 de julio de 1923 en la villa de Sinaloa. Sus padres fueron Luís de la Torre y doña María de Jesús Tovar. En el año de 1879, se traslada a la ciudad de México para estudiar en la Escuela Nacional de Medicina y el 6 de julio de 1886 presenta el examen profesional para obtener el titulo de médico internista. Procedente del estado de Durango llega a la villa de Sinaloa cabecera del distrito del mismo nombre el 15 de agosto de 1887, viene a combatir una epidemia de viruela que azotaba al centro minero de San José de Gracia. Por su eficacia como médico es llamado a combatir un brote de peste bubónica a la hacienda “La Constancia”, del distrito de El Fuerte. Enseguida es contratado por las empresas mineras que trabajaban en el distrito de Sinaloa como la Anglo-Mexicana Company, La Pirámide y la Purísima, ubicadas en San José de Gracia.

El 6 de noviembre de 1889, contrae matrimonio con Guadalupe Zevada Alcalde hija de don Juan C. Zevada y Guadalupe Alcalde, originarios de la villa de Sinaloa, la cual sería su compañera hasta el último día de su vida.

El doctor de la Torre era muy original por sus ideas, manías, su desaliño personal y su carácter distraído. Pero tenía algo muy importante, un don de gente grande, era una eminencia como médico internista. Su ojo clínico para observar y diagnosticar era infalible. Fue llamado por prestigiados médicos de la ciudad de México y de Guadalajara; hasta le llegaron ofrecer que fuera parte de una clínica en la capital del país, proposiciones muy atrayentes para que únicamente se ocupara de los diagnósticos y nunca aceptó.

Entabló gran amistad con el médico, político y poeta jalisciense Enrique González Martínez, con quien tenía jugadas de baraja y ajedrez y lecturas de poesía que duraban hasta horas de la madrugada, incluso el doctor de la Torre, en septiembre del año 1906, publicó un libro de poesías en los talleres gráficos del periódico la “Voz del Norte”, con domicilio en Mocorito, propiedad de don José Sabas de la Mora.

Del doctor se comentan varias anécdotas. Aquí varias de ellas:

La cala baza con leche

Un día llegaron a su consultorio unos esposos muy preocupados por su hija enferma quien contaba con escasos veinte años. Era una señorita de exuberantes formas y de exquisita belleza. Doctor—dijo la madre con el semblante angustiado—aquí le traemos a nuestra hija; desde hace algunos días no quiere comer y se la lleva vomite y vomite y con fuertes mareos. El doctor con sólo observarla detenidamente, les preguntó: ¿y que comió la señorita?- “sólo calabaza con leche”-respondieron sus padres. Antes de emitir su certero diagnóstico el doctor hizo su ultima reflexión acompañándolo con su sello característico e inconfundible; “Hhm, Hhm, Hhm…” emitía un sonido seco como aclarando internamente la voz, a la vez que tronaba suavemente sus dedos como afirmando la invariable conclusión que expresaba, y dijo muy seguro de sí. Ahora por si acaso, ya no había ninguna duda, la bella y graciosa joven desde hacia dos meses estaba embarazada.

Un gran masturbador

De un poblado vecino a Sinaloa acudió en busca del doctor un ranchero, con su hijo, un adolescente de semblante demacrado y ojos hundidos. El médico examinó al paciente, le abrió el parpado de un ojo valiéndose del índice y del pulgar; pasó enseguida el facultativo frente al mismo sujeto y, con su mugido y martillar de dedos, al fin prescribió: “amárrenle las manos y no lo dejen ir al monte sólo”; pues de quien se trataba era un émulo de Onán, el de la Biblia.

¿No sé qué tiene esa casa de Miguel Tarriba?

Despreocupado en grado sumo de todo aquello que no fuera en bien del prójimo, asistía diariamente, a la hora de tomar la copa, a la casa del conocido minero de la villa de Sinaloa don Miguel Tarriba, y ahí discutía largo y bonito con los demás contertulios. Cada copa que se le servía era invariablemente rechazada por él; no obstante, se le dejaba servida frente a su asiento. Cuando más acalorada estaba la discusión maquinalmente cogía la copa, se la bebía y seguía alegando. Así sucesivamente. Una vez más, terminada la reunión se alejaba el doctor calle arriba y entregado al circunloquio, entre el tronar de sus dedos y sus mugidos, para sí mismo se decía: ¿Qué tendrá la casa de Miguel Tarriba, que aunque no tome me emborracho?

En Rochester no hacen corazones

En cierta ocasión atendía a un cardíaco, a quien al final de cuentas desahució expresándoles así a los familiares más allegados del enfermo y haciéndoles ver que estaban gastando infructuosamente su dinero en la curación. Pero en su desesperación y en su lucha por salvar al enfermo, sus familiares decidieron llevarlo a Rochester. Y cuando el doctor se enteró, le dijo a uno de los allegados del paciente: “En Rochester no hacen corazones, ¡jum!, ¡jum!” El doctor estaba en lo cierto, ya que poco después el cardíaco regresaba a morir en su tierra.

¿Quién cierra la puerta?

Por allá en la época de la Revolución, en que todos los llamados “caciques” que eran, como es de suponerse, las personas mas prominentes de la Villa de Sinaloa, se hallaban fuera del Estado, el presidente municipal de dicha población, que según dicen era un individuo de no muy limpios antecedentes, le dijo al doctor de la Torre que iba encerrar a todos los sinvergüenzas robavacas y le preguntó entonces el doctor, con su mugido peculiar y su tronar de dedos: ¿Y quién cerrará la puerta?

Enrique González Martínez le llam ó “Un loco iluminado”

Escribió el poeta y político Enrique González Martínez “El Hombre del Búho”, después de la muerte de su colega un apunte exacto: “Yo conocí al doctor de la Torre, el tenía un verdugón en la frente, de lo que se la golpeaba. Cuándo se le alborotaban las ideas su aspecto era la de un loco iluminado, pero cuando se desenvolvía cerca de un enfermo se transformaba, no había nada oculto para él en la medicina”.

El fin del doctor de la Torre

El doctor de la Torre fue llevado a Nogales, Arizona, y el día 10 de julio de 1923 fue internado en el hospital de Saínt Joseph. Para el día 17 de julio de ese año se le practicó una operación quirúrgica, de la cual salió con vida, Ya después se le complico por el mal de Birgh que el doctor padecía. A causa de una neumonía falleció el día 28 de ese mismo mes.

Su cuerpo, una vez preparado, fue trasladado vía ferrocarril a Estación Verdura y después, acompañado por sus familiares y autoridades encabezadas por el presidente municipal don Alfonso Montoya Cota, hasta su domicilio de la villa de Sinaloa. El 1 de agosto fue llevado a la Iglesia de San Felipe y Santiago donde el padre Ismael Duarte le ofició la misa de cuerpo presente y una gran multitud de ricos y pobres lo acompañó con gran consternación pública al panteón municipal donde descansan sus restos para siempre.

*Profesor de la FCA / UAS. Sinaloa de Leyva.

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