Editorial

Editorial: N° 64

Por domingo 14 de agosto de 2011 Sin Comentarios

El presente incierto y el difuso futuro, plantean una ruta amenazadora que agobia la planeación razonable elaborada para lograr una vida mejor; logro al que aspira el pueblo y que cada vez le parece más lejano. Una posibilidad de sortear la tempestad producto de la violencia social que nos ha golpeado, es retomar nuestra identidad histórica como nación independiente y soberana, ideal que en los momentos de crisis ha sido el punto de unión de todos aquellos que más allá de intereses de grupo o personales, ponen su mejor esfuerzo al servicio de la mayoría que conforma físicamente el México eterno. El sociólogo E. Ubieta plantea que la “identidad es un hecho cultural resultado de un proceso nunca concluido de autorreconocimiento que expresa una realidad objetiva y subjetiva de carácter histórico”; el académico González Rey señala que “la identidad es un resultado subjetivo que pasa por sentimientos y emociones, formando un espacio donde nos expresamos, vemos y reconocemos emocionalmente”; por su parte la maestra brasileña Manuela Carneiro de Cunha nos obsequia su definición de identidad: “el término tanto personal como de un grupo, es un presupuesto metodológico, sin el cual sería imposible clasificar y entender los datos históricos.”

Bajo estos planteamientos es importante señalar los rasgos básicos de nuestra identidad histórica: El inicio de la lucha de Independencia; la declaración de José María Morelos y Pavón: “Los sentimientos de la nación”; la consumación de la Independencia nacional; La defensa de la Patria contra la invasión norteamericana; los ideales de los patriotas que dieron vida a la Reforma y el triunfo de la República sobre el 2º imperio y sus aliados conservadores, la Revolución Mexicana y la ideología magonista; El movimiento estudiantil de 1968 contra el autoritarismo; la búsqueda de la paz en el siglo XXI impulsada por la sociedad civil, la cultura latinoamericana, núcleo al que pertenecemos. Estos elementos son importantes por representar logros, paradigmas, los cuales junto a las utopías y los errores, forman la identidad histórica de los mexicanos, soporte y esencia de La Voz del Norte; nuestro semanario que sin ella no tendría razón de encontrarse en sus manos.

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