Nacional

La segunda muerte de un héroe mexicano

Por domingo 14 de agosto de 2011 Sin Comentarios

Por Álvaro Delgado*

Jugarretas de la historia: En la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de México, y del siglo de la Revolución, un buen número de mexicanos han tenido que protagonizar su propia gesta.

El objetivo: Impedir que la perfidia conservadora o la ignorancia del gobierno federal envíen a las catacumbas del olvido a un héroe clave en la lucha por la Independencia de México, Pedro Moreno, y con él una etapa fundamental de la historia insurgente.

Moreno, que da nombre a Lagos, municipio de los Altos de Jalisco –donde nació José Sabás de la Mora, fundador de La Voz del Norte–, fue el insurgente que, a la muerte de Miguel Hidalgo y luego de José María Morelos, tomó el mando de la lucha por la Independencia y la sostuvo mediante una estrategia de guerra de guerrillas.

Hacendado próspero, Moreno se unió a la lucha de Independencia que le arrebató a tres de sus hijos, asesinados por los realistas, y su hija menor, de dos años de edad, estuvo a punto de ser degollada por un cruel sacerdote al servicio de la Corona española, conocido como “El cura chicharronero” por su afición a hervir en aceite a sus víctimas.

Junto con parte de su familia resistió, sin agua y alimentos, el sitio que durante 20 días tendieron tropas españolas al Fuerte del Sombrero, el cuartel general de Pedro Moreno y Francisco Xavier Mina, el español que apoyó la causa insurgente.

Aunque pudo huir del Fuerte del Sombrero – donde fue capturada su esposa Rita Pérez, de gran herioismo también–, las tropas de Félix María Calleja –nada menos que el brigadier realista y virrey– lo sorprendieron en un rancho llamado El Venadito, cerca de la hacienda La Tlachiquera, en León, Guanajuato.

El 27 de octubre de 1817, cuatro años y medio después de levantarse en armas, Moreno fue muerto y decapitado: Su tronco y extremidades se sepultaron en La Tlachiquera y su cabeza fue enviada a Lagos –entonces llamada santa María de los Lagos– para que sirviera de escarmiento, y luego quedó resguardada en la iglesia de La Merced, ahí donde Carlos Salinas mandó colocar, en 1992, unos vitrales con su efigie.

Por eso al consumarse la Independencia, y cuando comenzaba a erigirse México como nación, el Congreso federal aprobó, el 19 de julio de 1823, el decreto número 106 para reconocer como beneméritos de la patria en grado heroico a 13 caudillos insurgentes: Hidalgo, Morelos, Pedro Moreno, Xavier Mina, Allende, Juan Aldama, Mariano Abasolo, Mariano Matamoros, Leonardo y Miguel Bravo, Hermenegildo Galeana, Mariano Jiménez y Víctor Rosales.

De hecho, de todos esos héroes cuyos restos reposan en el mausoleo ubicado bajo la Columna de la Independencia, Pedro Moreno es el único que murió peleando, espada en mano, y las esculturas sobre él así lo representan.

Pero esto ni nada le importó al gobierno de Felipe Calderón que, el 30 de mayo de 2010, en la exhumación que mandó hacer de los restos de los héroes patrios de la Columna de la Independencia para trasladarlos al Castillo de Chapultepec, para hacerles estudios, omitió los nombres de Pedro Moreno y Víctor Rosales, un zacatecano que murió a manos de los realistas en un municipio de Michoacán que lleva su apellido: Ario de Rosales.

La insolencia por la omisión del gobierno enfureció a los habitantes de Lagos de Moreno y se gestó un movimiento para exigir una rectificación. El ninguneo era inaceptable, sobre todo por la vasta evidencia documental para corroborar que sus restos llegaron al Ángel de la Independencia.

Conozco bien la historia de esta gesta de los laguenses, porque me ha tocado participar en ella como periodista: La publicación, en el semanario Proceso, de un reportaje sobre el ninguneo a Pedro Moreno sacudió la modorra de los historiadores de la Coordinación Ejecutiva de las Conmemoraciones de 2010, cuyo responsable, José Manuel Villalpando, me envió una extensa carta para negar el ninguneo:

“La figura histórica de Pedro Moreno tiene un lugar bien ganado, por méritos propios, en la historia de nuestra Independencia. No es función de ninguna autoridad reconocer o desconocer héroes de la patria. Éste es el caso de Pedro Moreno, héroe auténtico recordado no sólo por los jaliscienses, sino por todos los mexicanos, como uno de los protagonistas esenciales de las luchas insurgentes, particularmente en la región del Bajío, en los aciagos años posteriores a la muerte de José María Morelos y especialmente vinculado con otro gran personaje, que en ese tiempo vino a México a pelear por nuestra libertad: Xavier Mina”.

Le respondí que si era por él conocida toda la información que se presentó en el reportaje, tal como la transcribía en su extensa carta, entonces por qué no se incluyó a Pedro Moreno en el elenco de los héroes cuyos restos fueron exhumados de la Columna de la Independencia y trasladados al Castillo de Chapultepec, el 30 de mayo. “Ese es el fondo del asunto”, le dije.

Hace apenas unos días, el 30 de julio, se puso fin, aparentemente, al ninguneo oficial del que fue objeto Pedro Moreno –el héroe de la independencia que el gobierno de Calderón quiso que muriera otra vez–, cuando sus restos fueron trasladados al mausoleo de la Columna de la Independencia y en la entrada de la cripta se inscribió, en letras de bronce, su nombre.

Los laguenses, que desde el 12 de agosto podrán visitar el mausoleo –como todos los mexicanos–, podemos sentirnos orgullosos de haber participado en una hazaña, lógicamente menor a la que encabezó nuestro héroe, pero tenemos una razón más para festejar, el próximo año, los 450 años de la fundación de Lagos de Moreno…

*Periodista.

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