Estatal

Presencia Jesuita en Bamoa

Por domingo 13 de marzo de 2011 Un comentario

Para mi amigo y compañero politécnico
Luis E. Solano Meléndrez

Por Gilberto J. López Alanís*

A la llegada de los sacerdotes jesuitas Gonzalo de Ta­pia y Martín Pérez a la Provincia de Nuestra Señora de Cinaloa en 1591, con el propósito de evangelizar los pueblos del río Petatlán (hoy río Sinaloa), se asentaron a las orillas de la villa de San Felipe y Santiago de Sinaloa (hoy Sinaloa de Leyva). Después de largas e interesantes pláticas con los vecinos españoles, a los que se aunaron grupos indígenas y las familias mestizas, los dos operarios de la Compañía de Jesús acordaron que Gonzalo de Tapia evangelizaría hacia el norte y Martín Pérez hacia el sur del mismo río, a partir de la villa ya mencionada. En esas re­uniones se trazaron los primeros y rudimentarios mapas del norte de Sinaloa desde la sierra al mar.

Desde antes de la llegada de estos diferenciados márti­res jesuitas, los Bamoas mantuvieron relaciones con espa­ñoles, no podemos olvidar que en ese pueblo se asentaron un nutrido grupo de Nebomes que acompañaron al intré­pido Álvar Núñez Cabeza de Vaca desde las tierras altas de Chihuahua hasta quedarse asentados con los Bamoas sus parientes. Así que cuando en febrero de 1615, otro grupo de Nebomes del sur decidió por su fervor evangélico tras­ladarse a la Villa de San Felipe y Santiago, con el propósito de que se les organizara en pueblo de misión entre los Ba­moas, se consolidó esta migración nativa a las riberas del Petatlán.


La complicación que representó atender a 350 hombres con sus mujeres e hijos y un anciano ciego de 96 años, fue solucionado por el padre Diego de Guzmán, tratándolos con gran regocijo, con un solemne recibimiento donde no faltó la procesión de todos los cristianos, música arcos y flo­res. El festejo fue el 4 de febrero, en tal ocasión los cristia­nos viejos de Bamoa se disputaron el privilegio de albergar y acariciar a los recién llegados, mientras se acomodaban en las tierras que se les dieron.

Al día siguiente bautizaron a 115 niños, se les repartie­ron alimentos y el capitán les regaló a los cuatro caciques principales instrumentos de labranza, vestido español y es­pada, y a sus mujeres elegantes trajes; para el año siguien­te, llegaron otros 404 naturales. Fue tanto el éxito de este poblamiento jesuita con reparto de tierra, que para 1617, ya querían edificar iglesia e hicieron gestiones ante Andrés Pérez de Ribas en lo que nos se avanzó mucho, pero fue tanto el celo de conversión evangélica de los Nebomes que en 1619, recibieron la visita del padre Diego de Guzmán y le ofrecieron más de 500 niños para que los bautizase y tras de ellos se formaron 1,200 adultos para recibir tal gracia.

Estas incipientes noticias sobre el asentamiento indíge­na de Bamoa de documentado origen Pima en el cual sus parientes los nebomes encontraron refugio y solidaridad, ya nos dice lo interesante de la historia antigua de este pu­jante pueblo, que hoy apoyado en la organización ciudada­na Células Centenario lucha por establecer su casa de cultu­ra, donde seguramente se organizará un archivo histórico para que sus moradores tengan las fuentes de su identidad y fortalezcan su sentido de pertenencia a una localidad fun­damental en la historia colonial de Sinaloa.

* Director del Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa.

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