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Ignacio Ramírez “El Nigromante”

Por domingo 5 de septiembre de 2010 Sin Comentarios

Por Marta Lilia Bonilla Zazueta*

Ignacio Ramírez nació en San Mi­guel de Allende, Guanajuato, el 22 de junio de 1818. Hijo de don Lino Ramí­rez, miembro desta­cado del Partido Fe­deralista, formado para apoyar la Cons­titución de 1824. Es­tudió arte en el cole­gio de San Gregorio y posteriormente Jurisprudencia, has­ta concluir de modo sobresaliente la ca­rrera de abogado. También emprendió estudios de ciencias natu­rales, filosofía y teología escolástica. Se casó con Soledad Mateos en Toluca y procrearon cinco hijos.

En 1845 don Ignacio Ramírez hizo célebre el seudónimo de El Nigromante en las páginas del periódico liberal Don Simplicio, donde en el primer número censuró todas las constituciones que habían estado vigentes y abogó por una completa reforma políti­ca, religiosa y económica del país, luchó por la patria en la guerra contra la invasión norteamericana del 47.

Ignacio Ramírez El Nigromante, llegó a Sinaloa en 1852, fue Secretario General de Gobierno durante la administración de don Francisco de la Vega en el mismo año y en 1857 fue electo dipu­tado por Sinaloa al Congreso Constituyente y testigo presencial del triunfo de Antonio Rosales en la invasión francesa en Sinaloa, fundó el periódico El Precursor, del cual no se conocen ejemplares, se supo de su existencia por el crítico literario sinaloense Francisco Gómez Flores, que lo poseía.

En una de las memorables asambleas del Congreso Constitu­yente Mexicano, como representante por Sinaloa el licenciado Ramírez expuso algunos de los proyectos jurídicos de la primera Constitución Política del Estado de Sinaloa, decretada y sancio­nada en Culiacán el 12 de diciembre de 1831.

Esta ejemplar constitución sinaloense contenía preceptos bastante avanzados para la época como la expresa abolición de la esclavitud, el desconocimiento de títulos de nobleza y em­pleos hereditarios, hace la clasificación de los ciudadanos sina­loenses estableciendo sus derechos y obligaciones, protege los derechos naturales del hombre y su libertad, incluye el principio de no reelección a los gobernantes, instituye el fuero y la libertad de imprenta. En esta constitución hay atisbos de un liberalismo puro y adelantándose a las ideas políticas con que dieron origen a la carta magna de 1857 en su artículo lo expresa “Las manos muertas no pueden adquirir en el estado ninguna propiedad raíz”, estableciendo los principios para la separación de la juris­dicción eclesiástica y civil.

El Nigromante siempre repleto de energía, produjo expresio­nes que permiten valorar la hondura de sus convicciones dicien­do “El deseo de riqueza produce todos los males que agobian a los hombres… La economía política ha convertido en base social la propiedad, el capital y la riqueza. Sin embargo, aterrada por la consecuencia de esa proposición absoluta, y no pudiendo cerrar los ojos a la luz de algunas observaciones felices de los comunis­tas, ha explicado su principio, declarando que la propiedad más sagrada, que el primero de los capitales, que la riqueza positiva de una nación, es el trabajo… El hombre podrá servir como máquina, pero no es una máquina… La emancipación de los trabajadores trae consigo inevitablemente costumbres democráticas… Las naciones, lo mismo que los individuos, alcanzan su bienestar y su grandeza por medio del trabajo… La naturaleza modificada por el hombre; las fuerzas físicas dirigidas por las fuerzas intelectuales son la clave. La felicidad de una nación es igual al trabajo de los hombres que explotan su territorio. Los pueblos serían felices con sólo dar continua ocupación a todos sus habitantes”.

Ignacio Ramírez, celoso defensor de la soberanía de la Patria, de los derechos del hombre, de la libertad del trabajo, de la libre manifestación de las ideas, de la libertad de cultos y de prensa, tuvo intervenciones constantes en las discusiones del Congreso Constituyente para hacer realidades de aplicación positiva estos derechos, y era natural que así fuera, pues había alimentado su niñez con el ejemplo acrisolado de su padre, liberal radical, que había nutrido su inteligencia con todos los autores de la ilustra­ción.

Ignacio Ramírez El Nigromante. Orador parlamentario de talla extraordinaria, campeón poderoso de los derechos del hombre consignadas en la constitución de 1857. Como escritor fue el mejor prosista y alto poeta de su tiempo. Cada época tiene su escritor re­presentativo, y Ramírez es quien representa a las letras en la época de la Reforma al triunfo de la República. Nadie más alto que él, pues Ignacio Manuel Altamirano, con quien fundó el periódico La China­ca, ya célebre se complacía en llamarle mi maestro. La Secretaría de Fomento y Justicia publicó en dos volúmenes la obra dispersa de El Nigromante, poesía, discursos, artículos históricos y litera­rios, encontrada en periódicos revolucionarios. En la historia del Congreso Constituyente de don Francisco Zarco, Ignacio Ramírez ocupa un altísimo lugar como orador parlamentario y líder del ra­dicalismo, era de una conciencia libre, un hombre de buena fe, una voluntad indomable siempre al servicio de la humanidad, un pala­dín de la verdad y de la justicia que obraba siempre con rectitud, cayera quien cayera, su misión fue señalar la línea recta a todos los destinos humanos que le rodeaban, fue un periodista de combate, dio a conocer sus ideas siempre en forma valiente y persuasiva. Las páginas de Don Simplicio, La Chinaca, El Clamor Progresista y otros más llevaron a la luz pública con frecuencia las inquietudes de su espíritu. Intervino en la vida política del estado de Puebla, formó parte del gobierno de Juárez en Veracruz y luchó por el triunfo de la reforma. Fue Ministro de Fomento y Justicia y fundador de la Biblioteca Nacional de México, desempeñó el cargo de Magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Fundó los periódicos El Clarín, La Chinaca, La Insurrección, El Correo de México, El Mensa­jero y otros más, colaboró en el periódico La Estrella de Occidente y para la revista Científica y Literaria de México en la cual sus artículos de carácter literario e histórico causaron admiración.

Ignacio Ramírez El Nigromante, apóstol del positivismo mexi­cano, verdadero pionero en la reivindicación de los derechos de la ciudadanía, murió en la ciudad de México el día 15 de junio de 1879.

El estado de Sinaloa debe a esta destacada figura del liberalis­mo mexicano: lecciones valiosas sobre su derecho constitucional y descripciones emotivas de las encantadoras estampas de occiden­te, es por eso que el nombre de Ignacio Ramírez por instrucciones del general Gabriel Leyva Velázquez, Gobernador Constitucional del Estado de Sinaloa de 1956 a 1962, está inscrito con letras de oro en el Congreso del Estado.

Bibliografía consultada: Campos, Rubén M. “El mexicano ilustre Ignacio Ramírez”. En Rumbos Nuevos No. 8 de 1960. Olea Castaños, Héctor Rosendo “El Nigroman­te”. En Rumbos Nuevos No. 4 de 1960. Ramírez Fentanés, Luis. “Ignacio Ramírez”. En Rumbos Nuevos No. 8 de 1960. Enciclopedia de México tomo 12.

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