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OCTUBRE-DICIEMBRE DE 1855 CUERNAVACA CAPITAL DE LA REPÚBLICA JUAN ÁLVAREZ PRESIDENTE

Por sábado 31 de octubre de 2020 Sin Comentarios

CARLOS LAVÍN FIGUEROA

Mi abuela paterna, Fermina Oliveros, me narraba el parentesco de su padre Francisco Oliveros -mi bisabuelo- con el prócer Juan Álvarez.

Doña Fermina, y su padre Francisco Oliveros, nacieron en la Hacienda Santa María de la Providencia, Francisco, fue ahijado e hijo adoptivo del General Juan Álvarez “Benemérito de la Patria”.

En 1790 “El Benemérito” había nacido también en la Hacienda de la Providencia propiedad de su familia -hoy “Atoyac de Álvarez”- fue General de División, fundador y primer Gobernador del Estado de Guerrero, nombrado presidente de México durante su estadía en Cuernavaca. A lo largo de casi sesenta años participó en las cinco guerras del siglo XIX mexicano. Muy joven, militó en la insurgencia independentista de 1810, luchó contra la invasión norteamericana en 1846-48, fue iniciador de la Revolución de Ayutla en 1854, fue el primer Presidente de la Reforma con la que se reordena y refunda la nación mexicana después de la anarquía en que se encontraba el país luego de la Independencia, época en que hubo 36 periodos presidenciales en solo 34 años cuando se perdió más de la mitad del territorio mexicano, fue combatiente en la guerra de Reforma o Guerra de Tres Años.

Llegó a Cuernavaca el 1o de octubre de 1855,acompañado por sus dos hijos Diego y Francisco –padre de mi abueladonde se reunió con ilustres mexicanos, se hospedaron en el Mesón de Robles en el lado norte de calle Hidalgo esquina con Galeana, y aquí en Cuernavaca publicó su “Manifiesto a la Nación” el documento que desconoció a Santa Ana como presidente de México, y lo hizo en esta ciudad por haberse publicado aquí mismo el “Plan de Cuernavaca” que apoyaba al traidor quien había entregado gran parte del territorio nacional al país del norte. En ese mismo acto se nombró una Junta de Representantes que se instaló dónde ahora está el Colegio Santa Inés, lugar que donde en ese entonces estaba una plaza de toros y palenque de gallos. En este mismo sitio, el día 4 de octubre protestó como presidente de México y fue el primer presidente de la Reforma. Entre los días 7 y 12 recibió en Cuernavaca, que fue declarada capital de la República, al cuerpo diplomático acreditado en México quien lo reconoció como primer magistrado. Mantuvo la sede del Poder Ejecutivo Federal en esta ciudad hasta el 10 de diciembre fecha en que renunció al cargo; fue quien convocó al Congreso Constituyente de 1856-57.

Desde 1835 había lanzado un manifiesto en el que exponía sus ideas. Escribió un libro sobre el tema y otro donde analiza la condición del peón en los estados de Morelos y Guerrero. Su gobierno fue corto y brillante, logrando reunir a una generación excepcional: Ignacio Comonfort en el ministerio de Guerra, Melchor Ocampo en Relaciones Exteriores, Guillermo Prieto en Hacienda y Benito Juárez en Justicia, además de Ignacio Ramírez –El Nigromante- y Miguel Lerdo de Tejada. Álvarez sentía un profundo rechazo natural por la Ciudad de México, era ajeno a la vida urbana, y también por motivos de salud, luego de haber inculcado a su gabinete los principios de las Leyes de Reforma, decidió entregar el poder presidencial a Ignacio Comonfort y regresar a su hacienda, fue el verdadero artífice de La Reforma, continuada por Benito Juárez.

Murió en su hacienda de La Providencia, el 21 de agosto de 1867, poco tiempo después del triunfo sobre el Imperio de Maximiliano. El 27 de diciembre de 1922 sus restos fueron trasladados a la “Rotonda de los Hombres Ilustres” en Ciudad de México. Fue el último de los caudillos de la Independencia en morir. A iniciativa de Ignacio Manuel Altamirano, quien pronunció un elocuente discurso cuando su nombre se inscribió con letras de oro en el recinto de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, Juan Álvarez quedó consagrado como “Benemérito de la Patria”.

Me narraba mi abuela, que a fines del porfiriato, mi abuelo Carlos Lavín Aranda de 22 años y recién graduado como químico farmacéutico en Toluca, emigró de Cuernavaca a Acapulco a trabajar en una farmacia propiedad del doctor Antonio Huitrón, después fundaría una cadena de farmacias entre Iguala y Zihuatanejo. Mi abuela Fermina, me contaba con detalles de cómo había conocido a mi abuelo en un festejo de la Independencia en el Fuerte de San Diego de Acapulco, donde como nieta del prócer Juan Álvarez fue invitada de honor; su padre -mi bisabuelo- Francisco Oliveros fue ahijado de bautizo del héroe de cinco guerras, quien a la muerte de sus padres fue adoptado por el prócer a quien legó herencia cuyo documento original poseo, así como una medalla del prócer.

Francisco Oliveros creció junto con Diego Álvarez, su padre Juan Álvarez los llevó a estudiar a la Ciudad de México, siendo Diego ya gobernador del Estado de Guerrero, lo nombró Escribiente 1º de la Secretaría Particular del Gobernador, documento que también poseo el original fechado el 17 de julio en 1882.

Después de que Cuernavaca fue sitiada y desalojada totalmente de febrero de 1917 a diciembre de 1918 por órdenes de Carranza, don Carlos Lavín Aranda y su esposa Fermina Oliveros Giles, regresan a esta ciudad en los años veinte, Don Carlos, primero administra y después compra el Hotel Moctezuma que había sido cuartel de Zapata, vivieron en la Avenida Morelos, y finalmente en la Calle Matamoros, en 1930 sería designado Gobernador del Estado de Morelos por el Congreso de la Unión.

Video de Juan Álvarez https://youtu.be/REaLVhQHkeM

Historiador y cronista de Cuernavaca

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