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MICROBIOTA INTESTINAL: NO ESTAMOS SOLOS

Por sábado 31 de octubre de 2020 Sin Comentarios

SARA AVILÉS GAXIOLA

En el cuerpo, no solo se encuentran células humanas. También están presentes billones de microorganismos que incluyen bacterias. Estos organismos unicelulares, superan en número a las células humanas en una proporción de 10 a 1. Sin embargo, debido a su tamaño tan pequeño, los microorganismos constituyen únicamente del 1 al 3% de la masa corporal. Es decir, en un adulto con un peso de 75 kg, hasta 2.25 kg de su peso, corresponde a microorganismos. Al conjunto de estos microorganismos se le conoce como microbioma. Cada área del cuerpo humano, por ejemplo, la piel, la cavidad bucal, las vías respiratorias y el intestino, se caracterizan por una población bacteriana particular. Sin embargo, el microbioma que más ha captado la atención en los últimos años es el del intestino, al cual se le conoce como microbiota intestinal (1).

Tras estudios clínicos, se ha comprobado que el perfil de microorganismos que conforma el microbiota intestinal de cada ser humano influye en su estado de salud, ya sea positiva o negativamente. Diversos factores afectan la composición del microbiota intestinal. Por ejemplo, la edad, el consumo de antibióticos y principalmente la alimentación. Algunas enfermedades asociadas a una composición irregular de la microbiota, son el cáncer de colon e hígado, diabetes tipo 2, obesidad, ateroesclerosis, cirrosis, así como desórdenes autoinmunes (2).

En años anteriores, surgieron las siguientes preguntas asociadas a la microbiota intestinal: ¿Cuál es su función?, ¿Cuál es su composición ideal? Y ¿Qué alimentos benefician su balance? Estos cuestionamientos, han sido respondidos recientemente gracias a la gran cantidad de estudios en seres humanos. Las respuestas, a continuación.

Composición ideal de la microbiota intestinal

La composición de la microbiota intestinal, se define desde el inicio de la vida de un ser humano. Los bebés nacidos por partos naturales y alimentados con leche materna durante el primer año de vida, tienen principalmente las bacterias lactobacilos y bifidobacterias. Por otro lado, aquellos que llegan por cesárea y son alimentados con fórmula, tienen principalmente bacterias de los géneros Streptococcus y Propionibacterium. Los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium son considerados como idóneos para colonizar el tracto gastrointestinal, por lo que se alienta a las mujeres que tienen la posibilidad, a tener bebés por partos naturales y alimentarlos al menos durante su primer año de vida, con leche materna. La lactancia materna parece tener efectos a largo plazo sobre la microbiota intestinal, principalmente influyendo en el desarrollo de un sistema inmunológico fuerte del infante, el cual lo acompañará a lo largo de su vida (3).

La función de la microbiota intestinal

La microbiota intestinal juega un papel esencial para la salud de su huésped, regulando funciones metabólicas y “educando” al sistema inmunológico, previniendo la entrada de microorganismos patógenos. Por otro lado, estos microorganismos facilitan la digestión completa de los alimentos, permitiendo una correcta absorción de nutrientes, incluidas las vitaminas y los aminoácidos. Además, fermentan la fibra de los alimentos, favoreciendo la producción de ácidos grasos de cadena corta, los cuales promueven la desaparición de células anticancerígenas, ayudan a metabolizar la glucosa y disminuyen la concentración de colesterol en sangre.

Los lactobacilos, particularmente, ayudan a digerir la lactosa y previenen la aparición de intolerancia a esta molécula, aliviando síntomas como estreñimiento. Por otro lado, las bifidobacterias, regulan hormonas involucradas en suprimir el apetito y, por lo tanto, previenen la ingesta excesiva de alimentos.

La alteración de la composición del microbioma intestinal genera problemas de salud y en años recientes se ha encontrado que la presencia de lactobacilos y bifidobacterias se puede promover mediante la ingesta de diversos alimentos (4).

Alimentos que promueven la presencia de bacterias
benéficas en el intestino

La dieta humana es la principal fuente de energía para el crecimiento de estas bacterias. En particular, la fibra, puede modificar en gran medida la composición y función de la microbiota intestinal. Los microbios intestinales beneficiosos fermentan estas sustancias dietéticas no digeribles, las cuales son conocidas como prebióticos y obtienen de ellas su energía de supervivencia.

Los prebióticos juegan un papel importante en la salud humana. Los fructanos de tipo inulina son los prebióticos más comúnmente estudiados y utilizados y se encuentran principalmente en cebolla, puerro, achicoria, ajo, espárragos, plátano, frijoles y alcachofa (5).

La composición y función de la microbiota intestinal se configura desde la infancia, cuando el individuo es colonizado por bacterias, procesos que influyen fuertemente en la composición de la microbiota en la edad adulta. Sin embargo, poniendo atención en la frase “somos lo que comemos”, es importante tener en cuenta que la nutrición y la dieta pueden influir en esta composición. Los prebióticos antes mencionados, son sustratos que los microorganismos del huésped utilizan de forma selectiva y confieren un beneficio para la salud. Es recomendable incrementar su consumo, buscando incluirlos en la dieta lo más posible. Por otro lado, microorganismos benéficos como lactobacilos, han sido incluidos en la formulación de leches fermentadas que se encuentran en el mercado, permitiendo su consumo directo.

Bibliografía

1 Thursby, E., & Juge, N. (2017). Introduction to the human
gut microbiota. Biochemical Journal, 474(11), 1823-
1836.

2 Fan, Y., & Pedersen, O. (2020). Gut microbiota in
human metabolic health and disease. Nature Reviews
Microbiology, 1-17.

3 Lagier, J. C., Million, M., Hugon, P., Armougom, F., &
Raoult, D. (2012). Human gut microbiota: repertoire and
variations. Frontiers in cellular and infection microbiology,
2, 136

4 Sanders, M. E., Merenstein, D. J., Reid, G., Gibson, G.
R., & Rastall, R. A. (2019). Probiotics and prebiotics in
intestinal health and disease: from biology to the clinic.
Nature reviews Gastroenterology & hepatology, 16(10),
605-616.

5 Vandeputte, D., Falony, G., Vieira-Silva, S., Wang, J., Sailer, M., Theis, S., … & Raes, J. (2017). Prebiotic inulintype fructans induce specific changes in the human gut microbiota. Gut, 66(11), 1968-1974.

Estudiante del Doctorado en Ciencias
En el CIAD-CONACYT en Culiacán, Sin.

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