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HOMEOPATÍA, ANTECEDENTE HISTÓRICO

Por sábado 30 de junio de 2018 Sin Comentarios

ROGER LAFARGA

No basta el aseguramiento del individuo que es fugaz,
importa más el aseguramiento de la especie”
Dr. Higinio G. Pérez

GRECIA 460 a 370 a.c. Pitágoras de Cos, considerado el padre de la medicina occidental, llegó a la conclusión de que sólo hay solo maneras de tratar a un enfermo: A través de la Ley de contrarios:
contraria Contraris curantur, lo contrario se cura con lo contrario y que se basa en la premisa Sublata causa tollitur effectus (suprimida la causa cesará el efecto) administrando un remedio que actúa en oposición al síntoma de la enfermedas. Es el caso de los fármacos ALOPÁTICOS.
Mediante la Ley de semejanza, similitud o afinidad, basada en la premisa Similia similimus curantur, lo semejante se cura con lo semejante, donde se prescriben sustancias medicamentosas que actúan a favor del síntoma, desencadenando una reacción autocurativa. Es el caso de los medicamentos HOMEOPÁTICOS. En relación a esto anterior, Hipócrates, en el pasaje 42 de su Tratado sobre los lugares del hombre, menciona: los mismos elementos que producen la enfermedad, cuando se administran a los que están enfermos, los hacen sanar.
La misma sustancia que provoca retención de orina (estranguria) a quien no la tiene, la hace cesar en quien la padece.
Observa también que existe una tendencia natural hacia la recuperación cuando los sujetos enferman y que salvo excepciones, el organismo es capaz de limitar el daño de las enfermedades y regresar al bienestar, de esto deviene su enunciado: Natura morborum medicatrix, el mejor médico es la naturaleza. Luego, también Hipócrates consideró primordial, que cualquier tratamiento o medicación aplicada al paciente fuese segura y que por ningún motivo se debía poner en riesgo la integridad del paciente, enuncia entonces la frase: Primum non nocere: ante todo no dañar.

Todavía Hipócrates menciona el Vis medicatrix natura, como la fuerza curativa que es inherente a toda forma de vida, la Physis de los antiguos griegos. ALEMANIA 10 de abril 1755, nace Samuel Federico Christian Hahnemann, en Meissen Sajonia, poseedor de una inteligencia poco común, se vuelve políglota y estudioso de botánica, química, física y matemáticas, a los 14 años ya substituía a su maestro de griego en la enseñanza del idioma.
Convencido de que su vocación es la medicina, parte a estudiar a Leipzig, en 1775 y para sostenerse imparte clases particulares y traduce libros al alemán. Dos años permanece en Leipzig y parte a Viena, en pos de más y mejores conocimientos. Llegó a convertirse en un médico prestigiado y decoroso, pero la medicina de la época, con una práctica clínica ausente de bases científicas con tratamiento prescritos sin una ley orientadora, sin previsión ni carácter, una medicina que martirizaba al enfermo, donde violentos cáusticos, puntas de fuego y otras atrocidades eran tan comunes
como frecuentes. La prescripción de calomelanos (cloruro de mercurio), láudanos (extracto de opio, azafrán y vino blanco), sangrías, vomitivos, purgantes, astringentes y otras sustancias que antes de curar al paciente, cronificaban sus padecimientos, los agudizaban y terminaban con su vida, no era ambiente para un visionario de la medicina y Hahnemann, siempre entregado al estudio y a los trabajos literarios, profundamente desorientado en sus convicciones sobre la medicina que estudiara y tras la pérdida de uno de sus mejores amigos y además paciente suyo, sin haberlo podido curar con los fármacos heroicos a su alcance, abandona la profesión médica. Así, un día de 1787, prefiere despreciar honores y ganancias materiales antes que seguir ejerciendo un sistema tan falso como perjudicial y en plena consulta, anuncia a sus pacientes que abandona la práctica médica.
Abandonando las posiciones que ocupaba en la sociedad, como clínico, fue despreciado por los amigos, pero prefirió la miseria y el desprecio, antes que ejercer un arte que su conciencia repelía por ser errada y nociva a la humanidad. Paupérrimo, viviendo con su mujer y sus hijos en un cuarto, separado con una cortina del resto, en un rincón del aposento, hacía ahí su gabinete de estudio y trabajo. Entre las obras que tradujera, encontró la materia médica de William Cullen, médico escocés, que mencionaba ciertos efectos curativos de la corteza del árbol de la quina para fiebres que también podía producir en individuos sanos.
Esto detonó en el genio de Hahnemann una cascada interminable de investigaciones y experimentos sobre bases científicas que fue descubriendo hasta encontrar la Ley de curación que ya mencionaba Hipócrates de Cos 2000 años atrás.
La HOMEOPATÍA ingresaba a la historia.

*Homeopatía sinaloense/ IP

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