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DE LAS COSAS QUE YA CASI NO SE HABLA

Por jueves 30 de noviembre de 2017 Sin Comentarios

FAUSTINO LÓPEZ OSUNA

Eduardo Olivares Amores, gran divulgador de hechos históricos, nos dice que un día como hoy (18 de noviembre) pero de 1824, el Congreso de la Unión crea el Distrito Federal como residencia de los Poderes de la Federación y capital de la República Mexicana.

Esto ocurrió apenas tres años después de la proclamación de la Independencia Nacional, el mismo año de la promulgación de la primera Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y de la elección (también en 1824) del primer presidente de México, Guadalupe Victoria, sinaloense, sonorense y duranguense por nacimiento ocurrido aún en el virreinato, cuando los posteriores tres estados no eran tales, sino que conformaban la Nueva Vizcaya.

Pero la república emergente iba a ser sometida, primero, a bárbaras guerras de intervención, hasta arrancarle la mitad del territorio el yanqui salvaje, inventando, a modo, un Destino Manifiesto traducido en que América era para ellos, los americanos. Cuando en 1848 se firma el cese de su intervención a nuestro país, se quedó con el resto de nuestros despojos: ya no éramos ni la sombra de lo que fuimos. Carlos Fuentes da cuenta, con coraje y ternura a la vez, de cómo los connacionales de entonces, fueron a los panteones donde reposaban sus muertos y los desenterraron y se los trajeron a este lado de la frontera, como luctuoso homenaje a la propia tierra donde habían nacido. Luego, la alevosa intervención francesa para apuntalar la patraña de un inventado imperio mexicano endosado a la realeza austriaca en la persona de Maximiliano.

En otro orden de ideas, en relación a la tragicómica realidad que en estos momentos viven los Estados Unidos, con el racista antimexicano Ronald Trump como presidente, habría que recordar algunas cosas de las que tampoco ya nadie habla, como es el caso del trasfondo de la situación con Corea del Norte. Sin justificar el peligro que representa para la paz en el mundo el discurso belicista de su presidente o primer ministro, lo que está haciendo Norcorea es lo mismo que hicieron todos los miembros selectos del club atómico de la Tierra: EUA, Rusia, Francia, Inglaterra y China. Irán y la India no cuentan, pese a tener artefactos nucleares.

Y no cuentan porque no tienen el proyectil intercontinental para su movilización. ¿A quién le pidieron permiso los del club atómico para desarrollar la bomba atómica y la  tecnología para su probable utilización bélica? Lo mismo Corea del Norte. A nadie. Todos lo hacen por poder propio, e impedírselo por la fuerza, coloca al planeta al borde la tercera guerra mundial, que ya no sería convencional, como la Segunda, sino nuclear. ¿Y quién usó ya la liberación por fisión del átomo, contra la humanidad? Estados Unidos en Japón. Y, claro, sin consultar a los aliados (Rusia e Inglaterra). Lo que cambia de grado las cosas, es que en la geopolítica del imperialismo norteamericano, como lo bautizaron los socialistas, los Estados Unidos se posesionaron de Corea del Sur, en su mando y comando, para utilizarla contra la Corea comunista del Norte. Ese es el punto. Y ésta sabe que si no se arma atómicamente, puede ser fácilmente arrasada.

Mientras tanto, ¿qué dice a todo esto el Consejo de Seguridad de la ONU? Cuando eran cuatro, sin China, se daban el lujo de jugar al desarme. Cada año se reunían en algún país para anunciar que habían decidido destruir cierto por ciento de reservas nucleares y tan tan. Pekín, que así se llamaba antes Beigin, aunque ya había anunciado que había hecho ensayos nucleares, no contaba con el proyectil tipo Saturno (utilizado para colocar cargas extraterrestres) capaz de alcanzar cualquier punto en la tierra. Pero el día que China anunció que había iniciado su carrera espacial propia y había colocado un satélite de 200 gramos en el espacio extraterrestre, cambiaron dramáticamente las cosas.

China no pertenecía a la ONU por capricho de Estados Unidos (no se reconocía a más de 2 mil millones de seres, casi la tercera parte de la población total de la tierra). La burla con la que recibieron en Occidente la noticia de los 200 gramos del satélite chino, se les congeló, porque sabían que para poner esa bicoca en el espacio exterior se requería del cohete mencionado. Y al revuelo provocado, la ONU reconoció a la República Popular China (comunista, de Mao) para que perteneciera al Consejo de Seguridad, desde donde se la pudiera controlar.
¿Alguna vez se dará el caso de que también pertenezca a dicho Consejo Corea del Norte, pese a los berrinches del descabellado Trump?
Lo dicho: ya casi nadie habla de estas cosas.

*Economista y compositor

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