Nacional

La escritura y sus alrededores

Por jueves 30 de junio de 2016 Sin Comentarios

Por: Miguel Alberto Ochoa García

Hace tiempo di comienzo, junto a un querido amigo, Josué Camacho, a un proyecto llamado Página en Blanco que promovía la creación literaria; ahora, Página en Blanco es mucho más. De un proyecto que comenzó como una actividad en la presentación literaria de una antología donde Josué y yo fuimos incluidos, se ha convertido en una editorial, un grupo cultural y una iniciativa pedagógica que se mueve entre la endeble línea de lo artístico y lo educativo.

Josué Camacho y su servidor fuimos a varias escuelas a presentar la antología y platicar con los es-tudiantes, la mayoría era de preparatoria o secundaria. Nos empezamos a aburrir. Y, retomando actividades grupales de escritura automática (sorpresa) que nos enseñó la escritora Gilda Salinas, empezamos a promover no solo la escritura, sino también el pensamiento creativo. Por supuesto también la lectura.

Por medio de estas intervenciones, nos dimos cuenta que las personas ya tienen desde antes del de-sarrollo de su hábito lector, una ferviente necesidad por compartir, y expresar pensamientos y emociones. Por lo que decidimos desarrollar la idea de la Página en Blanco, usualmente conocida como adversaria de la creación, para tomarla como un objetivo claro a vencer. Pronto nos dimos cuenta que era más bien un reto, una oportunidad para comenzar de nuevo e identificar las características de un vacío para dedicarnos a llenar.

La idea creció, se valoró la idea de una editorial, de una revista, de muchas cosas. Nada se dio al principio. Sin embargo, fuimos invitados a dar un taller de creación literaria al Hospital Infantil de las California, donde Josué Camacho, Daniel Robledo, Cynthia Jaramillo y yo, impartimos un taller a niños con capa-cidades distintas. Se puede decir mucho, mas solo diré algo: todo lo que un infante puede decir a través del arte sorprende tanto al tallerista como al mismo niño. Y el que aprende y se humaniza más, usualmente es el tallerado, pese a ello, al que le sirve más, es al docente. La experiencia fue única.

Página en Blanco empezó a dar talleres gratuitos en las escuelas públicas para promover la creación, la escritura; fuimos a promover que encontraran su página en blanco y se pusieran a batallar con ella mediante un lápiz y un borrador. Luego empezamos a cobrar por algunos talleres en un recinto que la psicóloga Yanela García, mi madre, nos hacía el favor de prestarnos.

En uno de los talleres que empezamos impartir de manera privada, nació la idea del Perígrafo. Perígrafo significa: círculo de escritura. Y es, una especie de reunión mensual donde invitamos a distintos escri-tores con trayectoria y sin trayectoria a encontrarse para compartir textos suyos o de autoría ajena.

Nos fuimos reuniendo en cafés, en instituciones, en bibliotecas y en cualquier lugar, donde quiera que nos dieran espacio convocábamos a los amigos, a los escritores para convertir ese espacio de convivio normal a un punto de encuentro cultural. La página en blanco significaba comienzo, perígrafo significaba círculo de escritura, pero Página en Blanco, en mayúsculas, ya empezaba a transformarse en la idea o el na-cimiento de un grupo cultural cimentado. Es así como ahora trabajamos de la mano con talleristas que se sumaron a nuestras filas, entre ellos están Jazmín Lozada, Alondra Beaz y Sadrach Ceja, quienes confían en el grupo para compartir este nervio por la enseñanza y la literatura.

Nuestra última actividad fue en la XXXIV Feria del Libro Tijuana. Aprendimos muchísimo; de limita-ciones, de trabajar en equipo, de compartir el amor por escribir. Nos dimos cuenta que las instituciones culturales son un reflejo de la ciudad que las alberga. Impartimos más de 30 talleres ininterrumpidos donde lo principal fue platicar con niños y niñas sobre la creación, sobre compartir y de por qué, si cada quien tiene una historia qué contar, debemos aceptas las palabras que la vida nos dicta, para expresar el entramado personal y único que llevamos dentro. Una de las cosas que más compartimos es aceptar las condiciones que tenemos para escribir; si no tenemos mucho dinero, podemos escribir, si no tenemos ideas, también. Lo imparte es querer hacerlo, atrevernos a entrar en ese territorio inasible que es la página en blanco y aceptar su invitación.

Nos falta mucho por hacer, la página en blanco se hace grande, cada vez tenemos más alianzas y más colaboradores. Cuando compartimos nuestro entusiasmo por la escritura, el reto se acrecienta cual ola, eso nos anima. A veces nos da miedo, por consiguiente, nos mueve, nos motiva a reescribirnos.

* Director de Página en Blanco

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