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UN NOVATO EN LA RED

Por miércoles 15 de julio de 2015 Sin Comentarios

Por: Jaime Irizar

un novato en la redHace algunos años cuando andaba yo frisando los 56 años de edad, recuerdo muy bien que mis hijos me insistían hasta el cansancio para que me decidiera a entrar al mundo de la modernidad, específicamente en el área de la tecnología aplicada a la información y comunicación. A la fecha yo tenía un teléfono sencillo, con solo las funciones de hacer y recibir llamadas. No ocupaba más.

Mientras que el de la familia y amigos eran multifuncionales: Facebook, correo electrónico, WhatsApp, Instagram, cámara y muchas otras funciones más que ni siquiera recuerdo su nombre mucho menos el cómo emplearlas. Empecé a darme cuenta como los mensajes de texto y el WhatsApp iban invadiendo la privacidad de toda conversación familiar y como, poco a poco, me iba quedando rezagado y fuera de cancha a la hora de interactuar con mis más cercanos al cariño y al afecto.

Aunque soy un convencido de que es difícil que “chango viejo aprenda maroma nueva”, terminé por aceptar las sugerencias de hijos y amigos y compré un celular con más funciones que los Citicinemas. Grande y grata fue mi sorpresa inicial cuando en el uso del Facebook pude ver los múltiples y variados comentarios que hacían los usuarios consuetudinarios.

Los temas políticos, los de fe, amistad, de familia, de discriminación y abuso, en fin, acorde con lo que leí inicialmente, no había ninguna área de la vida que escapara a la crítica o al comentario, y no había tema social o político que no fuera tocado con agudeza por los Facebookeros. Pero lo que más me llamó la atención fue el constatar que aparecían con mucha frecuencia en los mensajes de amigos, familiares y conocidos míos, contenidos que eran en realidad atrevidos, revolucionarios, críticos, agudos y muy conceptuales.

Facetas todas que en mi trato personal nunca les conocí a la mayoría de ellos, ni tampoco recuerdo haberles escuchado decir algo que fuera más allá de los buenos días, ni nada que se saliera de las formas y buenas costumbres. Eran todo el tiempo ejemplos de mesura, timidez, pudor y prudencia, por señalar sólo algunos aspectos de su perfil real.

Todo esto para decirles que curioso fenómeno ha desencadenado el uso de las redes, pues les ha permitido a muchos dar rienda suelta, sin inhibición alguna, a sus potencialidades, pensamientos y sentimientos. Tras analizar el contraste entre los perfiles virtuales y reales que mostraban en las redes mis amigos y familiares, pensé inmediatamente que si algo se acercaba al concepto de libertad de expresión, seguramente estaba encerrado en esas funciones del aparato celular que me acababa de comprar, en el cual, sin cortapisas, la mayoría con nombres reales, otros, los menos valientes con pseudónimos, echaban al universo de la red todo lo que de otra manera no se hubieran atrevido a hacerlo con tanta libertad, al seno de sus relaciones cotidianas en su mundo real.

Recordé el pasaje de un cuento escuchado hace mucho, pero mucho tiempo, cuando cursaba la educación primaria, en el que se narra durante el desarrollo de la trama, que el peluquero de un rey, quien por obvias razones era el único de la comunidad que conocía un grave defecto físico del mismo, vivía una situación bastante estresante y complicada para él, pues estaba más que obligado (por amenazas de muerte) a guardar celosamente dicho secreto.

Pero siendo su personalidad tan mitotera y reconociendo que su pecho no podía almacenar secreto tan grande, optó para desahogarse y no complicarse más la vida, por cavar un hoyo en la tierra y gritar dentro de él lo que ya no podía guardar más: “el rey Midas tiene orejas de burro” (eufemismo puro y parábola tal vez alusiva a su forma de reinado), para luego taparlo, y aunque sea así, de esta curiosa manera pudo expresarse con libertad, y según él, seguir guardando a la vez en secreto su conocimiento y evitar ser sujeto por indiscreto, de alguna represalia por parte de los simpatizantes y lacayos del rey.

Según el cuento, sobre el suelo cavado crecieron unas cañas, mismas que al mecerse con el viento repetían textualmente el secreto enterrado; sobre las cañas se posaron unos pájaros que escucharon y replicaron muy bien también el mensaje de manera exacta y ya se podrán imaginar ustedes el mitotazo que se armó en el reino y el penoso desenlace para el peluquero y el rey del cuento. En la inmensa red de la comunicación actual, hoy se puede decir más que eso y sin tener miedo a reprimenda alguna. El internet es el hoyo cavado donde todos podemos decir algo que sentimos o pensamos.

En esa red todos somos peluqueros, cañas y pájaros, que no estamos obligados a guardar secretos y que replicamos sin temor alguno lo que nos duele. Replicamos para crear una nueva conciencia social, actos de corrupción y discriminación, abusos de autoridad, noticias, eventos culturales, frases conceptuosas y algunas no tanto, en fin, hoy por hoy, las redes, son el medio catártico por excelencia para expresar todo tipo de problemática social o personal. Al respecto, alabo la hombría de quien así procede, pero criticó severamente, a los que amparados en el cobarde anonimato que permite esta tecnología, se dañe, faltando a la verdad, la imagen o la reputación de jóvenes sin experiencia que son objeto de trampas y de la maledicencia cibernética.

En mi opinión, la verdad siempre debe de ser privilegiada, y no olvidar que todo adelanto tecnológico o científico, debería en principio servir para construir nuevas bases sociales, acabar con las malas prácticas que nos han conducido al hartazgo, consolidar los grandes cambios que requieren las mayorías, propiciar el fortalecimiento de las relaciones humanas y mejorar el tejido social tan dañado por la corrupción y la impunidad. Sin olvidar que estos adelantos deben propiciar el fortalecimiento de la convivencia en armonía e incidir con fuerza en la seguridad y el bienestar real de la sociedad en su conjunto.

De las redes sociales tendrá que surgir la unidad y la fuerza que no han podido construir los partidos, ni los espurios liderazgos actuales. En otro orden de ideas, este articulo lo inicié pensando en contarles la primera experiencia “non grata” en el uso del Facebook que tuvo un amigo y compañero de generación, pero me desvié un poco del tema. Retomándolo, les cuento que mi estimado amigo después de haber recibido de su hija las primeras lecciones de uso de este medio, se atrevió a publicar un mensaje que, lo recuerda muy bien, era en relación a la vida en familia y al amor.

Acto seguido se sentó inquieto y emocionado a la vez, a esperar comentarios y likes al respecto. Pero su sorpresa mayor fue, que el primer contacto que tuvo en ese medio, haya sido el de una mujer cuyo nombre le era más que familiar, quien le texteó lo siguiente: “oye Pedro, te me haces conocido, de casualidad tu no viviste en Guadalajara y estudiaste en la autónoma”. Esos dos sencillos renglones le cachetearon el alma y el ego, pues resulta que su interlocutora fue la primera persona que como mujer registró en su memoria.

“La primera en el mundo, me siguió contando, que hizo de su cuerpo adolescente toda una tormenta hormonal y quien fue, la que con sus caricias atrevidas le quitó la timidez y la inocencia también”.

Su carácter alegre y extrovertido, su proclividad a relacionarse con sus amigos de manera muy confianzuda, pero sobretodo más allá de sus expectativas conductuales, también le hizo que conociera el terrible diablo de los celos que aunado a sus prejuicios, contribuyo al fin, tras un semestre de intensa relación, de esa su primera experiencia romántica y sexual. Según me dijo, la alegría, el entusiasmo y la chispa vibrante propia de su juventud, la quería mi estimado amigo en exclusiva. En su mente imberbe, ella fue pasión, amor, intensidad y recuerdo doloroso por mucho tiempo. Su ego le repetía a cada rato que dada la magnitud de los momentos que vivieron juntos, él creía que ella también debería de haber sufrido mucho con la separación.

“¡Oh frustración!, externó con cierto dolor y nostalgia en su voz, cuan ilusos e inmaduros nos hace parecer el amor a veces, al creer en las correspondencias exactas al cariño otorgado. Por mucho tiempo recordé cada aroma de su cuerpo y cada parte de su hermosa anatomía que cubrí con mis besos. Yo le lloré en silencio muchas noches, me hizo saber, y ella ni siquiera fue para recordarme fielmente el día que vio por primera vez mi nombre completo en el Facebook.

Cachetada “guajolotera” a mi superego, aprendizaje valioso sobre la importancia de no sobrevalorarse. Realidad que duele. Ella dejó una huella importante en mis años tempranos; pero el montón de caricias apasionadas que le regalé, no le produjeron el más mínimo rasguño mental o sentimental”.

Finalmente me comentó que a decir verdad, él no se arrepiente de nada, pues mientras duró, igualmente disfrutó mucho de su compañía y de su amor ligero. Su rompimiento, además, le dio la oportunidad de encontrar y consolidar un amor más sólido y duradero, mismo que fue el cimiento mejor para construir una hermosa familia. Les sigo platicando, que él después de este leve shock, suspendió temporalmente su comunicación a través de las redes.

Duró un buen rato de luto cibernético. Medio en broma, medio en serio me dijo, que necesitaba un espacio para que su piel sensible se recuperara y para aprender que lo que haces y dices en público, directamente o a través de las redes sociales, seguramente puede traerte experiencias agradables o no, buenos o malos comentarios en relación a lo expresado, enseñanzas variadas, despertar solidaridades e integrarte finalmente a una comunidad virtual que tiene mucho por hacer en bien de su futuro y descendencia.

Reconoció por último que no le contestó a su amor de juventud. Con esta actitud tal vez descortés, enterró como el peluquero del cuento, ese capítulo de su vida. Yo que me estaba iniciando en ese entonces en el uso del Facebook, aprendí de esta curiosa anécdota, la primera y más importante lección: cuidado con lo que digas y hagas, son muchos los ojos que pueden estar pendientes de ti, y a no olvidar, que en una sociedad tan interactiva, el pasado siempre te puede alcanzar.

* Doctor y autor

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