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Pornografía

Por miércoles 15 de julio de 2015 Sin Comentarios

Por: Carlos Varela Nájera

pornografia“La pornografía consigue sostener al sujeto, funcionando como un antidepresivo, pero, por poco tiempo, ya que rápidamente lo vuelve a confrontar con el vacio, muchas veces con un agregado particular que no siempre es el mejor: la culpabilidad.

Es muy diferente a lo que ocurre frente al encuentro con el otro cuerpo que deja un saldo de plenitud y del placer por el acto consumado”. Jorge Chamorro. La porno. En Lacaniana no. 17.

Antes que nada la pornografía es una empresa muy redituable para quien ejerce ese practicable, algunas veces se viste con atuendos academicistas, cinematográficos, o bien se inscribe en actos perseguidos por el oscurantismo eclesiástico, pero la pornografía es sin lugar a dudas ese pasaje al acto que se hace acompañar desfantasmatizado o bien como lo aclara Jacques-Alain Miller el fantasma de cada sujeto filmado.

Aparece lo pornográfico en todos lados, en la tv, en el internet, hasta en nuestras propias casas con canales que sólo lo codificado del canal a veces nos salva, las películas pornográficas es un practicable que siempre repiten el mismo estribillo hasta el cansancio, hacen creer que es posible la relación sexual, ya Lacan nos viene a decir que eso no completa, no empareja, no hay paridad entre los sexos, aunque los sex-osos en sus congresos intenten hacerlo existir.

La pornografía sería lo que viene a burlarse del amor, entendiendo el amor tal como Lacan lo neologiza, como un muro entre hombre y mujer, y no sólo eso si el amor se jugaba en la intimidad, la pornografía es eso que muestra el coito a los ojos del otro, para generar una incitación, es decir se empieza a hacer citas.

El porno implica un empuje a acceder al otro por la via de la intrusión, de la penetración perpetua, o bien el frotamiento hacia el infinito. El psicoanálisis sabe que la sexualidad de todo sujeto entra por sus fantasmas, el acceso al porno seria en tanto una elección forzada por la urgencia pulsional, pero donde el fantasma se queda a la espera de ser patrocinado por un acto.

En esta misma lógica podemos decir que el fantasma de cada uno es necesario para establecer una gramática con mi cuerpo, en la pornografía esta gramática es acallada por el quejido, y el fantasma no permite circular por el cuerpo sino que es llamado a un acoplamiento ferreo de los órganos, metiéndose todo el cuerpo y dejando en espera al fantasma, esta repetición hasta el cansancio genera en los sujetos adicciones.

La adicción a la pornografía transforma al adicto a lo que Lacan llamo goce del idiota, que es otro modo de conocer a la masturbación. Así nos encontramos con películas: Hagamos una porno, donde dos amigos en una Facultad, tienen demasiadas deudas y necesitan ganar dinero, deciden desarrollar una “pujante” empresa, grabando cine porno, y bueno, lo que se observa en esta cinta, es el intento de hacer pasar una práctica pornográfica, al mero sentido común para que sea aceptado por todos sin objetar ese practicable.

Existe en el acto pornográfico una oscura voluntad, que es un tanto el reverso de la voluntad del goce, en Kant con Sade, esa oscura voluntad donde la transgresión, la tensión del órgano casi hasta desfallecer, hace creer que de esa manera el sujeto escapó de la castración y no necesariamente es asi, la búsqueda frenética del máximo placer en los sujetos, donde se cree alcanzar el placer total, por lo menos eso es lo que nos lanza a nuestra mirada la película porno, coloca al sujeto en una repetición constante haciendo de la visualización del porno, un querer alcanzar el goce último que siempre ira acompañado con la muerte o bien “la plenitud plena” que es un modo de presentificar la muerte.

En este sentido Jacques –Alain Miller menciona que la pornografía es el síntoma de nuestro tiempo, en términos freudianos estaríamos hablando de malestar cultural, ya que este autor menciona que la pornografía es el cero de sentido, la vacuidad semántica que alcanza la furia copulatoria pornográfica lo que sostiene la articulación de esa muerte más fría y más insulsa, y sin otra significación que la de cortar una cabeza de col o la de beber un vaso de agua, estas alocuciones las desarrolla en su artículo a propósito del encuentro en Brasil 2016, sobre el cuerpo hablante, que él nombra como lo inconsciente y el cuerpo hablante, alla estaremos con Jacques-Alain Miller.

* Licenciado en Psicología y Doctor en Educación
Profesor e Investigador

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