Nacional

Vicente Guerrero, El Traicionado, A 233 Años de su Nacimiento (II)

Por sábado 28 de febrero de 2015 Sin Comentarios

¿Quién es ese hombre tranquilo, sencillo como un sendero, valiente como ninguno?
(Neruda, a Bernardo O´Higgins)

Por Faustino López Osuna*

Retrospectivamente, en 1818, por su ague­rrida y brillante trayectoria revolucionaria, Vicente Guerrero es nombrado General en Jefe de los ejércitos del Sur, por el remanente del Congreso de Chilpancin­go (la Junta de Jaujilla), lo cual sería ratificado por la Junta Subalterna, otorgándole “toda la autoridad y el mando” de las milicias insurgentes. Guerrero inicia un proceso de envíos de cartas a los realistas a cargo de combatirlo, invitándolos a que se sumen a la causa insurgente para alcanzar así la independencia, reci­biendo contra invitaciones a rendirse, a algún indulto o a un alto puesto en el gobierno realista, que rechazó siempre.

El 9 de noviembre de 1820, renuncia el Coro­nel Gabriel de Armijo como jefe de las fuerzas realis­tas del sur y es reemplazado por Agustín de Iturbide, a propuesta del grupo de la Conspiración de la Profesa. (Éstos secretamente pretendían también la indepen­dencia, pero aspiraban a crear una monarquía mexi­cana gobernada por un Infante de España, restaurar el absolutismo y abolir la Constitución de Cádiz, ya que era de corte liberal y quitaba privilegios a la clase aco­modada y a la nobleza novohispana concediendo algu­nos derechos a la población civil).

La historia colocaba, así, frente a frente, a Guerrero e Iturbide, con concepciones diametral­mente opuestas, más que en los medios, en los fines o en el tipo de gobierno. La aspiración masónica de Libertad, Igualdad, Fraternidad antimonárquica de Guerrero, contra la aspiración absolutista de Iturbide. Para gloria de México, en Vicente Guerrero recayó fi­nalmente la disyuntiva del triunfo o la derrota de una nación liberal, encabezando militarmente al pueblo y enfrentándose heroicamente a un Agustín de Iturbide con todo el poderío del virreinato, pues reunió bajo su mando al batallón realista de la Comandancia del Sur, el cual comprendía el Batallón del Sur, el regimiento de Potosí, los escuadrones de Isabel, los Infantes de la Corona, el Batallón de Murcia y el Batallón de tres villas. Igualmente, a petición del propio Iturbide, se le unieron también los regimientos de Celaya y el cuerpo de caballería de la Frontera.

Nada menos. Y a todos ellos derrotó en las primeras batallas el genio militar de Guerrero, impul­sando a los bravos insurgentes a la victoria. La nego­ciación por la independencia fue, por primera y última vez, de tu a tu, desde una posición liberal de fuerza inquebrantable. El Estandarte del Regimiento de San Fernando, antes enarbolado por José María Morelos y Pavón, continuó izado al viento de la libertad, por Guerrero.

A este relato le falta agregar el nombre, no menos glorioso, de Pedro Ascencio de Alquisiras, bra­zo derecho de Vicente Guerrero, con quien libró bata­llas decisivas contra los realistas y con quien continuó manteniendo su foco de insurrección en la suriana zona montañosa del estado que hoy lleva su nombre, para quebranto del Imperio Español. El 28 de diciem­bre de 1820, Ascencio de Alquisiras destruye la reta­guardia del ejército de Iturbide, daña fuertemente una de sus alas y dispersa su centro.

El 2 de enero, Guerrero rompe el Sitio de Za­potepec, corta la línea realista y destroza al batallón realista del Sur. El 25 de enero Ascencio de Alquisiras vuelve a derrotar a Iturbide cerca de Totomaloya. Dos días después, el 27 de enero, Guerrero propina otra fuerte derrota a los realistas cerca de la “Cueva del Diablo”, tras una dura batalla que se prolonga todo el día. Estos combates fueron los últimos de la Guerra de Independencia, pues Iturbide, al darse cuenta que no puede derrotar a Guerrero, le propone entrevistarse con él.

Obsesionado en sus ideas absolutistas, Iturbi­de propone a Guerrero una alianza para lograr que algún miembro de la nobleza española llegase a go­bernar a la Nueva España como monarca, prometién­dole a Guerrero posición y soporte económico para él y sus tropas o, de no aceptar, advirtiéndole que se incrementarían las hostilidades hacia los insurgentes surianos.

Guerrero le rechaza su propuesta, pero le pro­pone una alianza a favor de la libertad, la justicia social y un gobierno mexicano dirigido por los “hijos de la patria”, prometiendo a Iturbide cesar las hostilidades y poner su ejército a sus órdenes para tal fin. Guerrero argumenta a Iturbide la desconsideración, prepoten­cia y represalias por parte del gobierno español hacia los ciudadanos de la Nueva España, cuando éstos, a través de sus representantes, pidieron garantías de igualdad y reconocimiento a sus derechos civiles.

Además, le recuerda a Iturbide que es tam­bién su obligación velar por el bienestar de sus conciu­dadanos, puesto que siendo americano (no ciudada­no español) conocía de sobra las injusticias hacia sus compatriotas. Finalmente, Guerrero señala a Iturbide que contando los novohispanos con la fuerza y el valor suficiente para hacer valer sus derechos y gobernar­se a sí mismos, al igual que los otros pueblos libres y nobles del mundo, sería una vergüenza someterse a otros suplicando que se los respetasen como un gesto de magnanimidad, por lo que advierte a Iturbide que en caso de una negativa de su parte, él y los insurgen­tes a su cargo tenían la capacidad de continuar con la lucha hasta obtener la victoria y que entonces, cual­quier otro asunto lo discutirían en el campo de batalla.

Iturbide acepta la propuesta de Guerrero (dando paso al ya citado Abrazo de Acatempan, el 10 de febrero de 1821), pero persistirá, hasta su fracaso, en una monar­quía mexicana.

*Economista y compositor.

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