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Lo racional y lo emotivo en la idea de Dios

Por domingo 14 de diciembre de 2014 Sin Comentarios

Por Sofía Mireles Gavito*

pag 10 sofia mireles1El ensayo que hace Rudolf Otto de LO SANTO es un estudio fenomenológico sobre el hecho de la religión. Basándose en un análisis sobre las experiencias religiosas y los datos históricos hace una división del fenómeno histórico en dos elementos: el elemento irracional y el elemento racional.

El elemento irracional es la oscura profundidad de los sentimientos, de lo inconsciente, de todo lo emotivo que no se puede expresar por conceptos definibles y sólo mediante los ideogramas interpretativos puede aludirse a ella. Los enunciados ideográficos no sólo están sobre nuestra razón, sino en parte contra nuestra razón; es decir, son paradójicos. En lo numinoso no debemos contentarnos con señalar su irracionalidad, sino debemos fijar su designación ideográfica lo más exacta posible para así afianzarla para siempre, llegando así a una explicación unívoca y universalmente válida, y construyendo una teoría fija de lo numinoso con pretensión de validez objetiva.

El elemento racional de lo divino es lo que puede expresarse y definirse por medio de conceptos claros. Lo divino visto desde la razón es el Sumo Bien, el ser omnipotente, justo, amoroso, misericordioso y omnisapiente. Es decir, vemos a Dios con los atributos humanos pero dándole el valor de lo absoluto, de lo perfecto.

Nos dice Otto que la religión a través de la historia ha tenido una evolución desde las religiones primitivas con dominio del elemento irracional hasta la religión cristiana que según él es la más perfecta por tener mayor grado de racionalidad que las otras, es decir, dispone de conceptos de eminente claridad, transparencia y plenitud.(Otto,1980:10).

En la religión premosaica predomina el Jahveh severo, predomina lo numinoso sobre lo capítulo XXXVIII del libro de Job, éste pleitea con sus amigos contra Jahveh y sostiene frente a ellos su causa. Estos se callan ante esto, pero aparece el propio Jahveh para defenderse, con lo cual Job queda vencido, pero no es un vencimiento forzado sino es una distención de su tormento espiritual y un apaciguamiento. Y el elemento que produce tal efecto en Job es el misterio en su forma pura e irracional, tanto en la forma de mirum, como en la forma de paradoja.

Dios se presenta Job con “carácter estupefaciente, casi demoníaco, ininteligible y enigmático del eterno poder creador, su incalculabilidad, su absoluta heterogeneidad, que se mofa de todos los conceptos, y que, a pesar de ello, fascina y mueve el ánimo en toda su hondura” (Otto, 1980:115) Este Dios irracional recalca el dios vivo, el Dios que se encoleriza y ama, es un Dios totalmente distinto del Dios filosófico de razón universal. Más hay que hacer una aclaración, este dios vivo no es un antropomorfismo como generalmente se confunde, sino que son denominaciones ideogramáticas de algo irracional, a manera de símbolos indicadores del sentimiento. (Otto,1980:111).

Con Moisés comienza la religión racional, Jahveh ya es más patriarcal y familiar. La religión no es sólo temor, sino un código moral. Con él, el proceso de moralización y racionalización de lo numinoso se inicia y se perfecciona en las profecías y en los evangelios. Más esta racionalización no implica superación de lo irracional, sino salir de su predominio exclusivo.

La racionalización de la religión se consuma y alcanza su más alto desarrollo en el evangelio de Jesús, cuando el amor ocupa el lugar más importante de su religión. En este estadio, Dios no sólo es justo y manifiesta su enojo con cólera; sino que este Dios ya perdona y muere por los hombres. Así tenemos, que dios por su amor al hombre se hace hombre y al morir le dice a Dios padre: “Perdónalos, que no saben lo que hacen”.

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La religión cristiana ha sufrido a través de la historia, transformaciones y en ellas algunas veces domina el aspecto irracional y en otras el aspecto racional. En los místicos, en San Francisco de Asís y en los movimientos de huida del mundo a los monasterios y ermitas se da más importancia al aspecto irracional de la religión; más a partir de la sistematización de Santo Tomás la religión católica ha recalcado el aspecto racional de lo santo, olvidándose muchas veces del sentimiento numinoso que es la base de la religión. Nos dice Otto que tan malo es que domine un aspecto como el otro, lo mejor es buscar un equilibrio entre ellos. Un ejemplo de religión dominada por el aspecto irracional es el islamismo.

En la historia del cristianismo, el dominio del platonismo es el dominio de los elementos irracionales y el predominio de Aristóteles es el dominio de lo racional.

La oposición de Lutero a los teólogos de su época, fue una lucha en contra del racionalismo de la religión. Lutero nos recalca el carácter casi demoniaco de lo numinoso, y así nos dice: “En verdad, debe enseñarse la voluntad impenetrable e inconcebible de Dios. Pero osar concebirla es peligrosa y quien lo intente se desnucará al caer”.

En su estudio sobre la religión, Otto le da mayor preponderancia a la parte irracional del concepto divino.

A esta parte le da el nombre de lo numinoso para diferenciarlo del concepto de lo santo. Lo santo es una categoría más compleja pues comprende: lo numinoso y lo racional de lo divino.

Lo Santo no hay que confundirlo con lo santo de la moral, es decir, la idea de la bondad perfecta; lo Santo para Otto es la Suma bondad de Dios (su aspecto racional) sumado a lo numinoso (lo inefable).

Lo numinoso se manifiesta de distintas maneras: como lo tremendo, lo prepotente, la energía, lo fascinante y como lo enorme. El Dios como lo tremendo se patentiza en la ira o cólera divina y se siente como pavor o terror. El Dios como energía es el Dios viviente, él que acosa, domina, es el abrasador fuego amoroso.

Dios en su aspecto numinoso, produce en el hombre los sentimientos contrastantes: el terror y la fascinación. Dios atrae al místico de tal manera que este desea unirse a él, y entonces por medio de métodos de ascesis buscar llegar a los estados de éxtasis y beatitud.

Toda religión tiene una síntesis de los dos elementos: racional e irracional, y que debe haber un equilibrio entre los dos. En una religión no se puede eliminar el elemento emotivo, pues al hacerlo se deja sin explicar la causa de que dan las experiencias místicas y religiosas de los hombres dotados de la facultad divinatoria o intuición directa de Dios.

Esta carencia es el defecto del Dios de los filósofos, es decir, es un Dios racionalizado, demasiado intelectual y nada emotivo. Tenemos que el hombre religioso entabla una relación de amor con Dios y está relación implica un yo y un tú; este Tú tiene que ser un ser personal, no un algo carente de amor, sabiduría e inteligencia.

Otto dice que el hombre tiene una disposición natural a pensar en lo divino. Desde el umbral de la humanidad, el hombre ha pensado y sentido lo divino de distintas formas, y así vemos que la religión ha evolucionado a través de la historia hasta las religiones que conocemos actualmente.

Este proceso evolutivo no quiere decir que lo primitivo desaparezca, si no que esto se incorpora a la religión racionalizada en la forma de superstición.

BIBLIOGRAFÍA.
Otto, Rudolf. (1980) Lo Santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios. Edit. Alianza. Madrid. Pp: 232.

*Cronista de Tonalá, Chiapas.

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