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El sueño de Luther King 51 años después

Por domingo 31 de agosto de 2014 Sin Comentarios

Por Iván Escoto Mora*

pag 5 Iván Escoto Mora1Michael Brown, afroamericano de 18 años, graduado de la preparatoria Normandy, fue asesinado el 9 de agosto en Ferguson, Missouri. Las declaraciones de los policías inculpados del homicidio afirman que el joven les agredió y trató de despojarles de sus armas, razón por la que le privaron de la vida. Algunos testigos sostienen que el estudiante caminaba inofensivamente por la calle cuando fue ejecutado a diez tiros sin causa aparente. El hecho aún no logra esclarecerse, entre tanto, los pobladores de Ferguson han salido a las calles a manifestar su malestar.

¿Por qué afectó tanto esta pérdida a la comunidad? Desde luego por sí solo el asesinato se advierte reprobable pero, al margen de ello, es relevante señalar el sentido de solidaridad emergente en Ferguson y en toda la Unión Americana.

Pensar en una comunidad nos remite a la idea de identidad, de unión a partir de intereses comunes que, al tiempo, son los intereses de los individuos. En la configuración de la comunidad se disuelve la división entre lo ajeno y lo propio bajo un principio de continuidad en el que “El todo” se cohesiona en función del sentido de pertenencia.

Otro hecho relevante fue conmemorado el pasado agosto, nos referimos al 51º  aniversario del discurso pronunciado por Martin Luther King a espaldas del memorial de Abraham Lincoln en Washington, EEUU. Frente a la realidad de aquel momento, que podría ser la realidad de nuestro presente, las palabras de Luther King se advertían cargadas de fuerza contra la historia de flagelos e injusticias que el pueblo afroamericano ha venido padeciendo desde siglos atrás, aunque también, debe decirse, sus palabras son una reflexión sobre la esperanza. En el discurso, conocido por su frase más célebre “I have a dream” Luther King señala:

“Hace cien años, un gran americano, cuya sombra simbólica nos cobija, firmó la Proclama de Emancipación. Este importante decreto se convirtió en un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros que fueron cocinados en las llamas de la injusticia. Llegó como un amanecer de alegría para terminar la larga noche del cautiverio. Pero 100 años después debemos enfrentar el hecho trágico de que el negro aún no es libre”.

Cartas, códigos y tratados inundan las bibliotecas con los nombres de libertad, igualdad y justicia, pero la realidad silencia su contenido con un golpe sangriento. Luther King afirma:

“La Constitución y la Declaración de Independencia, firmaban una promisoria nota de la que todo estadounidense sería heredero. Esa nota era una promesa de que todos los hombres tendrían garantizados los derechos inalienables de ‘vida, libertad y búsqueda de la felicidad’.

Es obvio hoy que Estados Unidos ha fallado en su promesa en lo que respecta a sus ciudadanos de color. En vez de honrar su obligación sagrada, Estados Unidos dio al negro un cheque sin valor que fue devuelto con el sello de ‘fondos insuficientes’. Pero nos rehusamos a creer que el banco de la justicia está quebrado”.

Al repasar las palabras del discurso, salta a la vista la llama de la fe, esa que obliga a creer, a confiar, a saber que un mundo mejor es posible. Resulta incomprensible el significado de la fe fuera de la referencia al otro en el que se cree, con quien se comparte, en quien se confía. La fe en lo humano conecta el discurso de Luther King con el sentido de lo comunitario. Sería inviable concebir la fe fuera del contexto de “relación” que vincula a todos los seres humanos dentro del plano de la identidad y la pertenencia. Visto de este modo, reconocer al otro implica advertir al ser humano como un “yo-plural” indivisible.

El reconocimiento del otro abre el canal del diálogo, la construcción y, sobre todo, el perdón en medio de un encuentro que posibilita el ser y el hacer comunidad. Ahí surge la esperanza como expresión del humanismo traducible en el llamado a la paz. De este modo nace una misión trascendental, un compromiso expresado por Luther King bajo la idea del sueño:

“Yo tengo el sueño de que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo: ‘Creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales’. Yo tengo el sueño de que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad. Yo tengo el sueño de que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia. Yo tengo el sueño de que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter. ¡Yo tengo un sueño hoy!”

La muerte de Michael Brown, como tantas otras, nos coloca ante el reto de hacer de la comunidad un espacio de encuentro en el que la justicia, la libertad, la igualdad, vuelvan a tener sentido y significado a pesar de la fractura, el dolor y el resentimiento. Ante ello se presentan dos desafíos: a) el sostenimiento de la esperanza y, b) la transformación de la realidad social. ¿Cómo asumir semejantes retos? Asignatura pendiente a más de cincuenta años de que Luther King nos encomendara su solución.

*Lic, en derecho y filosofía.

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