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Taboada, más negro que la noche…

Por domingo 10 de agosto de 2014 Sin Comentarios

“¡Qué horror Becker! No hay forma de terminar con esta plaga.  Mira cómo están mis flores. Recuérdame poner mañana el insecticida”.
Tía Susana

Por Horacio Valencia Rubio*

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Las buenas narraciones son las que forman parte de la estructura del mundo que conocemos. Son la estructura propiamente dicha. Las buenas narraciones son aquellas que se han cargado de sabiduría, de reflexión, de interrogantes, de emotividad, de percepciones, de humanidad.

Desde las leyendas mexicanas, pasando por los cuentos rusos, las novelas inglesas, el teatro español o el cine norteamericano, las buenas narraciones están más allá del bien y del mal.

Mucho se ha comentado que el libro de papel desaparecerá o que la publicación digital es una moda. Hay quienes afirman que el instrumento literario llamado novela ya no existe. También que el cine, frente a las series de televisión, tiene un futuro incierto. Lejos de especulaciones apocalípticas, las historias, las buenas historias, han existido, existen y existirán.

En el universo del cine mexicano (con sus momentos gloriosos y verdaderos fracaso), el género de horror ha sido poco tratado. En 1958, el luchador profesional El Santo (Rodolfo Guzmán Huerta) aceptó rodar un par de películas: Santo contra el cerebro del mal y Santo contra los hombres infernales. Este sería el inicio para grabar cincuenta filmes a lo largo de su carrera. Las películas del Santo son apreciadas internacionalmente por sus insólitos y asequibles efectos visuales, por la variedad de monstruos, por los ambientes alucinantes y las capacidades de defensa y ataque del héroe.

Si bien las películas del enmascarado de plata son consideradas como historias de horror (surrealistas para algunos), el guionista y director que se preocupó, con la formalidad de un verdadero creador y se atrevió a contar buenas historias fue Carlos Enrique Taboada.

Taboada nació en la ciudad de México, el 18 de julio de 1929. Inició su carrera en la década de 1950 como guionista y director de televisión. En 1954 se estrenó como escritor de cine con la historia de box Kid Tabaco. Taboada escribió diversos guiones que no tuvieron éxito entre los críticos de su época. Películas como Orlak, el infierno de Frankestein (1960), o El juicio de Arcadio (1965), son ejemplos de cintas que no lograron el reconocimiento nacional.

Pero el creador nos tenía reservadas cuatro buenas historias que estaban por ser contadas, historias que le dieron a la cinematografía mexicana un sello único, y a los espectadores de diversas generaciones, la dosis de miedo suficiente como para preocuparse por las casonas decimonónicas, las estatuas, los gatos negros o las brujas que rondan los sueños de los niños. Taboada, sin querer queriendo, se convirtió en un autor de culto que ha influido en otros directores.

Guillermo del Toro, por ejemplo. También han sido dos los remake que se han realizado a partir del clásico Taboada: Hasta el viento tiene miedo en 2007 del director Gustavo Moheno y Más negro que la noche en 2014 del director Henry Bedwell. Cuatro fueron sus aciertos en el género Hasta el viento tiene miedo (1967), El libro de piedra (1968), Más negro que la noche (1974) y Veneno para las hadas (1984). Dichas historias se caracterizan por la inteligencia, el suspenso, la sutilidad y el texto subyacente: esencia de las grandes narraciones.

El espectador es testigo de cómo Taboada es influido por los fabuladores modernos. Henry James con Otra vuelta de tuerca en El libro de piedra y Edgar Allan Poe con El gato negro en Más negro que la noche. El director supo digerir dichas influencias para su propio lenguaje, y así, construir su discurso fílmico.

En Taboada están presentes las leyendas populares mexicanas, dando una sensación continua de estar frente a una fogata en medio de una noche terrible, narrando lóbregas historias. También, la inocencia infantil o la naturalidad en un colegio de señoritas son trastocadas por la perversión, el horror que provoca la soledad y las entidades sobrenaturales que se aparecen, oscureciendo la realidad de los personajes y la de los espectadores.

El director no se destaca por sus efectos cinematográficos, por el contrario, atiende a la tensión del argumento y los ambientes de ahogo y turbación. He ahí el resultado fatal: el miedo como fundamento y representación de lo oculto. Actores reconocidos fueron piezas claves para desarrollar sus obras. Al oscuro tren de sus argumentos se subieron Marga López, Norma Lazareno, Joaquín Cordero, Lucía Méndez, Susana Dosamantes, Ana Patricia Rojo, entre otros intérpretes que siguen presentes en el colectivo que creció viendo estas películas de auténtico pavor.

A Pesar de que la crítica nacional no lo ha colocado en su justa dimensión, ya sea por la estela de fracasos en los inicios de su carrera o por la falta de distribución, el director continúa provocando a un público ávido de historias bien contadas, de buenas historias que perdurarán, pese a los que vaticinan que nada sobrevivirá. Carlos Enrique Taboada murió de un ataque al corazón el 15 de abril de 1997, en la capital de México.

*Lic en literatura, poeta, director de Altzor, Hermosillo Sonora.

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