Nacional

“La séptima dimensión”

Por domingo 10 de agosto de 2014 Sin Comentarios

Por Ernesto Ríos Rocha*

En la tarde del mismo día y sin energía, mi gran ojo central parpadeaba, cansado y sin alimentación eléctrica.

Para el colmo, a lo lejos estaba una enorme serpiente oscura, más oscura que la oscuridad, era terror en mi ojo, yo ya sin imagen, sin pantalla y sin información solucionadora, sería atacado por una serpiente de tamaño grandísimo. Entonces al acercarme, sin bajar velocidad, en unos segundos chocaría mi ojo con la violenta original serpiente de la sexta dimensión y preferí cobardemente con la gran insuficiencia de armas refugiarme en el centro de mi ojo, ya parpadeante, y ahí me escondí en un agujero esperando el impacto. Para mi sorpresa, en ese rincón donde fui a ocultarme, en el interior de mi gran ojo, ahí estaba sentado mi señor de 32, quien me había dicho que él estaba siempre en mí y en todos. Al verlo me alegré, me dijo tantas cosas en un sólo segundo.

Exclamé con ánimos – ¡Pensé que me habías abandonado! Y él contestó: te repito. Estoy en ti, y en todos. Igual que tú, los demás no lo saben, por eso no me sienten. Este es mi rincón, el centro sabio de todos. El gran ojo. Y cada vez concentrado en ti, pensante, se activa el ojo, que soy tú y yo en dialogo. No lo olvides.

Cruza la serpiente te lo ordeno. No temas. Tu poder será proporcional a tu valentía y tranquilidad.  Recuerda que tu existencia y tú muerte la decide el altísimo y no la serpiente.

Eso encendió todo mi holograma inmediatamente, fluidos, venas y circulación de luz; información iniciando sesión, llegada de mensajes y comunicación total con mi propia globalidad.  Atravesé la serpiente y ella fue ella y yo fui yo.  No la sentí, solo me sentí yo.  Comprendí la escena. Mi historial de viaje, marcaba una serie de imágenes creadas por mis movimientos, que trasformaban en mis impulsos la percepción de mis sensores convirtiéndose todo esto en una gran sugestión de temor y alteración nerviosa, de un virus que a pesar de que no existe, carcome metafísicamente. La serpiente era mi miedo y mi señor fue mi valentía. Las imágenes tituladas y sus significados.

Al final del sexto día aparecieron luces, estrellas, astros e inicié mi alabanza a la luz que me libró de la gran oscuridad. Mi ojo no se cerró. Mi imagen permaneció.

Por fin entré a la séptima dimensión. Se acabó la oscuridad. Jamás había visto tanta luz. Era visible y no me encandilaba.

Esta era la única dimensión que tenía puerta donde había que detenerse. Frené inmediatamente.

Había un gran cerco de piedra alrededor de toda la dimensión. Al llegar a la puerta había un guardia. Le pregunté – ¿Cuál es tu nombre. -‘’Petra’’ – dijo.  Piedra divina la cual no se rompe con ningún poder si no con el divino y es casa para la divulgación de la verdad.

¿Puedo entrar.  –Dije. – Identidad – contestó.

Se iluminó mi ojo y mi pantalla mostró un pasaporte. Viéndolo dijo –Pasa- y amablemente me guió. He aquí la ciudad más hermosa jamás vista. Con cúpulas brillantes y doce puertas.

Recordé las dimensiones anteriores y vi la diferencia entre ellas. Esta era la más hermosa, la única. La tercera, es como una sensación de la séptima, la nube brillante y perfumada fue recordada al ver esto.

Las demás dimensiones eran normales, excepto la sexta que estaba vacía, oscura y peligrosa; en la cual se apagó mi luz, pero sólo mi esencia que es mi señor, permaneció. Esta brillantez jamás vista y sentida, era la séptima. Enormes habitantes de luz, millares, algunos más grandes, otros eran infantes.

Al entrar me recibieron y dijeron:¡debes seguir tu viaje, vuela y no te detengas hasta llegar a la entrada y salida!

Entonces levanté mi vuelo con la misma velocidad y ellos me escoltaron. Su figura simbólica y no física, fue captada por mi pantalla como una mezcla masculina con femenina que a diferencia de mi especie no eran hombres ni mujeres y nada parecido a lo que en la tierra llamamos ángeles.

Me guiaron al palacio de mi señor 32 y les pregunté los nombres. Todos tenían sus oficinas y cargos importantes en la organización y eran maestros de sus propias jerarquías.

A mi lado el más pequeño, como de 7 metros, un querubín protector encargado de la inocencia. Su cuerpo de toro y su cabeza de humano, traía una espada de fuego en su atuendo, cantaba como parte del coro y cuidador de puertas divinas, hermoso, con una flecha y lanza muy amorosa para grabar la fijación y la pasión.

También un serafín adolescente que proyectaba sus consejos a los habitantes jóvenes sobre la existencia, su forma no pude distinguirla parecida a ningún ser terrestre, le vi un libro y una gran cola larga y hermosa más recargado a masculino, su nombre ‘’Metra trun’’ y sentí su gran calor, su luminosidad y llama que me abrazaba como protección y al escuchar su nombre mis archivos abrieron una información heráldica que no había visto en mí.

Al frente del recorrido un ángel trono, el cual dijo observar planetas y el conteo orbital del tiempo astral y las edades de los lugares del universo. A su lado un soberano ángel del dominio.

Otro ángel virtual y voluntarioso. Otro ángel del poder y la conciencia. Un ángel principado con dominio de un grupo de ellos el cual era el guía y custodio. Y el más luminoso de mis acompañantes, un Arcángel Líder de todo el grupo de guardianes, mayordomo con gran energía transformadora llamado Uriel. Entonces entendí sus jerarquías y su lugar de habitación al cual llamamos cielo.

Pero había muchos de ellos en la escolta para el brillante yo, visitante viajero aprendiz; principados y potestades había.

Entendí sus dominios, jurisdicción y jerarquías, su dimensión hecha de bellas ciudades luminosas de piedras preciosas. Todos ellos tenían diferentes tamaños y sus pantallas enormes; el más grande, Uriel, como de 500 metros de altura, según mi juicio terrestre.

Mi holograma abrió ventanas de gran información, pero mi memoria poco estudiosa, sentía signos interrogatorios.

Corté el silencio hablado y pararon de cantar y alabar contestando mis preguntas.

¿Cómo se llama esta dimensión?

Y en mi pantalla apareció un ángel con un dedo en la ventana cielo. Y dijo – celestial. El universo es todo. Esto es cielo. – ¿Paraíso? –Pregunté – No, paraíso es un tiempo de paz terrestre. – Contestó.

Supe que me guiaban al palacio de gobierno. Vi un gran palacio decorado con sabiduría.

*Pintor, escritor, narrador y pedagogo.

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