Nacional

XAVIER VELASCO, a 10 años de “Diablo Guadián”

Por domingo 27 de octubre de 2013 Sin Comentarios

Ganó el Premio Alfaguara 2003 por la novela que lo sacó del anonimato. Un día dejó la vida noctámbula y se sentó a escribir, “yo sabía que iba a dejar el alma ahí y que si ese libro no servía, entonces, por lo tanto, mi vida no servía”.

Por Jaime Cháidez Bonilla*

Xavier Velasco es un tipo de palabra fácil que alguna vez fue tímido, tiene 10 años de ser famoso después de haber ganado el premio Alfaguara por mejor novela “Diablo Guardián” (“es como si mi vida se hubiera partido en dos”), ha viajado más de 10 veces a Tijuana que le producen un afecto especial (“Vengo a Tijuana y es un lugar que siempre me da como una energía muy especial. Es un lugar que está en la mitad de ninguna parte”), y recuerda un momento crucial en su vida (“el día que finalmente me senté con el cuaderno y dije lo voy a hacer, yo sabía que iba a dejar el alma ahí y que si ese libro no servía, entonces, por lo tanto, mi vida no servía).

Xavier-Velasco

Xavier era un cronista musical, amante del rock, semidesconocido en el mundo de la literatura. Hace 10 años, un domingo a las 9 de la mañana recibió una llamada que cambió su vida. Marisol Schults, de la editorial Alfaguara, le informó que su novela “Diablo Guardián” era una de las 5 finalistas para el Premio Alfaguara 2003.

– “Creo que desde ese momento mi vida se transformó completamente. Esa noche brindé con mis padres, les dije tenemos que festejar, no que gané pero sí que no perdí. Para mí ya había dado un gran paso al no perder porque era una manera de que me dijeran ´puede que sirvas como novelista´. Ese día empezó a pasar algo con Diablo Guardián, 10 años y 4 meses después todavía no deja de pasar” expresa Velasco en su reciente visita a la frontera.

Semanas después, Xavier Velasco fue declarado oficialmente como el ganador del Premio Alfaguara 2003 por su novela “Diablo Guardián”. Desde ese momento fue recreando un personaje de sí mismo. El cronista de rock tomó el trono de novelista.

-“Llevaba toda la vida deseando esa situación, era un sueño de opio en un principio pero… es como si mi vida se hubiera partido en dos. En aquella época todavía era muy tímido, corría a leer lo que tenía que decir en público, me faltaba aprender muchas cosas, me faltaban muchas cachetadas. Anduve un buen rato con músicos rocanroleros, 5 o 6 años, fue una especie de diplomado en la universidad de la vida. Llegó un momento en que dije, sabes qué, tienes que dedicarte a lo tuyo, dejé todo, dejé la vida noctámbula, hay que dejarlo todo para echar a andar ese proyecto de escribir. Si no, voy a pasar el resto de mi vida maldiciéndome y odiándome por no haber hecho lo que sabía que podía y tenía que hacer”.

-“Diablo Guardián” se sigue leyendo, te sigue permitiendo viajar, es un libro maravilloso, es el Sargento Pimienta de Xavier Velasco.
-“Es el libro que ha hecho mi carrera, yo lo veo como el Ziggy Stardust, es otro equivalente ¿no? Mira, fueron muchos años de pensar en ese libro, muchos años de dudar, de darle vuelta. Es como un encuentro tantas veces postergado que el día que finalmente me senté con el cuaderno y dije lo voy a hacer, yo sabía que iba a dejar el alma ahí y que si ese libro no servía, entonces, por lo tanto, mi vida no servía”.

– ¿Tú te sentiste satisfecho cuando terminaste “Diablo Guardián”? ¿Tenías la seguridad de que habías escrito algo bueno?
-“Con seguridad no. Mira, pasé 71 días dándole vueltas al libro, revisándolo obsesivamente una y otra vez. Cada noche no me podía dormir si no leía 30 o 40 cuartillas. Te voy a decir que al final, cuando terminaba esas cuartillas, no era que dijera me siento satisfecho, lo más que llegaba a decir era ´pues no está tan mal, ojalá que funcione´. Uno no puede estar seguro de nada, mucho menos en un premio literario, no sabes quiénes serán los jueces, no sabes contra quién estás compitiendo, ¡no sabes nada! Lo único que sabes es que si no ganas no vas a saber por qué. La única certeza que tenía era que, en términos objetivos, ya era un novelista. Eso bastaba para, de algún modo, sentirme satisfecho”.

-Tu relación con Tijuana data de muchos años, desde cuando venías a los conciertos de rock en San Diego, California, y las Ferias del Libro de Tijuana. ¿Qué significa esa ciudad, para ti?
-“Tijuana es una ciudad que, si quieres mi opinión, no es provincia, es otra gran ciudad como el DF, igual de loca o más, quién sabe. He venido muchas veces a Tijuana, como 10 veces. A veces me la encuentro coqueta, tranquila, me recibe bien. Otras veces está violenta, a mediados de los años 90 me acuerdo que llegabas y respirabas pólvora en el ambiente, cuando andabas caminando por el centro. Como escritor eso me estimulaba tremendamente, por no hablar de la cantidad de noches que pasé en el Tía Juana Tillys, memorables noches. En buena parte siento que estoy en mi casa, siento que estoy en un lugar que de alguna manera me cierra el ojo. Vengo aquí y es un lugar que siempre me da como una energía muy especial. Es un lugar que está en la mitad de ninguna parte”.

*Periodista cultural.

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