Nacional

El Archivo Casasola

Por domingo 5 de mayo de 2013 Sin Comentarios

Por Alberto Ángel “El Cuervo”*

El-Archivo-Casasola01Conociendo mis recurrentes olvidos y mi alergia manifiesta por los eventos sociales, Lorena enviaba mensajes y correos electrónicos constantemente para recordarme el compromiso de hacer acto de presencia en la inauguración formal de la galería de Gustavo Casasola, heredero de toda una tradición que el sólo apellido Casasola muestra en toda su magnitud. Por fin, se da el día de el evento… El miércoles 24 tendría que llegar a las siete de la noche al corte del listón.

—Isabel La Católica número 30… Yo ahí te voy a estar esperando, pero es en el primer piso…
—A ver, yendo por Isabel La Católica, más o menos a qué altura está, qué punto de referencia tengo…
—Casi esquina con Madero… Pasando Madero ahí está frente a un edificio muy lindo, el Casino Español, no sé si lo ubicas…
—Sí, lo conozco, me ha tocado cantar ahí en algún evento…
—Pues el edificio que está en frente es donde está la plaza, ahí te espero…

El Casino Español es per se es lo emblemático suficiente como para hablar por completo de él en un artículo futuro… El caso es que la invitación era promisoria por el sólo hecho de llevar el apellido Casasola… No sabía bien a bien para qué había sido requerido, solamente que era un invitado especial… Me sentía como en pasarela modelando trajes de baño… ¿Sería algo parecido lo que las modelos sentían…? Invitado especial eso decía la invitación… ¿Cuál es la labor de un invitado especial…? Reflexionaba alrededor de ese misterioso nombramiento actual cuando Don Juan, el taxista bohemio, me dijo: Ahí es, Don Alberto, ahí es el número 30. Como lo había prometido, Lorena estaba en la puerta. El edificio tan bello como el Casino Español y la manera en que adaptaron arquitectónicamente los locales es fantástica. Después de hacer un recorrido breve, llegamos a la galería. Los artículos varios comercializando las fotos del archivo Casasola, en dos estantes a los lados se antojaban muy interesantes, muy bien hechos y por supuesto con todos los motivos mexicanos… Casi podía percibirse el olor a pólvora que la revolución dejara en esas imágenes capturadas por los hermanos Agustín Víctor Casasola y Miguel Casasola. Fueron ellos quienes iniciaran el magnífico archivo fotográfico que El-Archivo-Casasola02diera lugar a la creación de la llamada Fototeca Nacional perteneciente al Instituto Nacional de Antropología e Historia… Fueron ellos quienes comenzaron en nuestro México de entonces, la historia de los reportajes gráficos… De hecho son considerados como los pioneros en Latinoamérica del fotoreportaje con su manera tan especial y característica de capturar historias a través de la lente convirtiendo la fotografía en toda una narrativa tremendamente impactante. Gracias al archivo Casasola, podemos romper con toda ley física (o tal vez corroborar lo dicho por Einstein) y viajar en el tiempo hasta aquellos años de la Revolución Mexicana… De pronto, es como si cayéramos rodando y al levantarnos sacudiendo la ropa, nos topamos con la manifestación de los obreros mineros de Cananea en Sonora… Podemos escuchar los gritos corales animando a la lucha y pidiendo justicia… Podemos sentir el paso que hace crepitar las calles y la mirada fría y temerosa a la vez de los represores… Ahí, de pronto, basta con volver la vista para presenciar la tienda de raya de Cananea custodiada por soldados estadounidenses ante la huelga de los obreros… ¿Soldados estadounidenses? Me pregunto… ¿Cómo es posible que en nuestro país, ante una lucha nacional y nacionalista nos veamos invadidos por un ejército extranjero para reprimir la lucha que clama justicia…? Y cuando estoy a punto de aunarme a la marcha junto a los obreros, vuelve el salto en el tiempo y espacio para caer a los pies del galope de Francisco Villa sobre su fiel Siete Leguas… Apresuradamente me hago a un lado para no ser atropellado por ellos… Con gran emoción, veo al centauro del norte que con su cara bonachona me hace un guiño cuando pasa junto a mí y yo solamente atino a realizar una especie de saludo militar y esbozar una sonrisa incrédulo ante lo que estoy viviendo gracias a los hermanos Casasola… El brinco vuelve a darse y de pronto estoy entre muchas personas, el calor es insoportable… Los aromas rancios mezclados con el olor a pólvora quemada llenan el lugar que no obstante todo ello permanece verdaderamente atascado de gente… Poco a poco me abro paso… Los rostros adustos, curtidos por el sol y la batalla, observan con recelo mi pinta y mis ropajes pero hago como si no los viera para continuar hacia delante… Y surge entre el gentío el cadáver masacrado del inmortal Emiliano… Un nudo se hace en la garganta… No puedo evitar una lágrima y se escapa de mí una frase sollozante: “De ti, Emiliano Zapata, de ti se van a acordar…” ¡Te masacraron, Emiliano… Todo por pedir justicia…! Atrás de él, casi cargando el cadáver, gente con distinto gesto… Todos parecen no poder creer que Zapata, el inmortal, haya muerto…salgo de aquel lugar de nueva cuenta abriéndome paso entre la gente… Cuando por fin logro encontrar la salida, el sol en toda su intensidad me deslumbra… Llevo la mano a la frente a manera de visera para poder mirar con claridad y aparece, después de un pitido ensordecedor, un tren que está a punto de partir… Y ahí, en el estribo de uno de los vagones, una soldadera se detiene de los manerales… Su gesto es de desesperación… Tal vez espera a su Juan que no aparece y el tren está por partir… Tal vez es miedo de lo que sucede y la prisa por alejarse de ahí lo que motiva esa mirada que se clava en el alma como pata de halcón y la imagen te marca la conciencia de manera permanente…

—Don Alberto, me da mucho gusto saludarle, bienvenido, gracias por acompañarnos…
—Muchas gracias a usted Don Gustavo, es un honor haber recibido la invitación, aquí estoy con todo gusto. Soy, como muchos más, un gran admirador del archivo Casasola…

El-Archivo-Casasola03Y el corte del listón se anuncia para después de las palabras de Vania, la hija de Gustavo Casasola quien maneja la galería… Y las palabras ahora de José Carral, Presidente del Club de Industriales. Las tijeras cortan el listón a la cuenta de tres y Gustavo me pide caminar junto a él mientras me comenta acerca de lo que es la primera exposición pictórica de la Galería, Casasola Surrealista. El título per se, cautiva, porque el propio archivo fotográfico ya nos regala miles de momentos que parecen surrealistas, momentos mágicos capturados por los Casasola en dos generaciones que abarcan de 1900 a 1970. Así, con la emotiva narración del propio Gustavo Casasola, me entero de la finalidad o el laid motive de la exposición. Se trata de que dos artistas plásticos, César Luis Orozco y Jaime Cabrera Liévano, tomaran como punto de partida para su creatividad, algunas de las fotografías que más les impactaran del archivo Casasola y plasmaran en la técnica de su preferencia, esas imágenes dentro del concepto que al artista despierte la emoción… Así, el talento de estos dos extraordinarios artistas mexicanos, formados en varias instituciones académicas artísticas y con maestros particulares, se deja sentir en cada una de las obras presentadas… Así, de pronto podemos ver dos soldaderas que fueran extraídas de sus corceles revolucionarios para cabalgar ahora a un gigantesco rinoceronte en un paisaje un tanto mítico… O al niño soldado con alas que tal vez le ayuden a remontar el vuelo para soñar con el triunfo de la Revolución aunque no sepa bien a bien lo que ello significa… Una a una, las pinturas van describiéndose en las palabras de Gustavo Casasola… Técnicas mixtas, óleos, acrílico y grafito, van mostrándose a mis ojos para grata sorpresa. Por último, es el propio Gustavo quien me muestra un magnífico panel de diapositivas del incomparable Archivo Casasola en el que el espectador puede mover los tres distintos niveles de diapositivas que se deslizan en ese panel (panel, así, palabra aguda y no grave como a veces inadecuadamente se escribe en un anglicismo más que desvirtúa nuestro idioma) llevándonos a viajar por toda la historia fotográfica Casasola… De la revolución a las puertas de la pulquería, pasando por el zapateado jalisciense hasta llegar a las damas enfermeras de la El-Archivo-Casasola04entonces incipiente cruz roja mexicana o los catrines y catrinas elegantes en alguna recepción de la época… Grato sabor queda después de haber visitado la galería… Grato sabor deja la obra de mis dos compañeros pintores Orozco y Cabrera… Grato sabor se escurre por las paredes de ese edificio bello y antiguo que muy adecuadamente fuera transformado en una pequeña plaza donde se respira arte… Y por si fuera poco, mi admirado Gustavo Casasola, al despedirme, me pide enviar algunas fotografías de mi trabajo en el arte para consignarlas en lo que será la siguiente etapa, la tercera del celebérrimo archivo Casasola. Desde luego le confirmo que las estaré enviando y que será un gran honor formar parte de ese legendario archivo que a partir de 1976 es lo que conforma nuestra Fototeca Nacional. Con gran amabilidad, como siempre, mi querida Lorena Andrade, me acompaña a la puerta…

—¿Cómo le fue, Don Alberto…?
—Excelente, Don Juan, valdría la pena que se de una vuelta con la familia para admirar la galería… Y lo que son las cosas, siempre se aprende algo… Ahora ya sé lo que es un invitado especial… Es aquel a quien hacen sentir estimado y relevante. Por eso agradezco la distinción de todos en esta inauguración.

En el viaje mítico al que nos lleva necesariamente el impactante y bellísimo Archivo Casasola…

*Cantante, compositor y escritor.

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