Nacional

Dr. Belisario Domínguez, defensor de la legalidad.

Por domingo 3 de marzo de 2013 Sin Comentarios

Por Teodoso Navidad Salazar*

Aquella fresca tarde del 7 de octubre de 1913, en la ciudad de México, el Dr. Belisario Domínguez se despidió de su secretario particular y salió de la pequeña oficina. En los pasillos del recinto legislativo,

topó con algunos senadores que como él, eran afines a la causa maderista, y con quienes estableció el compromiso de verse al día siguiente, ahí mismo en la Cámara; pero el destacado galeno, titulado en París y nativo de Comitán, Chiapas, no apareció; ni el día siguiente, ni lo haría jamás. Poco después de abandonar su oficina, se dirigió al hotel Jardín, por San Juan de Letrán, donde se hospedaba, y se preparó para recibir a su hijo Ricardo, quien estudiaba la preparatoria, pero que se hospedaba junto con otros compañeros chiapanecos, en casa de asistencia. Padre e hijo cenaron y charlaron sobre temas de actualidad. El hijo que sabía de la situación política del país, le suplicó que se cuidara. Después de las diez de la noche, se despidieron.

Trayectoria

Belisario Domínguez, fue descendiente de familia acomodada. Se tituló como médico, cirujano y partero en París, Francia. Ejerció su profesión en su natal Comitán, en 1889, con gran sentido humanista, lo que permitió gozar de simpatías entre la gente, a la vez que se interesó en la problemática social en la que se desenvolvían grandes sectores. Fue hombre culto y de pensamiento liberal. En su estadía en la ciudad de México, denunció en los medios de divulgación de la época, el atraso, marginación y miseria de la sociedad chiapaneca, y promovió los clubes antireleccionistas en su estado natal en apoyo a Madero.

La popularidad del Dr. Domínguez, lo llevó a ser electo presidente municipal de Comitán, en 1909. Su ejercicio de gobierno inició en enero del siguiente año. En 1913, fallecido el senador Leopoldo Gout, de quien Domínguez era suplente, asumió la titularidad, saltando a la política nacional, donde lo sorprendió el contenido del Plan de Guadalupe, manifestando su simpatía por las banderas del constitucionalismo. Sus participaciones en tribuna, fueron de abierta crítica al régimen de Victoriano Huerta, declarándose su enemigo. El 16 de septiembre de ese año, al rendir Huerta su informe de gobierno y donde destacaba avances en política exterior, pacificación del territorio nacional y en la economía, los comentaros en su contra se esparcieron por los corrillos del recinto, sin embargo, nadie se atrevió a replicar. Fue el senador Domínguez, quien días antes enfrentó al secretario de Asuntos exteriores, Francisco León de la Barra, interrogándolo sobre qué pensaban hacer para qué Estados Unidos, reconocieran un gobierno manchado con sangre del presidente Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez, quien hizo uso de la tribuna para refutar lo dicho por el presidente Huerta, quien estaba convencido de cambiar el pensamiento del Dr. Domínguez, por lo que hacía días que había tomado medidas. Tenía información sobre su rutina diaria. Dentro o fuera del Congreso y de manera inmediata recibía información sobre sus actividades. Así fue como aquella mañana del 23 de septiembre se enteró a detalle de que el presidente de la mesa, le había negado la palabra al senador, pues se corría la voz de que era un duro discurso contra Huerta. Se enteró también de que, ante la negativa el senador logró imprimir el documento que hizo circular entre la concurrencia. Entre otras verdades el discurso señalaba que…la situación actual de la República es infinitamente peor que antes… don Victoriano Huerta es un soldado sanguinario y feroz, que asesina sin vacilación ni escrúpulo a todo aquel que estorba. En el mismo documento, proponía a sus compañeros, que Victoriano Huerta renunciara.

Haciendo caso omiso de consejos de sus compañeros congresistas, hizo lo mismo ante la solicitud negada de participar en la tribuna, el 29 de septiembre. Los asistentes a la Cámara, se enteraron del contenido del discurso que decía… el cerebro de Huerta está desequilibrado y su espíritu está desorientado […] cree que él, es el único hombre capaz de gobernar a México y de remediar todos sus males. Concededme la honra de ir comisionado por esta augusta asamblea a pedir a Victoriano Huerta, para que firme su renuncia como presidente de la República. El senador Belisario Domínguez, conciente de que sus discursos lo ubicaban al filo del despeñadero, en el mismo texto dejó dicho…es probable que, llegando a la mitad de la lectura, Huerta pierda la paciencia, y poseído de un arrebato de ira me mate.

El senador estaba en lo cierto; qué se podía esperar de Huerta, que en aras de saciar su apetito de poder, había asesinado al mismo presidente de México. Todo estaba dicho y el 10 de octubre, después de muerto Belisario Domínguez, Huerta a través de la represión, encarceló a más de cien diputados y desapareció a otros, y obligó por medio del terror al resto de la legislatura para acordar y votar la disolución del Congreso.

Colofón

Teniendo como única línea de investigación el testimonio del encargado del hotel y el desorden encontrado en la habitación, que confirmaba que el senador había tratado de defenderse de sus captores, los integrantes de la Cámara esperaban lo peor por los antecedentes de los últimos acontecimientos, por lo que, el 8 de octubre se organizó una comisión encabezada por Manuel Novelo Argüello, Eduardo Neri, Adolfo E. Grajales, César Castellanos y Jesús Martínez Rojas, recibida por el secretario de Gobernación, Manuel Garza Aldape, que le exigió investigara los hechos y se localizara y presentara vivo al senador; sin embargo el funcionario si bien es cierto que no se negó a investigar, nada aportó. Casi al caer la tarde del día 9, en el cementerio de Xoco, del sur de la ciudad de México, fue localizado el cuerpo semienterrado del senador Domínguez, ante la indignación de legisladores que exigieron cuentas a Victoriano Huerta y al jefe del Distrito Federal, señalando que de no obtener garantía necesarias cambiarían la sede del Poder Legislativo a otro lugar.

Poco después de haberse marchado su hijo Ricardo, el Dr. Belisario Domínguez, revisó algunos documentos, leyó parte de su correspondencia que había quedado pendiente y se dispuso a descansar. Apenas había conciliado el sueño cuando despertó sobresaltado por fuertes golpes que alguien daba a la puerta de su habitación, que era la número 16. Según el testimonio del encargado del hotel en el turno nocturno. Hombres armados irrumpieron en el hotel, sacando a la fuerza al senador, subiéndolo por la fuerza a un automóvil, que desapareció en la oscuridad de aquella madrugada. El gendarme que hacía su ronda por el sector, así lo afirmó también. Ya derrocado Huerta se supo que los esbirros enviados para secuestrar y matar al senador, fueron José Hernández, alias El Matarratas; Ismael Gómez, Alberto Quiroz y Gilberto Márquez, en su declaración manifestaron ante la autoridad competente que fue el comandante de la policía Francisco Chávez, quien los comisionó para realizar el evento. Sin duda que la muerte de Belisario Domínguez fue motivada por no reconocer el gobierno espurio de Huerta; por su condena a las muertes de Madero y Pino Suárez y al régimen despótico y de represión que ejerció en su efímera presidencia el Gral. Victoriano Huerta.

*La Promesa, Eldorado, Sinaloa, 2013.

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