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Hablemos del Amor en Broma y en Serio

Por domingo 28 de octubre de 2012 Sin Comentarios

Por Jaime Irizar Lopez*

“Hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento”
Miguel Unamuno

Cuánta razón tenía Bertrand Russell cuando hablaba del amor.

Vivir apegado estrictamente a la pura razón y a la lógica es propio de los más egoístas y aburridos. La vida en sí misma es un riesgo que hay que afrontar; únicamente quien corre riesgos, vive. Hay que ser inteligente para preverlos o abatirlos a su mínima expresión. Si se ama, vives, pero también puedes sufrir por tal razón. Ese es el precio y riesgo del amor. Se es feliz… si se ama. Se es doblemente feliz, cuando se aprende a expresar sin limitaciones los sentimientos.

Traigo esto a colación para decirles que yo al igual que muchos de quienes esto leen, tienen en un lugar especial de su corazón y de su mente un sitio bello que hace las veces de altar para honrar a su primer amor.

Aquel gran afecto en el que a veces he dejado de pensar temporalmente por necesidad, pero que nunca he podido ni querido olvidar del todo, porque me ha servido muy bien ese recuerdo, para salvar tempestades y superar crisis existenciales, y por qué se ha convertido este grato recuerdo, en mi más fiel salvavidas, en los momentos en que casi me ahogaban mis vacíos afectivos.

Cuánta fuerza e intensidad cobra este sentimiento que se ha hecho palabra hermosa en los renglones de mis poemas. A cuántas notas musicales logra agrupar para volverlo una bonita canción. Cuántos olores lo exaltan y lo hacen vívido. Bien recuerdo que un simple roce de manos o un beso furtivo daban pie a la más grande de las experiencias vividas en aquel mi primer amor.

Siempre en broma repetía, que por un lado por seguir inútilmente el ejemplo de mi padre que tuvo mujeres e hijos por doquier, y por el otro, porque mi madre atribulada por tanta pobreza y necesidad nunca tuvo tiempo para regalarme los suficientes cariños o abrazos, pues ya de joven o de adulto, obligado por las circunstancias, yo me “enamoraba” ciegamente de la primera mujer que (siendo tan feo como soy) se atrevía a prodigarme estas mínimas muestras de afecto.

Soy enamorado por culpa de mi madre, entiéndanme por favor, decía siempre sonriendo cuando alguien a manera de reclamo tocaba el tema. Bromas que por supuesto no todos entendían bien, mucho menos mi esposa, que terminaba siempre distinguiéndome con su amor, el cual es a la vez, la más fiel traducción de la comprensión y el perdón.

Cierto es que he tenido también como mi padre varias mujeres, pero tan sólo recuerdo haber tenido un sólo amor. Siempre el mismo en esencia, pero también siempre transformándose y madurando con el paso de los años.

Tan sólo uno, mismo que no perdí nunca porque aprendí a expresar mis sentimientos con oportunidad y por perderle el miedo a esclavizarme a él si lo hacía abiertamente.

Sobra decir que a nadie mata ni esclaviza el decir “te quiero”. Son otras cosas las que matan el cariño y el amor. Pero antes de enamorarme plenamente yo no lo entendía así. Hoy se muy bien que las expresiones de amor y afecto fortalecen el espíritu de quien las emite y engrandecen la autoestima y la confianza de quien es objeto de ellas y las recibe con oportunidad y frecuencia necesaria.

A categoría de ley debería ser llevado el regalar a diario con generosidad, elogios a los hijos, esposa, novia o amigos y ser muy parcos y mesurados en la crítica hacia ellos, como bien lo dice el código de ética de los Leones.

Entendamos que sólo se es feliz cuando se aprende a dar. Dar, aunque no lo parezca, es un camino de ida y vuelta, y en ambas direcciones se encuentran sobradas razones para ser feliz.

Decir lo que sientes, aunque seas hombre y mexicano, no es signo de debilidad ni de rareza.

Es una muestra clara de honestidad, de integridad, y de vida intensa.

Correspondencia
Esa luz que el amor enciende en tus lindos ojos
Me ayuda a escribir con fuego mi poema
En él te pido no rechaces, con falso enojo,
Esta pasión que por grande nos condena
Y que tu alma grita en su silencio
Porque se también, que tu corazón se quema.

Son tus miradas profundas, voz que invita
A recorrer ansioso el claroscuro de tu cuerpo,
Mar enigmático de sensaciones anhelantes
Que desea que mi nave le cruce cariñoso
Sin encontrar nunca puerto seguro, calma,
Ni reposo.

Eres fuerza que mantiene lejana la idea de muerte
Eres aliento de vida que mengua con tu ausencia
Eres luz que ilumina mi camino
Con la eterna gracia de tu esencia.

¡No te pido mucho!
Contigo, lo poco es suficiente
Seguro estoy que un beso tuyo
Es para mí, razón de orgullo
Y bálsamo eficaz de mi dolor ardiente

Dame un momento de correspondencia
Y a cambio te doy, mi vida entera
Calma con caricias mi conciencia
Al darme la dicha verdadera

¿Es acaso mi amor intenso, por prohibido?
¿Debe quizá su grandeza a lo imposible?
¡Hazme caso ya! ¡En verdad te pido!
Amínate a amar sin que te culpes
Que mayor mal no hay en la tierra
Que no escuchar la voz de un corazón triste
Que ante el deber late despacio, en la pasión,
Pierde el control,
Y con un ritmo así, la moral no existe.

¡Dame tu amor, por dios! ¡Dámelo ahora!
Ya lo pensé bien, lo he razonada
Que en el momento de mi adiós, en mi postrer hora
De todo podre arrepentirme, más nunca: de haberte Amado!

*Doctor y escritor.

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