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EL REGRESO

Por domingo 26 de agosto de 2012 Sin Comentarios

Por Teodoso Navidad Salazar*

Corría la segunda mitad del mes de julio de 1913, Rafael Buelna Tenorio, se encontraba en los Estados Unidos de Norteamérica; un buen día de ese caluroso mes, decidió regresar. En el pasado reciente su tropa había sido derrotada en las inmediaciones de Tepic. Después de ello, concluyó, que por lo pronto, lo mejor sería alejarse un poco de los escenarios militares, y en discreto escape, zarpó en rústica embarcación, desde el improvisado puerto de Teacapán, con destino a California. Su estancia, le hizo reflexionar, madurar y planear algunas estrategias, menos arrebatadas para continuar la lucha armada. Durante su estadía en el norte, una idea persiguió de manera constante al Coronel Rafael Buelna: obligar a las tropas de Victoriano Huerta, destacamentadas en el noroeste, a retirarse hacia el centro del país, para de esa manera, apoderarse de la vía férrea Guadalajara-Nogales, esa era una forma de controlar la ruta, vital para el movimiento revolucionario.

Buelna regresó por Sonora, específicamente por Nogales, y con la intención de presentarse ante el Gral. Álvaro Obregón y plantearle su estrategia, hizo alto en la ciudad de Hermosillo, donde se encontraba Obregón, quien escuchó el plan militar que con entusiasmo le planteaba aquel joven rubio, que carecía de hoja de servicios, armas, tropas, dinero y poca experiencia en el terreno de batalla. Por ese tiempo Álvaro Obregón, ya manifestaba sus dotes de líder militar; lo escuchó atento, y sin decirle que no simpatizaba con sus planes, de manera diplomática lo despidió con fuerte abrazo. Buelna que, no obstante su juventud, era un tipo inteligente, se dio cuenta de que Obregón no lo vio con buenos ojos, ya que su sola presencia no aportaba nada al movimiento, urgido de hombres, caballos, armamento y sobre todo, dinero, y él, sólo se contaba así mismo. Entre incomodo y frustrado, tomó de nueva cuenta el tren rumbo a San Blas, donde se encontraban las fuerzas constitucionalistas comandadas por Felipe Riveros y Ramón F. Iturbe, con quienes se presentó para plantearles su estrategia y solicitarles apoyo. Iturbe, destacado maderista, quien alcanzó el generalato a los 22 años, prácticamente ignoró a Buelna por lo romántico de sus proyectos; otro tanto hizo el gobernador constitucional Felipe Riveros. La indiferencia de ambos militares, no le hizo mella, en la idea de formar de ejército popular para expulsar al ejército huertista del occidente del país. Sostenido solamente con la idea de formar su ejército, dedicó tiempo a reclutar hombres en la región sinaloita, Mocorito, Badiraguato y Culiacán; así empezó su brillante pero fugaz carrera militar. Uno de sus principales apoyos en la aventura lo encontró en Palemón Higuera, que causó alta como su asistente. Era un antiguo gambusino que por años se había dedicado a lavar arenas buscando oro, en corrientes de arroyos, que desembocan en el río Mocorito, que conocía los vericuetos de la sierra, pues antes había sido arriero. Buelna se dejó conducir por escarpados caminos, recorriendo caseríos entre San Ignacio y Durango.

No obstante lo alejado de los centros mineros y rancherías, hasta allá, llegaban noticias propaladas por arrieros y comerciantes sobre acontecimientos de la revolución. Dos personajes levantados en armas eran motivo de comentario por sus decididas escaramuzas en las que habían hecho huir a los federales: Ellos eran Rafael Garay y Vidal Soto.

Hasta Buelna llegaron noticias de que en Santa Lucía, en la serranía de Concordia, se reuniría líderes que encabezaban partidas de simpatizantes del movimiento revolucionario, y entre ellos estaría Miguel V. Lavega, que más tarde alcanzaría el generalato, dado su belicosidad y valentía. Rafael Buelna buscó el apoyo de Vidal Soto, un resuelto arriero, para proponerle atacar el territorio de Tepic, propuesta que de entrada, no causó interés en aquel hombre honrado y valiente. Pero a medida que escuchó al rubio Buelna, le pareció sincero y confió en aquel jovencito, que entusiasta, platicó sus planes bélicos. En esa charla, también estuvo Rafael Garay, originario del Mineral de Pánuco, quien oía atento los temerarios planes de Buelna. En esta primera plática, Garay, explicó a Buelna, que existían previos compromisos con Miguel Laveaga, para atacar San Ignacio, uniendo fuerzas de todos los guerrilleros de la región afines al proyecto revolucionario. De esa forma y trazando un plan basado en el factor sorpresa, reforzado con ataque desde tres flancos y un reconocimiento del terreno, así como la ubicación de soldados de Victoriano Huerta, el amanecer del 12 de agosto de 1913, entre una delgada lluvia, los hombres de Rafael Garay, Vidal Soto y Buelna, en estratégico abanico al mando de 120 hombres, atacaron la iglesia, donde se pertrechaba la soldadesca huertista. Rafael Buelna, puso el ejemplo saliendo al frente de sus hombres disparando con arrojo, de manera suicida sobre la tropa federal que tardó en contestar el fuego. Las familias de casas cercanas al viejo templo, despertaron alarmados ante el nutrido fuego de los rebeldes. Algunos vecinos asomaron a las ventanas, contemplando a aquellos hombres que, disparando sus armas avanzaban, ante la confusión de los soldados. El arrojo temerario de Buelna incentivó al resto para no retroceder. Se mantuvo al frente y de manera providencial ninguna bala tocó su humanidad. El ejército federal cedió terreno al enemigo, que se posicionó de manera valiente, ante una tropa que huía despavorida. Rafael Garay al frente de sus bravos guerrilleros, salió tras el contingente federal que no alcanzó a llegar río, donde se rindieron. Al realizar un primer inventario había armas, municiones y otros pertrechos para tres centenas de hombres. Sin duda esta batalla marcó el inicio de la vida militar de Rafael Buelna. Su arrojo y valentía lo ubicó como un hombre que no conoció el miedo. Pasada la euforia por la victoria, Buelna encaminó sus pasos al frente de su tropa, rumbo a Rosario, siguiendo siempre caminos aparatados para no delataran su presencia, y con la misma estrategia, llevando el factor sorpresa atacó el viejo mineral de manera centellante, causando asombro en otras latitudes del país, donde se desarrollaban iguales hechos. Con esos combates, Buelna ganaría la fama legendaria, motivo de estudios en nuestros días. Con esa estrategia cayeron en poder de sus fuerzas las plazas de Escuinapa, Santiago Escuintla, llegando a poner sitio a la ciudad de Tepic. Sin embargo para Buelna, era necesario preparar a su gente por lo que regresó a Escuinapa donde se estableció de manera temporal con el ánimo de disciplinar y capacitar a su tropa, que ahora era de 3 mil hombres. Tomó el tiempo suficiente para formar su estado mayor así como para adiestrar a sus hombres en el arte de la guerra.

Corría el mes de octubre. Lejos había quedado aquel día del mes de agosto de ese mismo año 1913, en que entró por la frontera de Nogales; distante estaba su entrevista con Álvaro Obregón, en Hermosillo, y su encuentro fallido con Ramón F. Iturbe y Felipe Riberos, en estación de San Blas. Habían transcurrido dos meses y ya se le reconocía su grado de general, rango militar obtenido directamente en campos de batalla, no como muchos jefes militares que más tarde el propio Buelna, criticaría en la Convención de Aguas Calientes, y a los que dijo que, había ahí muchos jefes que habían comprado sus insignias en algunas tiendas de la ciudad de México…

*Locutor e historiador

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