Nacional

EL SHA DE IRAN HAMMAD REZA PAHLEVI Un Dictador Persa en Oaxaca

Por domingo 26 de agosto de 2012 Sin Comentarios

Por Pablo Gastélum Castro*

Recién hice un viaje al interior, al interior de mi cerebro (creo es porque no he podido viajar a ninguna otra parte), me acorde que el verano del 78, fui de visita a Oaxaca, específicamente estaba en el gran auditorio al aire libre, en donde se verifican las fiestas de la Guelaguetza.

Presenciaba de igual forma tal evento el Sha de Irán; yo nunca había visto un emperador en vivo, este era un hombre de casi 60 años, bajo de estatura, de entradas y pelo entrecano, ceja poblada y narigón. Me extraño su tamaño pequeño y vestimenta de guayabera, ya que lo imaginaba mas corpulento, tal vez porque siempre lo había visto retratado con su traje de gala blanco, recamado de condecoraciones, seguramente de Comandante Supremo del Ejército Iraní.

Quise aproximarme al lugar en donde se encontraba, cosa que no me fue permitida, pues estaba altamente custodiado por miembros de seguridad, quienes de muy mala manera me dijeron que me retirara, cosa que de inmediato hice, pues la actitud de estos guardianes era con mucho contundente.

Su esposa Farah Diva, menudita y esbelta, de color apiñonado y de modales muy finos, elegantemente vestida de blanco, atenta y comedida con su esposo por lo que se podía apreciar.

Esta tercera esposa del Sha, le dio cuatro hijos, dos varones y dos mujeres; también tuvo una mujercita con su primera esposa Fawna de Egipto, hermana del Rey; con la segunda esposa Soraya, mujer muy hermosa, hija de un embajador de Irán, en Alemania Occidental, no tuvo descendencia. (Se vio en la necesidad de repudiar a sus anteriores esposas, en virtud de que no le garantizaban descendencia masculina para efectos de la sucesión Imperial).

Nuestro personaje fue el forjador de lo que dio en llamar “La Revolución Blanca”, misma que trajo algo de desarrollo en los terrenos culturales y de ciertos segmentos de la sociedad. Fue depuesto por otra Revolución: “La Islámica del Clero Chiíta”, fundamentalistas, abanderados por El Ayatollah Jomeini, que junto con estudiantes y comerciantes lo obligaron a salir de su patria. Deambuló por Marruecos, Bahamas, México (en donde paso cuatro meses), Panamá y Los Estados Unidos, este último para atenderse de un cáncer que padecía; para terminar finalmente en Egipto, que lo acogió durante el régimen de Anwar Sadat, en donde falleció a los pocos meses de haberse exiliado en ese país.

Su coronación en la Capital del Imperio, el año del 67, fue un acontecimiento en el que se recordaron las glorias del antiguo Imperio Persa, y fue ocasión para que se congregaran Emperadores, Reyes, Príncipes, Jefes de Estado, connotados artistas “and All The High Cremis society of the World”; sus funerales en Al-Qahira fueron de antonomasia.

*Notario Público.

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