Nacional

El poeta mayor sinaloense: Gilberto Owen

Por domingo 12 de diciembre de 2010 Sin Comentarios

Por Mario Arturo Ramos*

Antes de Gilberto Owen, nuestra literatura podía con­tar con los miniaturistas de la prosa corta, trabajada exquisitamente algunas veces pero sin la idea que sostiene el poema en prosa definido y practicado por Max Ja­cob. Asociaciones de ideas, juego de nombres e imágenes in­esperados, finas alusiones literarias, todo cabe en la pequeña caja de un poema en prosa de Gilberto Owen. Y todo unido con una hebra, con una línea que a menudo resulta invisible al lector desatento y miope”. “Antología de la poesía mexicana moderna” Jorge Cuesta. Contemporáneos, 1928.

El 4 de febrero de 1905, -según las cuentas de Gilberto Owen Estrada -en la antigua población del Mineral de Nues­tra Señora de El Rosario,- hoy, El Rosario- Sinaloa, en el ho­gar formado por Guillermo Owen y Margarita Estrada llegó al mundo el poeta; investigadores de su vida y de su obra, encontraron un acta de nacimiento que señala que la fecha de su nacimiento fue en mayo de 1904; claro 10 meses en la poesía significan unos cuantos poemas. Dejemos al aeda con­tar su historia: “He nacido en Rosario Sinaloa, un pueblo de mineros junto al Pacífico, Tengo algunos recuerdos de la in­fancia, pero solo a Freud le interesarían. Mi padre era irlandés y gambusino; de lo primero he heredado los momentos de irascibilidad, disimulados por un poco de humorismo, y de lo otro la sed y manera de buscar vetas nuevas en el arte y en la vida, no sé si compensado por hallaz­go alguno: Mi madre era mexicana, con más de indio que de español, y a su padre le debo mis aspecto físico, mi falta de sentido de la propiedad y mis aptitudes para lo inútil, tan laboriosa y tenazmente combatidas.”

A los 13 años cambió los aires cá­lidos de las costas sinaloenses, por el frio de Toluca, atrás se quedaban los sueños familiares de contar entre los parientes con un monseñor que tu­viera poder terrenal para curar almas y atesorar riquezas. En la “capital choricera” se inscribió en el Instituto Toluca, institución que cobijó a los mejores pensadores liberales que acompañaron a Benito Juárez en su lucha contra invasores y el clero. En el centro educativo con disciplina y te­nacidad Gilberto encontró el camino que se manifestó en la poesía convirtiéndolo en poeta.

“Déjame así de estatua de mi mismo,
la cabeza que no corté en la mano,
la espada sin honor, perdido todo
lo que gane, menos el gesto huraño.”
Fragmento “Madrigal por Medusa” Gilberto Owen

Su estancia en la capital del Estado de México transcurrió entre salones de clase y lecturas hasta el año de 1922 que con motivo de un discurso que pronuncio en presencia de Álvaro Obregón, fue tan celebrada su pieza de oratoria que permitió que se integrara a la Secretaría de Presidencia de la República por instrucciones del general sonorense; al año siguiente el rosarense determinó radicar en la ciudad de México, dando inicio a su brillante trayectoria que en 1924 lo llevó a ingresar a la revista Antena, en 1926 a la Revista Ulises y, en 1928 a la Revista Contemporánea. En la antología “Poesía en movi­miento 1915-1966” selección y notas de Octavio Paz, Alì Chu­macero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis, en la presenta­ción de sus poemas se apunta: “Perteneció a la generación de Contemporáneos. Solía tener a flor de labios el buen humor, la burla, la sátira con que disimulaba una singular conciencia poética. La antiintelectualidad de la palabra hablada en la ca­madería del bar, o a la orilla de una mesa de café, escondía al hombre que, a solas, aprendió a labrar una de las poesías más hondas de las ultimas generaciones mexicanas.”

“Nos conocimos en el jardín de una postal. A mí, bigotes de miel y mejillas comestibles, los chicos del pueblo me en­cargaban sustituirlos en la memoria de sus novias. Y llegué a ella paloma para ella de un mensaje que cantaba: Siempre estarás oliendo a mí”. Fragmento. “Poética” Gilberto Owen Su coterráneo Juan Francisco Gómez Flores escribe en su libro: Los contemporáneos y el nacionalismo en la Cultura de México: “Desde el instante en que Owen llegó a la ciudad de México y conoció a (Jorge) Cuesta y (Xavier) Villaurrutia, se inició una relación en la que los libros fueron la tarjeta de presentación. Los dos últimos se dejaron arrastrar en ese mo­mento hacia la obsesión oweriana por los versos de Góngo­ra, practicando de esa forma la retorica y la poética barroca y logrando unir sus nombres en el plano cordial de las ideas, donde inminentemente se atraería a Salvador Novo”. Su cercanía con el “grupo sin grupo”- Los contem­poráneos- le permitió incursionar en el servicio exterior como trabajador consular en Nueva York, Lima, Qui­to y otras ciudades de E.U.A.; sitios donde escribió y escribió hasta su fi­nal, acaecido el 9 de marzo de 1952 en Filadelfia E.U.A., aquel lejano día se cerró la cauda literaria de un escri­tor que labró para siempre sus versos en la historia de la poesía mexicana; un poeta que “Sabía que su obra con­natural a las ideas que la animaban, era el reflejo y la dócil respuesta a la contemplación de lo que no perdura, a la inevitable presencia que muere ante nuestros ojos”. Dejó poemarios importantes: Línea, 1930, El libro de Ruth, 1944, Perseo vencido, 1948 y su publicación póstuma, Poesía y prosa, 1953, en ellos queda claro que su propuesta fue vivir las palabras en toda su plenitud de sensación y co­municación; textos donde la intuición se sobrepone a la com­presión, las figuras poéticas sobre los conceptos. Quehacer del mayor poeta sinaloense que se manifiesta en el siguiente fragmento de. “Sindbad el varado, día 27. Jacob y el mar”.

“Que hermosa eres, Diablo, como un ángel con sexo pero más despiadada/ cuando te llamas alba y mi noche es más noche de esperarte,/ cuando tu piel de seda se clava de capri­na pezuña en mi abstinencia ,/ cuando si eres silencio te rom­pes y en mis manos repican a rebato tus dos senos,/ cuando apenas te he dicho amor y ya en el aire está sin boca el beso y la ternura sin empleo aceda,/ cuando apenas te nombro flor y ya en el prado ruedan los labios del clavel,/ cuando eres poe­sía y mi rosa se inclina a oler tu cifra y te me esfumas” .

*Autor y investigador.

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