Estatal

De la Filantropía a la Asistencia Social

Por domingo 11 de julio de 2010 Sin Comentarios

Por Francisco René Bojórquez Camacho*

El libro que hoy nos pre­senta el historiador gua­muchilense, mocoritense y sinaloense, Gilberto López Ala­nís, “De la filantropía a la asisten­cia social”, constituye, sin lugar a dudas, un ejemplo claro de investigación de nuestras raíces con el requerido rigor metodoló­gico de la ciencia.

Por una parte, me parece interesante la delimitación que realiza de su objeto de estudio, pues este aspecto constituye un momento de importancia que le va a imprimir un buen nivel de cohesión a sus resultados. Voy a tratar de adivinar la una de las interrogantes que se planteó Gilberto para iniciar este análisis; ¿en dónde se hunden las raíces históricas del rasgo “asistencial” que tanto caracteriza a los hombre y mujeres sinaloenses?

Las diferentes hipótesis emanadas de esa cuestión, condu­jo al maestro Gilberto por las brechas de la Historia de Sina­loa que tanto le apasiona. Allí se dio cuenta que la penetración española y jesuita constituyeron elementos que incidieron en que se empezara a gestar entre los habitantes de esta tierra, una acendrada cultura de dar cobijo y protección a las perso­nas más desprotegidas que siempre han existido en nuestra región. Aunque hay que decir que los “naturales”, como le de­cían los iberos, eran poseedores de una tradición de auxilio de sus hermanos en desgracia; había en ese tiempo indiano una suerte de ayuda mutua, como los compadrazgos, misma que se fue catapultando con la aportación cultural que en esta ma­teria nos trajeron los conquistadores.

La obra nos presenta datos sumamente interesantes acer­ca de la labor realizada por las agrupaciones edificadas por la Compañía de Jesús, las cuales han sido consideradas como las más humanas en cuanto al trato que les dispensaron a nuestros aborígenes. En esta época es importante mencionar nombre de personajes cuyo papel protagónico los hizo merecedores de un sitio en nuestra historia local; Martín Pérez el Apóstol de la caridad, el doctor Juan de Esteyneffer, entre otros.

Las revueltas independentistas no mermaron la labor de or­ganismos de asistencia indígena; el texto nos ilustra como Fray Bernardo puso el dedo en la llaga cuando expresó, contrarian­do a la idea de “soberanía de la nación”, la frase de “soberanía del Altísimo”. En ese mismo periodo encontramos organizacio­nes femeniles que se hacían cargo de los heridos y huérfanos que produjo la Guerra de Independencia de 1810. Asimismo, las hambrunas, sequías, inundaciones y ciclones, dieron pie a que brotaran por todos lados ejemplos de filantropía, que fue­ron abundantes durante todos esos años del siglo; hospitales, juntas de beneficencia. Y en este sentido, aparecen los nom­bres del doctor Ponce de León, Luz Iriarte, obispo José de Jesús Iriarte, Martiniano Carvajal, entre muchos más.

Ha sido tan abundante la par­ticipación del sinaloense en las actividades de asistencia social y filantropía, que la misma evo­lución de la sociedad los ha lle­vado a plasmar iniciativas para el establecimiento formal de las diferentes instituciones de ayu­da; Sociedad de Beneficencia del Rosario, Hospital del Carmen, Casa Hogar, y una extensa lista, cuyo fin primordial ha apuntado a mermar el sufrimiento anclado en la mendicidad de amplios sec­tores desfavorecidos de nuestro entorno.

Cuando este libro cayó en mis manos fue muy difícil que lo dejara sin que arribara al colofón (porque hasta esa parte me gusta analizar). Recuer­do que mi esposa me sirvió la cena y yo, sin ver lo que contenía en el plato, iba probando la cena a la vez que continuaba absorto con la atractiva ruta histórica que me tenía, por decirlo con una palabra que ya casi se ex­tingue, “bien cebado”. Y es que el escrito no lo puedes dejar para leerlo más al rato; las imágenes que me ha despertado la lectura me han calado hasta lo más hon­do; veamos si no es así; el caso de la peste bubónica que azotó el puerto de Mazatlán por allá en el lejano 1902. Ese terrible mal de enormes proporciones dadas las ca­rencias de medicamentos y de conocimientos exactos de cómo atacarla, dio lugar a la aparición de una Jun­ta de Caridad en donde participaron connotadas per­sonalidades cuya actuación se acerca a la heroicidad. Cuando las páginas tocaron este momento histórico, pude ver al Doctor Martiniano Carvajal y el equipo de colaboradores organizando las brigadas para encalar y quemar casas afectadas, también, a cientos de perso­nas con armas de diferente clase matando a las ratas para recibir como paga unos cuantos centavos, debido a que éstas eran consideradas como las portadoras po­tenciales de esa fatal enfermedad.

Creo que la lectura de esta obra debe de promoverse en las instituciones de enseñanza como un material his­tórico de mucho valor en estos momentos en que esta­mos perdiendo valores trascendentales que nos lleven al encuentro de una mirada a los sectores más vulnera­bles del estado de Sinaloa. En él, no solamente captará lo hechos del pasado, sino que el material bibliográfico que nos entrega Gilberto López Alanís, da cuenta del estado actual en que se encuentra las relaciones entre el Gobierno de Sinaloa, Congreso del Estado y las dife­rentes organizaciones de la sociedad civil, que se afa­nan día con día por abonar la buena semilla a esta tierra generosa, para que las aguas de los once ríos las apre­sure a germinar.

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