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Del héroe a la restitución del padre caído

Por lunes 15 de junio de 2015 Sin Comentarios

heroe a la restitucion

Por: Carlos Varela Nájera

El mexicano siempre ha necesitado de héroes, unos más otros menos, pero estos personaje de leyenda juegan una función colectiva en el imaginario libertario de cada sujeto, pero también intentan suturar al padre caído, o bien que este héroe se haga cargo de las impotencias a nivel de compromiso social, como ese que vendrá a salvar a la Patria, dar la cara por cada uno de nosotros, un consolador con dosis de valentía ante la cobardía moral de cada sujeto.

Han sido muchos los héroes que han saltado a la vida pública desde Miguel Hidalgo, Pancho Villa, Heraclio Bernal, Joaquín Murrieta, o menos agraciados que para algunos encarnan valentías como el Chapo Guzmán, cada uno de ellos se caracteriza por su capacidad para desafiar al gobierno, o tener voz de mando.

Esta necesidad de héroes coloca al sujeto en un niño generalizado, ante el cual demanda que realice algo que la mayoría se ve imposibilitada a realizar, o bien ante la cobardía, su deseo que ese otro lo haga por mi, ahí aparece la necesidad de inventar míticamente sujetos que con su desafío se vuelven necesarios para satisfacer en el sujeto esa necesidad de tener algo con quien identificarse. Entonces surgen los corridos, ensalzando o magnificando sus gestas que a los ojos del otro aparecen como dignos de ser tomados en cuenta, además de que glorifican sus nombres, y con ello se viene a suplir desde nuestra cobardía el ideal de un padre fallido que viene a más, en ese personaje que ensalzó.

El sujeto en su indefensión se ve en la necesidad de estar construyendo héroes aunque estos sean cuestionables o bien que no representan colectivamente a las mayorías ni tampoco minorías, sino a ciertos segmentos de la población suburbana desplazada o no, así como la iglesia inunda de héroes llevados a mártires, la población se inventa sus propios héroes aunque estos carezcan de cierta moralidad, para los bien pensantes, como es el caso de Jesús Malverde, o de personajes del crimen organizado que son entronizados a nivel psíquico como héroes o gente de mucho poder, y sobre ellos aparece la idolatría, y nostalgia por ser como ellos, se identifican a esos héroes trasnochados sobre los cuales pesa cierto prestigio aunque sea local como Lamberto Quintero.

Muy distinto es por ejemplo Miguel Hidalgo el padre de la patria, según el discurso oficial, aunque según otras lecturas aparece Hidalgo como un sujeto muy espinoso, pero intentando seguir el delirio colectivo, este padre de la patria viene a instalar colectivamente una gesta heroica, además de ser un cura, cumple una función ideológica de héroe, arropado con vestiduras monásticas, para darle a su personaje una fuerza más allá de la humana, así como el folclore popular, ensalza a personajes que con su heroísmo hicieron proezas para sí mismo, como Catarino y los rurales ya que dicen que este se curaba los balazos con saliva.

El héroe mexicano para que tenga cierta soldadura psíquica en el imaginario social, es necesario que se manejen imágenes sobre estos personajes, estas imágenes se alimentan míticamente, como por ejemplo, Benito Juárez, que era de raza zapoteca un indio pobre, que llegó a ser presidente, o bien en el imaginario local, un Chapo Guzmán, que de niño vendía naranjas y luego logró estar en el estrellato de la farándula, o bien en la lista de Forbes, estas y otras tantas escaramuzas heroicas dan lugar a lo heroico con lo cual unos y otros se identifican.

El héroe o ese resto de héroe, inaugura siempre una extraña presencia en nosotros, por ejemplo los que adoran a personajes de narco, la identificación es dual, por un lado temor y amor o bien lo que Lacan llamaba odiamoramiento, se puede decir que los sujetos que idolatran a esos héroes de paja colocan las virtudes del héroe, aunque tengan las manos manchadas de sangre, en virtudes desde su ignorancia, de ese modo muchos mexicanos carentes de esa función paterna soportable se inclinan a sujetos de paja que idolatran no sin que en el caso de varón aparezca un pequeño asomo homosexual.

“Los nadie, los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadie, los ninguno, los ninguneados, corriendo la libre, muriendo la vida”. Los nadie de Eduardo Galeano.

* Licenciado en Psicología y Doctor en Educación
Profesor e investigador

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