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Isaac Albéniz: su vida, su música

Por domingo 1 de mayo de 2011 Sin Comentarios

Por Juan Cervera Sanchís*

El mes de mayo fue decisivo para Isaac Albéniz. Nace el día 29 de dicho mes del año 1860 y muere el 18 de 1909. Su venida al mundo fue en Camprodón, Catalu­ña, España. Muere en el balneario de Cambó, Bajos Pirineos, Francia. Al morir apenas contaba 49 años de edad.

Fue un niño prodigio. A los cuatro dio su primer concierto en el Teatro Romea de Barcelona. El público, impresionado, lo aplaudió largamente y, a partir de entonces, se comenzó a hablar de él con viva admiración y asombro.

Dos años después, Albéniz, al que llamaban “El Niño Pianista”, es llevado a Paris. Su padre solicita su ingreso al Conservatorio. Se le declara inmaduro y se le considera demasiado niño por lo que no es admitido.

Regresa a Barcelona. Su padre, que se ha quedado sin trabajo en la aduana donde era administrador, hace una gira con Isaac y su hermana Clementina, al igual que él superdotada para la música, con lo que obtiene dinero suficiente para sacar a la familia adelante. Gracias a Isaac y Clementina no falta el pan en el hogar de los Albéniz.

Cuando Isaac alcanza la edad de ocho años su padre decide trasladarse a Madrid con su querido hijo y el resto de los suyos. Ahí logra que lo admitan en el conservatorio, aunque poco después el niño se escapa del mismo. Su padre opta por respetar la decisión de su hijo y recorre con él toda España. Isaac toca el piano en cafés y casinos y es admirado y aplaudido por toda clase de públicos. Durante ese viaje comienza a soñar con dejar España y conocer América. Consigue salir de la península Ibérica secretamente en un barco mercante.

Es así como desembarca en Puerto Rico. De ahí se traslada hasta Argentina. Actúa en Buenos Aires, donde causa admiración entre los melómanos. Viaja a Cuba, país del que se enamora, y donde suma y suma más y más éxitos. Visita Estados Unidos donde continúa cosechando triunfos. En 1880 llega a México, donde las clases ilustradas asisten a sus conciertos y se entusiasman ante su indiscutible genio.

Antes de todo esto Isaac Albéniz pasó mil fatigas, hasta el punto de que en más de una ocasión tuvo que dormir con su padre en la calle por carecer de medios y no poder pagar un cuartucho en un miserable hotel.

Tras aquel primer viaje por el Nuevo Mundo decidió retornar a Europa.

En Londres logra presentarse como pianista y le sonríe el éxito. Es contratado para tocar en Alemania. Ahí recibe clases de dos notables maestros: Jadassohn y Reinecke en Leipzig.

Un tanto agotado de ir de un lado para otro retorna a España. Tiene suerte. Recibe ayuda del conde de Morphy, quien consigue que el rey Alfonso XII le otorgue una pensión para que pueda estudiar en el Conservatorio de Bruselas. Allí estudiará durante tres años y obtiene el Primer Premio con Gran Distinción.

Posteriormente irá a Budapest, Wismar y Roma y vuelve al Nuevo Mundo: México, Cuba y Argentina.

En 1883 contrae matrimonio y radica en Barcelona donde era muy estimado.

En 1888 obtiene relevantes triunfos en la Exposición Internacional que se efectúa en Barcelona. Retorna a París y va de éxito en éxito dando conciertos por Inglaterra, Alemania, Austria… Vive en Paris y en Londres. En esta última ciudad se hace amigo del banquero Francis Money-Couts, quien por cierto, aunque parezca raro hoy, era poeta. Éste le designa una pensión a cambio de que le ponga música a libretos escritos por él. Fue así que Albéniz escribe sus mejores obras.

En 1906 se instala en Niza, Francia. Ahí escribe nuevas obras. Entre ellas su célebre Suite Iberia. Es a partir de entonces que se ve resquebrajada su salud. Se presenta por última vez en público en Bruselas el año de 1908. Un año después muere en Cambó. Fue una lamentable pérdida para la música. No obstante su prematura muerte, Isaac Albéniz, nos legó una extensa e importante obra.

Baste recordar sus zarzuelas “Catalanes de gracia” y “El anillo mágico”, por citar solo dos. No hay que olvidar, pues de hecho son inolvidables, su oratorio “Cristo” y “Serenata morisca”, su “Capricho cubano” y, naturalmente, sus cinco piezas llamadas “Cantos de España”, sus “Mazurcas de Salón”, sus “Pequeños valses”, sus “Caprichos andaluces” y tantas y tantas otras composiciones suyas.

Vivió en realidad pocos años, pero su obra fue abundante y magnífica y siempre nos seguirá acompañando con reiterado embeleso, pues embelesadora es la música de Isaac Albéniz.

* Poeta y periodista andaluz.

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