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Viernes de dolores

Por domingo 1 de mayo de 2011 Un comentario

Por Daniel García*

Ya casi para terminar este hermoso tiempo de cuaresma, en donde podemos convivir cara a cara con una de nuestras más hermosas tradiciones culturales, como la que admiramos al recorrer las calles de nuestras co­munidades: Los judíos, o la que nos ofrece el paladar al probar la ancestral capirotada; este singular platillo que desde tiempos inmemoriales nuestras madres y abuelas preparaban para continuar con la vigilia impuesta por la tradición católica de no comer carne.

Durante los viernes que dura este tiempo, al caminar por las calles, aun nos llega el olor tan característico de este platillo regional, cuando del interior de las casas emana tan señorial aroma, salido desde los apastes que hierven pletóricos con su miel de piloncillo, canela y clavo… El último viernes de cuaresma es conocido con el nombre de Viernes de Dolores, por ser dedicado a los siete dolores que padeció la Virgen Maria con la muerte de su hijo, este día se consagro a honrar de manera festiva el papel tan importante que tuvo la Virgen en la Pasión de Cristo.

Aquí en nuestra región es muy célebre esta festividad en la comunidad de Ocoroni, municipio de Sinaloa, donde se festeja a la Virgen de los Dolores con gran arraigo y tradición. Mi familia paterna es originaria de esta comunidad y desde que tengo uso de razón he asistido ininterrumpidamente a ella, así que este año me tocó llevar por primera vez a mi hija a que también ella sienta lo importante que es para nosotros esa celebración, junto con mi esposa Miriam y mi amiga Olivia, nos pusimos en camino hasta la antigua villa de Santiago de Ocoroni a celebrar el Viernes de Dolores.

Al llegar nos unimos a la algarabía de un pueblo que festeja su día de feria, nos encaminamos al vetusto templo y precisamente en ese momento llegaba la imagen de la Virgen de la procesión; venia cargada en andas, a la vieja usanza; en hombros, mientras las campanas de la vieja misión jesuita repicaban sin cesar. Después fue depositada en el crucero del templo para que la gente la “adorara” que en una interminable fila llegaba hasta ella para tocarla, darle un beso ó simplemente cubrirse con su manto. Cuantos recuerdos hacian fila en mi memoria mi abuela, mi Tetey, mi tia Maria Sofia, mi tia Chalita, doña Maria Bernal,mi tia Lenja, la Rica de Tino, cuantas personas, nombres, olores que evocan un solo nombre: virnes de Dolores.

Como cada año la Virgen estrena vestido para su fiesta, costumbre que por muchos años ha perdurado muy arraigada en Ocoroni.

Terminando el día, la Virgen vuelve a ser colocada en el nicho del altar mayor, donde pasa el resto del año.

Es verdaderamente un lugar que debemos visitar, no tenemos por que ir lejos, hay que darse un tiempo y conocer estos bellos rincones de nuestra geografía que nos proporcionan historia, cultura y recreación. Si va a Ocoroni, entre a su templo, admire la hermosa pintura de la Crucifixión de Cristo, digna de los mejores museos de Europa, pregunte por los lugares donde hacen pan, se lo recomiendo.

*Presidentre del Ateneo del Petatlán.

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Un Comentario

  • Olivia Ruiz dice:

    Muchas felicidades Daniel, por ti conocí esa bella tradición del Viernes de Dolores en Ocoroni, de donde te sientes tan orgulloso por encontrarse ahí tus raices paternas. Muy bonito escrito que traduce significativamente lo que eso representa para todos los moradores de esa comunidad. Un abrazo para ti y para La Voz del Norte.

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