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La Orquesta Falcón (1956-1966)

Por domingo 27 de febrero de 2011 4 Comentarios

Por Juan Manuel Véliz Fonseca*

Existen dos versiones del arribo de don Aniceto Falcón a Si­naloa de Leyva. La primera es la que nos platica Roberto Véliz Ruelas: “El maestro llegó por casualidad a este pue­blo, agarró el tren en Culiacán se bajo en estación León Fonseca y de allí se vino de “raite” a Sinaloa de Leyva. Sentado en una banca de la plazuela municipal, pasó mi hermano Librado y le pidió apo­yo de comida y donde dormir. Le preguntó ¿A qué se dedicaba y de dónde era originario? Y él le contestó que era maestro de música y que venía de la ciudad del Durango”. Mientras que Jesús Burgos Ruiz, quien fue su alumno y que actualmente es músico activo, nos platica lo siguiente: “El maestro era originario de Aguascalientes, había estudiado música en el Conservatorio Nacional de Bellas Ar­tes en la ciudad de México, su afición al alcohol lo hizo tomar rum­bos, primero llegó a la ciudad de Guamúchil, Sinaloa y formo la banda Santa Rosa. Un día efectivamente se subió al tren y se bajo en estación León Fonseca, (donde después regreso y formó una escuela de música de ahí surgió Tolentino Román Terrazas, quien fue representante de la banda Tropical). Un día menos pensado tomó rumbo y llegó a Sinaloa de Leyva y se fue directamente al palacio municipal pidiéndole el apoyo al presidente municipal que en ese entonces era Manuel de Jesús García. Cuando le estaban haciendo un oficio para que pidiera apoyo a las gentes del pueblo, el les dijo. “Yo no estoy acostumbrado a eso, soy maestro de músi­ca yo lo que quiero es trabajo”. Entonces Manuel de Jesús le habla a Librado Véliz Ruelas. Se ponen de acuerdo y en ese momento surge el proyecto de formar “una academia de música”. Enseguida lo alojan en el hotel de doña Eva Brambila, ubicado en la calle Ma­dero y Doctor de la Torre”. Interesadas las autoridades municipales en tener ocupados a los jóvenes de aquella época, los convocan a ser parte alumnos de la academia de música llamada Julián Carrillo y su director sería el maestro Aniceto Falcón. Luego le buscan un espacio en las instalaciones del palacio municipal, logrando reunir a más de 30 jóvenes de la cabecera municipal y lugares aledaños, con el fin de que aprendieran a tocar música.

¿Quién era Julián Carrillo? Gran maestro músico de fama inter­nacional. Nació en el año de 1875, en el pueblo de Ahualulco, San Luis Potosí. Sus padres fueron Nabor Carrillo y Antonia Trujillo. Realizó sus estudios en el Conservatorio Nacional de Música, en la ciudad de México. En 1930, organizó la Sinfónica del Sonido 13, en la que todos los instrumentos salen de la afinación convencional de semitonos. Murió en la ciudad de México el 9 de septiembre de 1965, sus restos descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres del panteón de Dolores.

Para la adquisición de los instrumentos se solicitaron présta­mos a gente pudiente de Sinaloa de Leyva, la cual respondió po­sitivamente y en agradecimiento se les regaló “una tocada”. Mu­chos de ellos no aceptaron el dinero que habían prestado, como Guilebaldo LLanes Heredia, Agapito Higuera, Eduardo Laura, Ig­nacio Escobar Rojo, y Sebastián Cota Paredes; de Máripa, Rosario “Chalo” Soto, de Los Melones, Roque Sandoval. Los instrumentos fueron comprados en la ciudad de México, a través del papá del doctor Isauro Vallejo Caballero. En cualquier evento social, velada o serenata estaba presente la Academia de música Julián Carrillo y su maestro Aniceto Falcón, que hacía pasar momentos agradables a los vecinos de la ex villa. Además el maestro no dejaba que ningu­no cobrara ningún cinco, ya que todavía eran alumnos. El maestro Falcón vivía en un cuarto por la calle Benito Juárez, donde, en ese tiempo estaba la Agencia de Minería y que hoy ocupa la mueblería de “Chuy Tapatía”. Una noche se acostó a dormir muy pasado de copas, siempre lo hacía con el cigarro prendido, entre sus dedos y, en un descuido, lo vence el sueño y se enciende con todo y cama, sufriendo quemaduras de consideración. Es trasladado a la ciudad de Culiacán por el presidente municipal Juan Bautista Obeso. A los días de ser internado y por la gravedad de las quemaduras fallece y es sepultado en la fosa común del panteón municipal de esa ciu­dad. Ante la muerte del maestro Aniceto Falcón su ausencia es cu­bierta por el también maestro de música Pomposo Gámez Sepúl­veda, originario de la comunidad de El Gatal, Sinaloa, quien había estudiado música en Los Mochis, Sinaloa, ya que contaba con un buen oído musical. Su presencia era necesaria ya que los alumnos de la academia de música estaban próximos a graduarse.

Fue un día muy esperado por todos los estudiantes, pues inició con más de sesenta alumnos y sólo quedaban quince. Fue una gra­duación con todas las formalidades, se realizó una misa, algunos eran parte del coro de la iglesia. Cada uno de los alumnos llevaba a sus padrinos. Por ejemplo, de Jesús Darío Burgos Ruiz sus padrinos eran la maestra Rosa Machado y Daniel Gámez Enríquez; Oscar Es­calante López llevaba de padrinos a Hilda Laura e Ignacio Escobar Rojo. La primera interpretación fue “Sentimientos” y se la tocaron al señor Rosario “Chalo” Soto, quien les regaló 300 pesos, le siguió “Río Rosa”, “Dos Almas Unidas”, “Morir por tu Amor”, “Recuerdo a Lola”, “Minuto en Jol” y otras. Ya después le siguieron interpreta­ciones musicales que fueron compuestas por don Aniceto Falcón como “Gabriel Leyva Solano”, “Aires de Sinaloa” y hubo Orquesta Falcón para rato. Alternó con la orquesta de Luis Ibarra de Gua­save, y participó, en el palacio municipal, con la artista del “Bastón de Cristal” Consuelo “Chela” Campos, con su versión de “Cariñito azucarado que sabe a bombón”. Ismael Osobampo, bailó con ella subiéndose al templete. De los miembros de la orquesta podemos contar a los siguientes: Librado Véliz Ruelas, Jesús Darío “Chuy” Burgos Ruiz, Rosendo “Chendo” Higuera, Salvador “Chavalo” Ló­pez Gutiérrez, Roberto “El Güero” López Gutiérrez, Manuel “Ma­nolo” López Cota, Rufino Ramírez, Oscar Escalante López, Jaime “Jaimito” Moreno, José Roberto “El Mono” Véliz Ruelas, Eduardo Beltrán Laura, Ismael “Lito” Osobampo, José Véliz, Mario Castro Moreno, y José Herrera Pérez. También fueron sus alumnos: doc­tor Isauro Vallejo Caballero, que tocaba el acordeón, José Antonio “El Malayon” Rodríguez, el bajo, se retiraron por cuestiones perso­nales. También me dijo Oscar Escalante lo siguiente: “Un servidor y (mi compadre), Jesús “Chuy” Darío Burgos, formamos una aca­demia de música que se instaló donde actualmente está la “Clínica Santa Rita”; él primero era maestro de práctica y “Chuy” Burgos, la teoría. De aquí surgieron otros músicos destacados, como: Fe­derico “El Compa Yico” Quintero, Octavio Ruiz, Francisco “Pan­cho” Rojo León, Anselmo “Chemo” Castro, los hermanos Miguel y Manuel “El Cuate” Valenzuela”.

Más de la mitad de sus integrantes se desempeñaban como empleados públicos y en otros oficios, esto hizo mella para que se desintegrara, por ejemplo: Rufino Higuera, Oscar Escalante López y Roberto “El Güero” López Gutiérrez, trabajaban en Correos; Ro­sendo Higuera, Mario Castro Moreno y “Manolo” López Cota, en Telégrafos; Librado Véliz Ruelas y José Véliz eran empleados de la Agencia de Minería; Jesús Darío “Chuy” Burgos, era agricultor en El Opochi y así todos sus integrante. Además, dice Oscar Escalan­te: “En aquel tiempo los empleados públicos trabajabamos en la mañana y la tarde, no había tiempo de recuperarnos del desvelo”.

LA HUELLA DE DON ANICETO FALCÓN

Es imborrable la huella que don Aniceto Falcón dejó en Sinaloa de Leyva, ya que actualmente existen un buen número de filarmóni­cos, que componen a grupos musicales, algunos siguen activos, unos retirados de la música, otros ya fallecieron. Sus hijos o nietos siguen alegrando corazones, en los bailes, serenatas o fiestas, gra­cias a aquella semilla que sembró don Aniceto Falcón.

* Profesor de la FCA/UAS

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