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LAS EPIDEMIAS EN SINALOA; LA FIEBRE AMARILLA DE 1883

Por martes 31 de marzo de 2020 Sin Comentarios

GILBERTO J. LÓPEZ ALANÍS

En esta circunstancia internacional de la pandemia por el Coronavirus 19 (COVI-19), que tanto afectó y afecta a la población del mundo, es pertinente recordar que en el año de 1883, la fiebre amarilla azotó las costas del Pacífico, desde Panamá hasta San Francisco, en lo que se refiere a Sinaloa fue tanto el impacto de esta epidemia, que se establecieron diversas medidas para contenerla mereciendo la atención de las autoridades federales, estatales y municipales, con cuarentenas en los puertos de Altata, Mazatlán y Guaymas, aparte de ciudades como Hermosillo.

Antes de seguir con el tema es pertinente señalar que la fiebre amarilla la describe Finlay de la siguiente manera: “La fiebre amarilla (vómito negro, fiévrejaune, typhusamaril, typhusicterode, haemogastricpestilence, gelbesfieber, yellowfever, fiebre gialla, febris flava) es una enfermedad infecciosa aguda y contagiosa, caracterizada clínicamente por fiebre, albuminuria, hemorragias, hematemesis o vómitos negros e ictericia. Como endemia duradera no se observa sino en ciertas localidades de las costas del Atlántico o en las islas de la América tropical y en África, pero a beneficio del tráfico por mar y tierra, puede ser transportada a otras regiones que no estén muy elevadas, con relación al nivel del mar, y cuya temperatura se mantenga entre 20 y 30 °C.».

Pinckard, médico inglés que la padeció en 1806, relató su propia experiencia como: “la luz era intolerable y las pulsaciones de la cabeza y los ojos eran sumamente dolorosas, produciendo la sensación de que 3 o 4 garfios estuvieran enganchados en cada globo ocular y una persona detrás de mí, los hundiera en la cabeza arrancándolos de sus órbitas, las pantorrillas daban la sensación de que unos perros las royeran hasta el hueso, ningún sitio, ninguna posición, daba un momento de respiro”.

Es de larga presencia en nuestro continente. Existen registros de la existencia de este mal desde antes de la conquista española y se le relaciona con la extinción de grandes grupos de habitantes, como la desaparición de los pueblos mayas en el sureste mexicano.

Para esta colaboración en La Voz del Norte, utilizo información derivada de la consulta al archivo profesional del Dr. Ramón Ponce de León que existe en comodato en el Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa y otras informaciones como la de Javier E. García de Alba García y Ana L. Salcedo Rocha (2006), que publicaron con el título “Fiebre amarilla en Mazatlán, 1883”. También la de José Herrera Félix (2010), “Cuando la muerte tuvo alas. La epidemia de Fiebre Amarilla en Hermosillo (1883-1885)”, agregándole “Colonialismo, trasiegos y dualidades: la fiebre amarilla” deJosé Tuellsa y Paloma Massóc (2007).

Las noticias sobre esta epidemia circulaban desde principio de año en los puertos del Pacífico, fueron tan alarmantes que el 12 de marzo de 1883, se estableció la Junta de Sanidad de Altata, bajo la vigilancia del ayuntamiento de Culiacán. Esta Junta tuvo como presidente a Tomás Gómez, como secretario a Manuel Yribe y como miembros a Francisco Aranzubia, L. Lémoris y al Dr. Ramón Ponce de León.

El Dr. Ramón Ponce de León, mantuvo comunicación con la Secretaría de Fomento, Colonización, Industria y Comercio de México, la cual lo comisionó el 8 de agosto, para realizar investigaciones científicas sobre la epidemia de la Fiebre Amarilla.

Para el 30 de agosto de 1883, en Mazatlán se encontraron afectadas 4,000 personas y el fallecimiento de la cantante de ópera, Ángela Peralta, causó una gran conmoción en el puerto; es posible que la cantante ya viniera afectada por su estancia en Hermosillo o en otros puertos que tocó en su gira, así que su fallecimiento impactó a todos los niveles, por su prestigio internacional. Noticias de tal desastre fueron publicados en La Voz de Hipócrates de 1883, por medio de telegramas que intercambiaron las autoridades sanitaras, desde agosto a diciembre de ese año. Transcribo el contenido de uno de los telegramas para sentir la sensación de temor que reinó en el puerto de Mazatlán.

“Compañía de Opera. Son tan frecuentes las investigaciones que por el telégrafo se vienen haciendo respecto de las personas que componían la compañía de ópera italiana de nuestra nunca bien sentida e irreparable diva Ángela Peralta, que creemos prestar un servicio publicando la lista nominal de los que han muerto y de los que hasta la fecha se han salvado. De treinta y ocho individuos que componían dicha compañía se enfermaron 35, habiendo muerto los siguientes: Sra. Ángela Peralta de Montiel, Maestro Director Sr. Pedro Chávez Aparicio, Tenor Absoluto Sr. Fausto Belloti, Tenor Primero Sr. Pánfilo Cabrera, Contador Sr. Agrícola Armendáriz. Del coro: Sra. Sofía González de Corona, Sra. Petra Escalante, Sra. Jovita Salinas, Sr. Félix López, Sr. Enrique Ruiz y Campa, Sr. José Loreto. Maquinista Sr. Eusebio Valencia. Sastres Sr. Juan Zamora, Sr. Carlos Zamora. De la orquesta, Sr. Santos Herrera. Se salvaron embarcándose para San Blas (19) en el Pailebot «Náufrago», que llegó el día 8 del corriente los siguientes: Bajo, Sr. Aurelio Machorro, Del Coro: Sr. Pascual Galván, Sr. Evaristo Salina y una niña, Sr. Jesús Espinosa, Sra. Concepción Santos, Sra. Francisca Méndez de Ruiz, Sra. Dolores López, Sra. Trinidad Balderas. De la Orquesta: Sr. Refugio Urseti, Sr. Francisco González, Sra. Josefa Crespo y un niño que salieron para Durango. El Sr. Manuel Preciado se embarcó para Guaymas. Permanecen en Mazatlán sin poder salir a ningún rumbo los que siguen en convalecencia ya. Sra. Antonia Antonietti, soprano; Sra. Guissepina Zeppilli de Villani, Contralto; Sr. VincenzoVillani, barítono; Sr. Clemente Bologna, bajo; y su Sra. Esposa; Sr. José Rivas, Violín concertante; y Sr. Ismael Corona, apuntador. Del Coro: Sr. Francisco Servín de la Mora. Manuel Lemus. Administrador: Jaime Germa, Representante de la Compañía, Sr. Julián Montiel y Duarte.”

De los 4,000 afectados en Mazatlán fallecieron 2,541 o sea el 16 % de la población; de Mazatlán la Fiebre Amarilla llegó a Guaymas y de ahí se prolongó a Hermosillo donde fallecieron 500 personas.

En Culiacán se estableció una Comisión Sanitaria, integrada por el Dr. Ruperto L. Paliza como Presidente, al Sr. Antonio Moreno como Secretario y al Dr. Ramón Ponce de León como Vocal, en septiembre de 1883.

El 23 de septiembre, la Junta de Sanidad de Álamos, Sonora solicitó a la de Culiacán, diagnósticos y consejos médicos de cómo combatir a esta epidemia, a lo que respondió el Dr. Ramón Ponce de León, como experto y combatiente de eta epidemia.

De la experiencia obtenida, al observar y combatir científicamente esta epidemia que tuvo gran impacto en el noroeste mexicano, el Dr. Ramón Ponce de León, recibió, el 8 de octubre de ese año, solicitud de consulta del gobernador de Sinaloa, Mariano Martínez de Castro, para mantener la campaña de prevención ya establecida, con la posibilidad de mantener la cuarentena en el puerto de Altata.

Para el 12 de octubre de 1883, el Ferrocarril de Occidente conocido como El Tacuarinero, sirvió para los traslados de utensilios y personal para mantener la cuarentena de Altata y estar al tanto de los buques que atracaban y revisar a los marineros y pasajeros.

Dos años más tarde en 1885, el Dr. Ramón Ponce de León envió al Dr. Manuel Carmona y Valle funcionario de la Secretaría de Salud del Gobierno Federal evidencias de cómo se combatió al Fiebre Amarilla en Sinaloa.

Esta colaboración, tiene como propósito recordar que en Sinaloa, hemos sufrido estas epidemias, las hemos combatido y en esa actividad han puesto su esfuerzo hombres y mujeres, de una manera organizada, en este caso, destaco la vocación del Dr. Ramón Ponce de León que desde el aula del Colegio Rosales y las Juntas de Sanidad municipales nos dejaron un ejemplo de cómo combatir, estos males que tanto inquietaron a los sinaloenses.

Director del Archivo Historia de Sinaloa

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