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FERVOR RELIGIOSO EN QUILÁ

Por sábado 15 de febrero de 2020 Sin Comentarios

SERGIO UZÁRRAGA ACOSTA

El término “Quilá” es de origen náhuatl. Proviene de “quilitl,” que al castellanizarse se pronuncia “quelite,” y de la palabra “a,” que significa agua o río. En conjunto se puede traducir como “quelites en el agua o en el río,” y alude a la abundancia de hierbas comestibles en los alrededores de esta población. Habitado por indios lacapaxas, a fines de marzo de 1531, procedentes de un pueblo distante dos leguas (ocho kilómetros) de Cihuatán los españoles llegaron a Quilá. Lo calificaron como un “muy buen pueblo,” y dijeron que las casas estaban tan juntas como las de México. Algunos indígenas les hicieron la guerra, hirieron en un brazo a Gonzalo López, el maestre de campo, y se puso muy mal porque, según parecía, la flecha estaba emponzoñada. De aquí pasaron a Aquinola, y después rumbo a Culiacán. Siendo un pueblo indígena, no se sabe cuándo Quilá se convirtió en población española.

En 1582 tenía el repartimiento de Quilá Simón de Arroyo, y es probable que él haya sido de los primeros pobladores europeos permanentes. Estaba casado con Cecilia de Ovando, y procrearon un hijo que se llamó Jesepe de Obando. Él fue, según se sabe, el primer hijo de vecino, nacido entierra colulteca, de quien se tiene noticia que desde niño se inclinó a pertenecer a la iglesia. Se dedicó a cantar misa en ese tiempo en que hacían tanta falta quienes ejercieran ese cargo, y esto tuvo que ver para que posteriormente en Quilá se practicaran las ideas católicas con fervor.

Ubicado en la margen derecha del río llamado Cihuatán y distante 12 leguas (48 kilómetros) de su desembocadura en el mar, el pueblo de Quilá era visitado, desde la villa de Culiacán, por el viudo Andrés de Arroyo, hermano de Simón de Arroyo, y visitas como estas provocaron que cada vez más se fueran asentando personas mestizas. Predominaban en ellos las ideas católicas, y en 1602, por su importancia como población, hizo su visita a Quilá el obispo Alonso de la Mota y Escobar. En este tiempo el pueblo contaba con “ocho vecinos de encomendero […]. ”Según testimonio del obispo, los indígenas de los alrededores de Quilá, que eran muchos y no entraban en los censos, se dedicaban a alguna pesquería, a la siembra de maíz, a la crianza de aves, y a gozar de sus frutales.

Como Quilá era un pueblo eminentemente religioso, a finales del siglo XVII se fundó ahí la Cofradía de la Señora de la Limpia Concepción, y siendo un lugar en donde la naturaleza ofrecía a sus habitantes muchas riquezas, las autoridades eclesiásticas vivían cómodamente gozando del poder económico con el que contaban. En 1788 la Cofradía de la Limpia Concepción tenía 360 cabezas de ganado mayor, nueve yeguas, dos potros, un caballo garañón, 14 caballos mansos, dos burras y 3 mulas.

En 1791 era protector de los indios de San Pedro de Quilá el licenciado Pablo Verdugo y Chávez. En 1793 era receptor de alcabalas, bulas, estanquero de vino mezcal y tabaco de Quilá el señor Eusebio Cárdenas. Su esposa era María Isidora García, y formaban una de las familias principales de este pueblo. El 24 de junio de 1795 el bachiller José Mariano Martínez de Castro, encargado del curato de Quilá, promovió la fundación de la Cofradía del Divino Sacramento. Para este fin, con cooperación de la vecindad, logró reunir 70 vacas, y con esto la organización fraterna ya contaba con fondos suficientes para comenzar labores y lograr las obras que sus integrantes tenían en mente realizar.

El 10 de febrero de 1796 se casó José María Martínez de Castro con María Dionisia Cárdenas, y formaron también una distinguida familia. Él tenía un hermano llamado Carlos Martínez de Castro, que se desempeñaba como subdelegado de Culiacán en Quilá, y con frecuencia viajaba de un lugar al otro. En mayo de 1798 se instauró en Quilá la Cofradía del Sagrado Sacramento que hacía tiempo estaba promoviendo el bachiller José Mariano Martínez de Castro, y el fervor religioso entre el común de la gente del pueblo creció considerablemente. A diferencia de otros lugares, en Quilá los habitantes estaban fielmente unidos por sus creencias religiosas.

El 21 de enero de 1801 la iglesia de Quilá se segregó de la parroquia de Culiacán, y recibió mucho apoyo del obispo Francisco de Jesús Rouseet. Después de su muerte lo siguió recibiendo de parte de sus sucesores, especialmente de fray Bernardo del Espíritu Santo quien, el 14 de febrero de 1825, procedente de la ciudad de Culiacán, y bastante enfermo y achacoso, llegó al pueblo de Quilá a hacer su santa visita. Aquí, debido a las fatigas que tuvo por el camino, se quebrantó más su salud. Muchas personas de respeto, poniéndole a la vista los gravísimos daños que se seguirían a la diócesis con su falta, le suplicaron con insistencia que regresara a la ciudad de Culiacán y dejara para otro tiempo su viaje hacia el sur del estado, a donde se dirigía. No lo convencieron, y el 7 de marzo continuó su viaje. Estando enfermo de gravedad en San Sebastián (actual Concordia) donó 2000 pesos para que se repartieran a los pobres de Quilá, y murió el 23 de julio de 1825.

En 1845 era vecino de Quilá el señor Teófilo Seyffert, natural del reino de Prusia. Era un extranjero que servía a las autoridades del estado, y siendo amigo de altos funcionarios como Rafael de la Vega y Pomposo Verdugo, bajo su protección hizo negocios. Habitantes como él recorrían, de ida y venida, el camino hacia Culiacán. Por estar cerca de la capital del estado, en Quilá se daba mucho movimiento entre yentes y vinientes.

Se tiene noticia que en 1869 Quilá contaba con 458 habitantes, y en este año era cabecera de la municipalidad. En tiempo de lluvias bajaba la movilidad de gente en la población, pero en los campos agrícolas de los alrededores había mucha actividad realizada por gente trabajadora. El movimiento agrícola fue aumentando, y en 1877 Eustaquio Buelna dijo que el pueblo de Quilá era de un gran porvenir por la excelencia de sus tierras y que ya existía el proyecto de regarlas con una toma de agua.

Al llegar el año de 1881 el tesorero del ayuntamiento de Culiacán iba a pasar a Quilá a recoger el archivo, muebles y algunos enseres pertenecientes a la administración anterior encabezada por el alcalde Cecilio García y el secretario Francisco García. Cuando ellos estuvieron al frente de la administración hubo malos manejos de los fondos públicos de parte del receptor de rentas Ángel Araiza, y aunque ahora ocupaba el cargo otra persona, heredó deudas generadas por sus antecesores. En febrero de este año se le tenía que pagar, por sueldos vencidos, 92 pesos con 27 centavos a Miguel Paredes, y así estaban apareciendo dificultades económicas que las nuevas autoridades a veces no podían cubrir.

BIBLIOGRAFÍA

Buelna, Eustaquio: Compendio histórico, geográfico y estadístico, Culiacán, Sinaloa, México, Editorial Culiacán S. A., 1978.

Catálogo de actas de cabido, tomo II, Culiacán, Sinaloa, México, Instituto La Crónica de Culiacán, 2008

De la Mota y Escobar, Alonso: Descripción geográfica de los reinos de Nueva Galicia, Nueva Vizcaya y Nuevo León, Guadalajara, Jalisco México, Instituto Jalisciense de Antropología e Historia, 1993.

García Icazbalceta, Joaquín: Colección de documentos para la historia de México, tomo II, México, Editorial Porrúa, 2004.

Olea, Héctor R: Los asentamientos humanos en Sinaloa, Culiacán, Sinaloa, México, Universidad Autónoma de Sinaloa, 1980.

Ruiz Martínez, Esteban: La villa de Culiacán en el siglo XVIII: demografía, economía y sociedad, Culiacán, Sinaloa México, La Crónica de Culiacán, 2006.

HEMEROGRAFÍA

Regeneración de Sinaloa,

La Siglo Diez y Nueve,

El Sol, El

* Maestro en Historia del Arte en la UNAM

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