Nacional

UNA NOCHE DE FLAMENCO EN CULIACÁN

Por domingo 30 de septiembre de 2018 Sin Comentarios

MARIO ARTURO RAMOS

Todavía olía a la intensa tormenta otoñal del 21 de septiembre en el Estado de Sinaloa, que tantos daños causó y en el legendario escenario culiacanense: Cucara y Macara, que fue morada del dramaturgo Oscar Llera-TATUAS-, se presentaba Adelita Ibarra, con el grupo:” Ensamble Flamenco”, integrado por el cantor español, Pedro Mario Diaz, el guitarrista jalisciense Fernando Martínez, y la bailaora Cecilia Gómez, veracruzana y Mirlo Páez (danza española). Unos días antes al desembarcar del corcel con llantas, en Culiacán, después de un largo recorrido, mi hijo mayor, me informó del evento poniendo énfasis en la figura principal del espectáculo dancístico, -abogada de profesión y bailarina de corazón- con la cual había compartido aulas en la carrera de Derecho en la UAS. Con vehemencia dijo: no podemos perdernos su actuación con su grupo. Confieso que me tomó por sorpresa la invitación de mi heredero, deben comprender que en una tierra donde predomina la música de banda y grupos norteños- denominados de manera simpática por algunos lugareños como chirrines, creo que por el sonido chirrín, chirrín del bajo sexto- y claro donde también confluyen otras expresiones musicales, participar como público en una noche flamenca me llenaba de sana curiosidad. Al llegar la noche y mientras en las calles de la ciudad de los Tres Ríos las muestras de solidaridad de la sociedad civil con los damnificados se desbordaban de forma masiva, llegamos al Teatro/café, en medio de una tenue obscuridad, destacaba un escenario rustico, pero para sonar a tono, bien plantao. En escena la guitarra y la voz de Fernando y Pedro Mario, abrieron la función con bastante acierto, interpretando la expresión musical del sur de España, que es una fusión del arte árabe, judío, gitano, andaluz y, que en México tiene una buena legión de seguidores. La conjunción de los acordes guitarrísticos, los golpes de las palmas de las manos y la voz, inmediatamente arrancó el aplauso de los asistentes.
En seguida la “Gracias Flamencas”, Adelita y Cecilia, se adueñaron del escenario convertido en Tablao. Tengo la impresión de que el flamenco y nuestro huapango son parientes, el golpe o taconeo de las bailadoras a mi juicio, como en el son huasteco cumplen la función no sólo de aportar elementos sino también de producir un sonido que cumple cabalmente con en el de la percusión. Por lo tanto, en el ambiente artístico del viernes la sensación estética era plena. La velada atrapó la noche, el Ensamble flamenco tenía un nuevo compromiso al día siguiente en el restaurante La Bohemia, del puerto de Mazatlán , donde se integrarían Laura Niebla, María Luisa Valdez, integrantes de la agrupación “Coalición flamenco 2018”, entonces llegó el momento de despedirse, de felicitar a los artistas y pactar una cita para el lunes siguiente, para una charla mañanera con la bailaora principal, directora, organizadora, promotora, Adela Ibarra Ramírez, dueña de una amplio historial que compartimos con los lectores de La Voz del Norte. Nació en Culiacán Sinaloa, a tempana edad comenzó sus estudios de danza con la maestra Alicia Montaño en el lugar que la vio nacer. A los ocho años ingresó al estudio de Jorge Serrano, donde tomó clases durante 16 años de danzas polinesias, folclore, danza española, tap, árabe y jazz. Al recibirse como licenciada en Derecho se trasladó a la enigmática Ciudad de México, que en esos años se llamaba Distrito Federal; en la megalópolis ingresó a estudiar danza flamenca, pasión que confiesa marcó su destino y la motiva a entender esta manifestación como una actividad inclusiva que le permite realizarse, generar oportunidades, para seres que tienen habilidades para desarrollarse en su estado fomentarla, despertar el amor por ella. Cuenta que los docentes que han marcado su camino son: Roxana Nadal, Jorge Noriega, Marien Luévano Ricardo Osorio, Manolo Vargas, Rosario Contreras, Isabel Treviño, Marcela Morin y Mercedes Amaya, “la Winy”. ¡Claro! Destaca en su currículo ser alumna de los maestros y bailaores hispanos: Úrsula López, Rafaela Carrasco, “Ferruquito” Nino de los Reyes, “Farru”, Carmen Ledezma, Antonio Canales, Alfonso Loza, Juan Paredes, Karime Anaya, con acento firme agregó, debe contar la admiración que le tengo a Pilar Rioja, a ella le debo una buena parte de mi pasión a la “Winy” Amaya , que es sobrina de Carmen Amaya quien es fundamental en su aprendizaje y respeto al flamenco puro, a La Morris y a tantas otras que han dejado la vida en los tablaos con gracia, donaire y talento. El aroma del café inundaba la mesa donde se desarrollaba la plática, entonces había que preguntar ¿escenarios donde has llevado tu baile? R.- en el Festival Sinaloa 2016, donde trabajé en los Municipios de San Ignacio, Elota; tablaos flamencos, ferias, CENART, Teatro de la Danza y fuera de nuestras fronteras en el Festival Mexican Fiesta, en Milwaukee, Wisconsin, entre otros … Se acercaba el final de la entrevista y como no inquirir sobre su objetivo ¿el arte como tarea social?, R.- considero que es el otro lado de la balanza, la antítesis de la barbarie, por eso pienso que formar agrupaciones como Almería, grupo del cual soy directora, no sólo permiten realizarme, sino que complementa la labor de integrar al grupo o a las funciones a otros bailaores, cantores ejecutantes de diferentes rumbos y naciones que tenemos el mismo plan, abrir oportunidades, recorrer la legua- como este viernes y sábado- donde no sólo he encontrado a viejos amigos, sino que han participado artistas que no estaban en el programa, en un final espontáneo, rico en expresión. Desde luego mi profesión de abogada, permite que entienda de manera cristalina, que toda expresión artística obliga a comprender cabalmente las necesidades ocupacionales que necesita la población, sobre todo niños y jóvenes, para encontrar horizontes diferentes a la violencia y creo que el arte, en gran medida es una alternativa que hay que cultivar como opción. Me dejó un agradable sabor de boca, la actuación de Adelita y el Ensamble Flamenco, el diálogo mañanero, pero sobre todo la disposición de la “Gracia Flamenca”, para continuar su tarea es escenarios famosos o no tan. Al despedirnos su sonrisa sonó a castañuelas y zapateo y le agradecí a Dante, permitirme disfrutar de una noche de flamenco de Culiacán y entrar en contacto con una bailarina sinaloense que promueve, disfruta y desarrolla la danza.

* Autor e investigador

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