Nacional

Hablando de mujeres

Por jueves 15 de marzo de 2018 Sin Comentarios

“Sabed que a la distra mano de las Indias vuo una isla
llamada California, muy llegada a la parte del Parayso terrenal,
a la qual fue poblada de mujeres negras, sin que algún varon entre ellas vuide,
que cafi como las Amazonas era fu eftilo de vivir.
Ellas eran valientes cuerpos y esforzados y ardientes corazones y de grandes fuerzas.”
Las sergas de Esplandian

CLAUDIA G. CHÁVEZ

Viajo todos los días durante cuarenta y cinco minutos del pueblo donde vivo a Cabo San Lucas, BCS para ir a trabajar. El autobús siempre va lleno de turistas, de todas las edades, al principio casi no me preocupaba por platicar con nadie, porque el mar llenaba toda mi atención durante el camino, ver tan cerca las olas estrellarse, descubrir cada día un azul diferente, o disfrutar ese inmenso espejo cuando el sol está intenso. Claro que los días nublados son mis preferidos.

En uno de esos días me tocó sentarme al lado de una extranjera de color, muy jovencita, delgadita que venía desde Tijuana. En su mocho español me pregunta si falta mucho para ¨Los Cabos”. Le conteste que en menos de una hora llegábamos. Sus rasgos eran muy interesantes, su piel era muy morena, pero ceniza, sus ojos almendrados en medio de unas abundantes pestañas, una nariz muy fina, pómulos pronunciados y boca regular.
En mi mocho inglés le pregunté de donde era y para mi sorpresa me dijo que de Alemania, que ahí había nacido, pero sus padres eran de la India. A nuestra manera conversamos, y nos entendíamos muy bien. Me contó que estaba estudiando en Monterrey en el Tec, con una beca que le dieron en su país. Fue a Tijuana a unas competencias y estando allá, quiso aventurarse sola a conocer “Los Cabos”.
-¿No te da miedo andar sola? Eres muy joven
-No, here the people is very nice.
Al llegar a San Lucas, me pregunta que si donde puede tomar un taxi para la marina, quería conocer a donde todo mundo quiere ir cuando llega a Cabo San Lucas: al arco. Nos despedimos con una sonrisa, le dije: disfruta el mar y ten cuidado. Ella me contestó: you too.
Otro día, en otro autobús, me senté  junto a una señora mayor, que venía del “Otro lado”, iba a ver a un hijo a San Lucas, ahora me tocó a mí el interrogatorio:
¿de dónde eres? ¿Cuánto hace que vives aquí? ¿No te da flojera ir y venir todos los días hasta acá para ir a trabajar? ¿A qué hora sales? ¡Tan tarde llegas a tu casa! ¡Ten mucho cuidado!
Uno de esos días el autobús llegó tarde al pueblo, no sabía si iba alcanzar asiento porque venía muy lleno, al fondo encuentro uno y le pregunto a la que pensé que era un niña, muy chaparrita, y muy delgada: “¿está desocupado el otro asiento a su lado?, me dice que sí. Me pregunta si falta mucho para San José del Cabo, le contesto que como dos horas.
-¡Dos horas todavía! Uufff me vine en el ferri, llegamos amaneciendo y hasta las nueve nos bajaron del barco, es la primera vez que vengo para acá, pensé que estaba más cerca.
Se remolinea cansada en su asiento y yo me pregunto de donde será esta muchachita, tiene un acento muy del sur. Inicio como siempre la conversación con preguntas, que para estos lados es muy normal. ¿Qué te trae por estos rumbos, vienes a conocer?
-No. Vengo a trabajar, aquí están unas primas que trabajan en unos hoteles y me animaron a venirme porque dicen que aquí hay mucho trabajo y dan buenas propinas.
-¿Cuántos años tienes?
– Tengo diecinueve. ¡En serio! Pareces mucho más chica. Le pregunto de dónde es, y me dice que de Oaxaca. De repente le entra una llamada a su celular y al contestar no lo hace en español, lo hace en lengua indígena. En medio de su conversación, voltea y me pregunta en español: ¿dónde vamos?, le dije que íbamos saliendo de Todos Santos. Su interlocutor y ella conversan animadas, me pongo a imaginarme su conversación porque no entiendo ni jota de lo que le dice, me imagino, que le cuenta del Ferri, su cansancio de tantas horas de viaje, pregunta cómo será su trabajo, si las trata bien el patrón, luego cuenta algo de su pueblo, sin trabajo, y aun así, apenas salió y ya lo extraña. Y es cuando yo empiezo a recordar mi tierra, a mi familia, mis amigos, mi casa, el calor terrible de todos los años, la carne asada, el bacanora…
Llegando a San Lucas me despido de la muchachita, le deseo buen viaje, y que ojalá todo le salga bien y ella me  contesta ¡Que le vaya bien señora, cuídese! En otra ocasión una señora que era de La Paz, y viajaba tres veces por semana a vender “shores” a las playas de Cabo San Lucas, al sentarme con ella, me preguntó:
-¿Vives en este pueblo? ¿A dónde vas? -Si, aquí vivo y voy a San Lucas.
-¿Eres de Sonora?
-Sí, ¿Cómo supo qué era de Sonora?
_Por como hablas. Yo soy paceña. ¿Te gusta la “Baja”? ¿Verdad que está bonita la “Baja”? ¿Por qué te viniste a vivir para acá? ¡No andes muy tarde sola, aquí en Los Cabos se está poniendo la cosa fea!
Al bajarnos nos despedimos y me volvió a repetir la frase que continuamente escucho y siempre por mujeres: “Cuídate mucho”.

*Escritora sonorense

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