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Médico y Poeta Enrique González Martínez

Por martes 15 de marzo de 2016 Sin Comentarios

Por: Juan Manuel Véliz Fonseca

medico y autorSus vivencias y recuerdos en la legendaria Villa de Sinaloa de 1898 a 1905.

En 1992, el profesor José Román Rubio López y un servidor viajamos a la ciudad de México donde asistiríamos a un congreso nacional del PRD. Allí nos encontramos con nuestro paisano el Lic. Enrique Rojas Bernal; luego nos presentó con el poeta Enrique González Martínez Arthur. Este, gustoso, nos saludó con mucho afecto y nos dijo que se sentía muy conten-to “por saludarnos y por ser de la tierra donde nació mi abuela y mi padre. Soy Enrique González Martínez Arthur, y soy el tercero de los poetas” es decir su abuelo, Enrique González Martínez; su padre, Enrique Gon-zález Rojo.

Nos comentó que se estaba escribiendo un libro, una antología que se llamaría “Los tres Enriques”.

Al parecer lo publicó la Universidad Veracruzana y lo preparó Alicia Torres. Siguiendo con González Martínez. Su lugar de origen era la ciudad de Guada-lajara, Jalisco, hijo de José María González y Feliciana Martínez. Egresado de la escuela de medicina en 1893 obtuvo el título de cirujano y partero.

Al estado de Sinaloa arribó jun-to con sus padres en el año de 1895. Pri-mero arribaron por tierra, en diligencia a Mazatlán, luego de permanecer más de una semana en el puerto, se enfiló por agua en un vapor denominado “El Limantour”. Luego en el puerto de Alta-ta, abordó el tren “El Tacuarinero” en el que llegaron a la ciudad de Culiacán.

Establecidos ahí su padre, de oficio profesor, venía a hacerse cargo de la dirección de un Colegio que estaba por terminar. Al doctor González Martí-nez no le va muy bien en la capital de estado. A pesar de la negativa de su madre la convence de trasladarse más el norte y escoge la cabecera del distrito de El Fuerte, donde exista gran prosperidad entre sus habitantes. Aborda la diligen-cia que recorría aquel viejo camino real desde Culiacán hasta El Fuerte.

A mitad del viaje, tenía que pa-sar y descansar por más de una hora en la Villa de Sinaloa, cabecera del distrito del mismo nombre. Su llegada era al hotel de postas que se encontraba en el centro de la ciudad donde lo esperaba un paisano de nombre Victoriano Brambila Colmenares, quien lo invita a pasear en su coche por aquella arboleda de álamos que bordeaban las riberas del rio Petatlán.

Luego, por el centro de la ciudad, mientras continuaba su viaje en la diligencia. Nos narra el propio González Martínez: “Al desembocar en la primera calle, apareció en la puerta de su casa una maravillosa mujer, una muchacha de diecinueve años, a cuya vista todo mi ser se estremeció”.

Ella se llamaba Luisa, “La que me dio la paz”. Escribía González Martínez: “Yo no conocía siquiera el nombre de aquella ciudad; y, sin embargo, me di cuenta de que mi felicidad y mi vida entera estaban allí”. Pués llegó la hora de partir hacia la ciudad de El Fuerte, mientras que su amigo Victoriano Brambila le propone que se quede en la villa de Sinaloa, ya que el doctor Luis G de la Torre había aceptado un contrato con una compañía minera en San José de Gracia y en ese momento no había facultativo en la ciudad. Con todas esas consideraciones aborda la diligencia hacia El Fuerte pues tenía un compromiso en esa ciudad.

En su tránsito hace las valoraciones que le había hecho su amigo como la que era más conveniente quedarse en la Villa de Sinaloa. Estando en El Fuerte un amigo le hace propuestas halagadoras para que se quedara. El doctor González Martínez le cuenta de la hermosa dama que había encontrado en la villa de Si-naloa: “Que al verla había quedado enamorado de ese par de lindos ojos”, entonces el fuertense le contesta y le dijo: “Si regresa allá se quedará” y así fue: el 26 de noviembre de 1898 se casa con María Luisa Rojo Fonseca. Ella era hija de Maximiano Rojo y Mariana Fonseca. La boda se celebró en la iglesia de San Felipe y Santiago, de la cual expresaba “Es una parroquia en-vidiable”.

Fue la Villa de Sinaloa donde se inició en la política de 1898 a 1900 fue vicepresidente del ayuntamiento, en 1901, regidor del ayuntamiento y se daba tiempo para atender a sus pacientes que se extendía hasta el distrito de Mocorito y de escribir poesías. Estableció una fuerte amistad con el propio doctor Luis G de la Torre que también escribía poesía (en 1906 le fue impreso en los talleres tipográficos de “La Voz del Norte” un folleto que contiene una larga composición poética), y que junto con él organizaban tertulias con la familias de esta localidad.

Establecido y casado en esta población el galeno expresaba de las gentes de la Villa de Sinaloa: “Sin vanidad puedo asegurar que no he carecido nunca del don de gentes y que sé amoldarme al medio sin gran-des esfuerzos de mi parte; pero sería injusto dejar en silencio que lo que más contribuyó a sentirme a mis anchas en aquel apartado lugar, fue el carácter de su vecinos. Había en La Villa de Sinaloa una sociedad fina a la vez elegante y sencilla.

En contraste con otras poblaciones que no quiero mencionar, las costumbres de todas las clases sociales porque había clases eran irreprochables. Para convivir con aquella gente, no fue menester violencia mía de ningún género; una franca amistad, una comprensión recíproca se estableció en los primeros días entre mis clientes y yo, y en aquella humilde posición de médico de pueblo, dispuesto a trabajar sin descanso, me sentí satisfecho, casi feliz”. En esta villa de Sinaloa nacieron sus hijos: Enrique, María Luisa, Héctor y Jorge.

En 1905, el día 12 de septiembre fallece su hijo menor, Jorge de un año 4 meses. Es a finales de ese año cuando el doctor Enrique González Martínez se va de la Villa de Sinaloa a vivir en la Villa de Mocorito. En pláticas con José Ángel Gómez Mora, cronista vitalicio de Sinaloa de Leyva, su cambio puede obedecer a tres cosas: “una, poder publicar sus libros de poesía ya que allí había imprenta; dos, su participación en la política; tres, dirigir “La Revista Arte”. En julio de 1906, es electo diputado federal suplente por el primer distrito del es-

tado de Chihuahua, desde 1906 a 1909 ocupa el cargo de prefecto político.

En 1910 ocupó el cargo de secretario de gobierno de Diego Redo, en los precisos momentos que se ordenó la aplicación de la “Ley Fuga” al profesor Gabriel Leyva Solano. Nos narra su nieto de un diálogo que escuchó. Una vez le acusó de reaccionario José Vasconcelos y mi abuelo le contestó: “Mira, Pepe, tú empezaste como revolucionario y ahora eres un cochi-no reaccionario, en cambio yo empecé al revés.

De cochino reaccionario me convertí en revolucionario, murió siendo de izquierda”. Su trabajo poético está plasmado en los siguientes libros: en 1903, escribe su primer libro, “Preludios”; en 1907, “Lirismos”; en 1909, “Silénter”; en 1911, “Los senderos Ocultos”; en 1915 “La muerte del cisne y Jardines de Francia”; en 1917, “Fuerza de la Bondad y del Ensueño”; en 1918, “Parábolas y otros Poemas”; en 1921, “La Palabra del Viento”; en “1923, El Romero Alucinado”; en 1925,

“Las Señales Furtivas”; en 1937, “Poemas Truncos; en 1937, “Ausencia y Canto”; en 1938, “El Diluvio de Fuego”; en 1939, “Tres Rosas en el Ánfora”; en 1942; “Bajo Signo Mortal” en 1944, El Hombre del Búho; en 1945, “Segundo Despertar y otros Poemas”; en 1948, “Vilano al Viento” en 1949, “Babel”; en 1951, “La Apacible Lo-cura”, su obra póstuma y de despedida, 1952, “El Nue-vo Narciso y otros poemas.

En este breve recuento esta la obra poética modernista de Enrique González Martínez, que fue profesor de medicina y de literatura, político, diplomático, conferencista, periodista, traductor y, sobre todo, poeta. Estoy seguro de que haya escrito más de una poesía en la casa donde vivió con domicilio, en la calle Benito Juárez (antes calle Principal) número 169, es-quina con la avenida Allende, donde actualmente están las oficinas de ICATSIN, ya que siempre llevó en sus pensamientos a la Villa de Sinaloa porque así lo expre-saba: “Recuerdo los años que allí pasé y todavía me da un vuelco el corazón con ternura infinita que asocio a los placeres de mi lejana juventud: Mi segunda patria Chica”. (La hoy Sinaloa de Leyva).

* Cronista de Sinaloa de Leyva

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