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GUADALUPE LOAEZA RECIBIÓ EL PREMIO ROSARIO CASTELLANOS

Por martes 15 de septiembre de 2015 Sin Comentarios

Por : Faustino López Osuna

guadalupe loaezaEl título del presente trabajo lo tomé de un encabezado de prensa. Dicha premiación por demás merecida, me lleva a recordar a la malograda Rosario Castellanos Figueroa, su nombre completo, a los 90 años de su nacimiento (México, D.F., 25 de mayo de 1925) y que apenas antier cumplió 41 años de haber fallecido (Tel Aviv, Israel, 7 de agosto de 1974). Poeta, novelista, promotora cultural y diplomática, Rosario Castellanos es, a querer o no, la figura femenina más prominente de la literatura mexicana del siglo XX. El criollismo (en la literatura) tuvo a dos mujeres latinoamericanas como sus representantes más destacadas: la chilena Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura, y la mexicana Rosario Castellanos. Ésta, en su novela Balún Canán, publicada en 1957, desarrolla la trama en Comitán (Chiapas), en tanto que en Oficio de Tinieblas aborda de manera novelada la Guerra de castas.

Ya he dicho que los que elaborábamos el combativo tabloide bautizado como El Colmillo atinado, periódico estudiantil, en la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional (1962-1967), entrevistamos a Rosario Castellanos en su casa de AvenidaConstituyentes, frente al Bosque de Chapultepec. Ahí nos recibió y nos atendió amablemente. Recuerdo que se expresaba amargamente de la entonces muy reciente destitución del doctor Ignacio Chávez de la Rectoría de la Universidad Autónoma de México, calificando de gorilas a los estudiantes que tomaron violentamente sus oficinas.

Sobre su libro de poemas El Resplandor del ser, nos narró que había sido tratado muy mal por la crítica, al grado de haber llegado a decirse que era el libro de una suicida. Cosa totalmente contraria a la realidad, confesó, pues lo había escrito cuando se debatía entre la vida y la muerte por haber perdido quirúrgicamente parte de un pulmón debido a una tuberculosis que contrajo en Chiapas y que El Resplandor del ser, en esas circunstancias, era, ni más ni menos, un acto desesperado de aferrarse a la vida. Al hacer una pausa en su narración, a petición de ella, dije el poema que le escribí después de leer sus poemas, cuya última estrofa me pidió que repitiera y que mereció su elogio.

Desgraciadamente, su muerte, desempeñándose como Embajadora de México en Israel desde 1971 y catedrática en la Universidad Hebrea de Jerusalén, ensombreció universalmente a las letras españolas. Los críticos de siempre, no dejaron de especular nuevamente sobre la causa de su deceso y se volvió a rumorar sobre un probable suicidio. Tímidamente la información semioficial mencionó que se había tratado de un desgraciado accidente doméstico, debido a una descarga eléctrica provocada por una lámpara cuando acudía a contestar el teléfono al salir de bañarse.

Lo cierto es que después de 13 años de matrimonio se había divorciado de su esposo, Ricardo Guerra, quien se quedó con Gabriel, su único hijo, evento que la mantenía en frecuentes depresiones. Sobre este penoso particular, Dámaso Murúa, a quien le publicamos en El Colmillo atinado sus primeros relatos escuinapenses (de “El Güilo mentiras”) ilustrados por Naranjo, me platicó que se había enterado que el ex esposo, rencoroso, no había permitido que el hijo acudiera ni a su velorio ni a su funeral, cuando arribaron sus restos a la ciudad de México. Nosotros sí acudimos a la funeraria. Otras obras de Rosario Castellanos son Ciudad Real y Álbum de Familia. Se caracterizó por su lucha en favor de la mujer y de los indígenas de México. Recibió los Premios Chiapas (1958), Xavier Villaurrutia (1960), Sor Juana Inés de la Cruz (1962), Carlos Trouyet de Letras (1967) y Elías Sourasky de Letras (1972). Como merecido reconocimiento, Rosario Castellanos está sepultada en la Rotonda de las Personas Ilustres de México, desde 1979.

De la premiada Guadalupe Loaeza (Ciudad de México, 12 de agosto de 1946: hoy festeja su 69 aniversario) se puede agregar que Wikipedia enlista 31 libros de su pluma. El primero “Las niñas bien” (1981). Cáustica. Contestataria. En sus escritos, desenfadados, Loaeza ironiza a la clase alta mexicana. Algunos de sus títulos son recopilaciones de sus artículos publicados en periódicos como unomásuno y La Jornada. Actualmente Guadalupe Loaeza, Premio Rosario Castellanos 2015, es columnista del periódico Reforma.

* Economista y compositor

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