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Mitos y Arquetipos

Por viernes 15 de mayo de 2015 Sin Comentarios

Por: María Trinidad López Lara

Mitos y arqueotipos

Cuentan los antiguos tratados de sabiduría que hace millones de años atrás no existían hombres ni mujeres diferenciados; sólo hermafroditas poblaban la faz de la Tierra. Pero cuando la marcha evolutiva así lo impuso, se dividieron los sexos en oposición y complemento constante, en busca de la unidad perdida, para poder llegar, en un futuro lejanísimo, a una reunificación andrógina, no por suma, sino por superación de la dualidad.

Todos los pueblos de la Antigüedad registraron en sus símbolos filosóficos y religiosos este hecho natural, y a partir del Uno Universal sin polaridades, aparecieron parejas primordiales que representaban lo masculino y lo femenino con características propias y comunes: propias como efecto de la división, comunes por proceder de la misma raíz.

En líneas generales, la mujer fue el símbolo de la materia-madre-mar, y el hombre lo fue del espíritu- padre-fuego. Pero eso no impidió que existieran diosas del fuego o dioses de las aguas, entendiendo que uno y otro elemento son parte de una Unidad Primera que los contiene y justifica. Por ello a la hora de plantearnos qué nos define como mujeres nos encontramos con un entramado de roles sociales, condicionamientos fisiológicos e imágenes subjetivas pertenecientes a sociedades y épocas que hacen muy complicado poder generar una definición global de lo que somos.

Quizás lo único que podemos marcar de forma global son los rasgos que vienen determinados por nuestra fisiología, pero desde el comienzo de nuestra historia se ha ido enmarcando a las mujeres en arquetipos y roles mostrados a través de figuras mitológicas que nos pueden servir para observar qué modelos hemos ido siguiendo como mujeres hasta ahora y qué formas deberían tomar esos arquetipos en nuestro tiempo.

Tradicionalmente se considera que la mujer atraviesa tres etapas: la mujer joven, la mujer en su plenitud o madura, y la mujer sabia y anciana. Las experiencias psicológicas y físicas que caracterizan cada etapa forman los arquetipos pertenecientes a cada fase, sin embargo, hay muchos arquetipos que no se ligan tan estrictamente a nuestro proceso reproductivo.

Clarisa Pinkola Estés nos habla del arquetipo de la “Mujer Salvaje” como envuelve el ser alfa matrilíneo. Y como los cuentos de hadas, los mitos y los relatos proporcionan interpretaciones que aguzan nuestra visión y nos permiten distinguir y reencontrar el camino trazado por la naturaleza salvaje. Se llama “mujer” y “salvaje” porque son las que crean como el llamar o tocar la puerta, la mágica llamada a la puerta de la profunda psique femenina. Cuando las mujeres reafirman su reacción con la naturaleza salvaje es cuando se da la relación con el arquetipo de la Diosa y ello explica las diferentes experiencias vividas durante nuestras vidas.

En conocidos cuentos de hadas como “La Bella Durmiente” una niña o una joven duerme por un hechizo malvado hasta que un valiente príncipe la despierta, en la actualidad estas historias se centran en mujeres adultas e invierten el argumento de historias para jóvenes: ahora es el rey el que duerme y la reina la que debe de despertarle, liberando a su país de una maldición.

Al describir mujeres fuertes que cambian el mundo, los relatos son profundamente relevantes para las mujeres de hoy en día, ya que contienen un desafío y una promesa transmitidos de generación en generación, las historias de hoy muestran como las mujeres recuperan su sabiduría y fuerza, a través de su presencia en todos los ámbitos despertando al mundo de un largo y opresivo sueño.

* Catedrática de la Universidad Autónoma de Sinaloa

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