Nacional

Julio Scherer García, Un hombre/ periodista excepcional

Por viernes 30 de enero de 2015 Sin Comentarios

Por Álvaro Delgado*

En un país de simulaciones y apariencias, donde las componendas medios-poder público ahogan el dere­cho a saber y gana terreno el asedio criminal a la disidencia y hasta la discrepancia que nacen de la exclusión social, el periodismo independiente y crítico, sin concesiones, que practicó Julio Scherer García mantiene su plena vigencia. La mayor obra de Scherer García es el semanario Proceso, la casa que edificó hace poco más de 38 años, pero su es­cuela se extiende con su presencia que no termina con su muerte, el 7 de enero, porque personifica principios que alientan y consolidan la vocación de periodistas y medios. Y es preciso tenerlos en cuenta porque en México, lo sa­bemos de sobra, prevalece el servilismo de la prensa que ha sido y sigue siendo débil con los poderosos y déspota con los débiles.

La independencia de todo poder político, econó­mico, religioso, mediático y criminal fue el epicentro del periodismo de Scherer García, no sólo como director del semanario durante dos décadas, sino como joven repor­tero de Excelsior que llegaría a la cúspide. Pero junto a este valor supremo del periodismo, Scherer García es em­blema también de otras dos cualidades: El trabajo infati­gable en la búsqueda constante de la noticia y el rigor en el reporteo, columna vertebral de la profesión. Fue Carlos Monsiváis quien identificó con mayor precisión el radical compromiso de Scherer García con el periodismo. Lo dijo en ocasión del homenaje que le rindió la Fundación Nue­vo Periodismo Iberoamericano presidido por el Nobel Ga­briel García Márquez, en 2001.

Lo cito: “Toda la historia de la vida de un hombre está en su actitud, afirmó el escritor mexicano Julio Torri. Si por actitud se entiende positivamente lo irrenunciable de cada persona, la lealtad razonada a los valores que norman la trayectoria, la de Scherer se concentra en el apego al oficio”. No me propongo hacer un escaparate de las virtudes de Scherer García, porque no lo necesita. Me atengo a los hechos, sin los cuales –postulaba él mismo– el periodista está perdido. Prueba de que tan disciplinado era Scherer García con el trabajo es que desde su convale­cencia, que afrontó con un temple de hierro, escribió para dar testimonio de su muerte inminente.

“Morir a tiempo”, un sobrecogedor texto publi­cado en el número de Proceso dedicado íntegramente a su persona, fue su último trabajo periodístico desde que inició, en 1941, como mandadero y luego reportero en Ex­celsior. También desde su convalecencia, dio testimonio de la muerte de quien fue subdirector del semanario, su amigo Vicente Leñero –“patrimonio de mi alma”, le lla­maba–, un mes antes que la suya, el 3 de diciembre.

Con su impecable prosa periodística, informó de lo que supo en mayo: “Escuché a Vicente Leñero por te­léfono, la voz lenta, húmeda: Llegó nuestro tiempo, Julio. Tengo un tumor en el pulmón. Cáncer. Los médicos me dan dos años de vida. “Vicente me evitó una respuesta que habría sido superflua. Simplemente se retiró del te­léfono. Yo me acompañaba en la casa con algunos de mis hijos y en ese momento nada les dije acerca de la noticia que me laceraba. Necesitaba estar solo. La palabra de Vi­cente tenía dos acentos: el irónico y el sarcástico. Ahora asomaba el lenguaje del dolor que ya no lo abandonaría”.

Producto sólo del trabajo y de su afán de informar a la sociedad, razón única del periodismo, son los 22 libros que escribió desde el primero –La piel y la entraña, de 1965– hasta Los niños del crimen, de 2013. En la biblio­grafía del periodista deben incorporarse dos libros, edita­dos por Almandía, que sumarían 24: Rudo por naturaleza, de 2007, y Allende en Llamas, de 2008, que recogen no­tables trabajos sobre el periodismo, el primero, y sobre Chile, el segundo.

En todos sus trabajos se impone la otra cuali­dad de la profesión: El rigor, el dato preciso. Decía: “La cirugía y el periodismo remueven lo que encuentran. El periodismo ha de ser exacto, como el bisturí.” No podía ser de otra manera: La información rigurosa fue siempre para Scherer García clave para la profesión, tanto que tras su expulsión de Excelsior, cuando se discutía el nombre que llevaría el semanario, él propuso que se llamase así: “Información”. Miguel Ángel Granados Chapa se inclina­ba por “Respuesta” y Leñero proponía “Expresión”. Final­mente, a sugerencia de Enrique Maza, se llamó Proceso, en cuyo editorial de presentación dejó clara la convicción de Scherer García: “Proceso de los hechos, proceso a los hechos y a sus protagonistas: estas son las líneas de ac­ción de nuestro semanario”.

Recurro al propio Scherer García para que, con sus palabras, describa su concepción del periodismo que practicó y que debe practicarse. Lo expuso justamente en el homenaje de la fundación de García Márquez, en 2001. El periodismo, postuló, tiene una dosis de perversidad: es difícil escapar a la seducción que ejerce, sin punto de con­vergencia con el hastío, pero carga también con deberes estrictos. “Perdería su sentido si no recorriera los oscuros laberintos del poder, ahí donde se discute del hambre sin sentirla, la enfermedad sin padecerla, la ignorancia sin conocerla, la muerte prematura como una lánguida tris­teza, la depravación como un tóxico en la sangre de los desencantados”. Sigue: “Es abominable el terrorismo de las bombas y las torres, como odioso es un mundo para­lizado por la enajenación de hombres y mujeres apenas con fuerza para sostener sus huesos.

El terrorismo destruye cuerpos e inteligencias que supieron lo que es vivir y mata a los desdichados que se fueron sin noción de la vida. Tan vil es un asesinato como otro, una masacre como otra, que en la tragedia no existen escalas ni mediciones”. Y enseña: “Sin la de­nuncia del terror y las contradicciones que lo provocan, el periodismo quedaría reducido a una deslumbrante oque­dad. Habría que agregar que los huecos permiten suplan­tar la realidad por la apariencia y poner ésta al servicio del poder. A los hechos no se les maneja; a la apariencia, sí”. Y apoyándose en el Nobel, enseñó: “A Gabriel García Márquez lo reclamamos íntegro para nuestra profesión. Amante del dato preciso como el poeta consagrado a la metáfora perfecta, sabe que el dato preciso evade la men­tira y burla el equívoco. Libre su fantasía sin espacio, la somete a la realidad concreta. A la vida no hay para qué engañarla, quizá dijera el Gabo”. Hasta aquí la cátedra de Scherer García, contra quien, tras su deceso, han sido lan­zadas críticas a toro pasado, como actúa la prensa servil. Se trata del homenaje que la pequeñez rinde a la grande­za…

*Periodista

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