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La muerte en broma

Por domingo 26 de octubre de 2014 Sin Comentarios

“Desde que nacimos todos estamos cerquita del hoyo, más nadie sabe que tanto”
“Jorge el Tigre de Pericos”

Por Jaime Irizar Lopéz*

pag 10 jaime irizar1Con variantes en casi todas las regiones de México se rinde culto a los muertos y se aprovechan estas fechas  especiales para jugar con la idea de la muerte. En ninguna otra cultura, como en la nuestra, se hacen evidentes junto con estas celebraciones, tantas conductas paradójicas en relación al destino final, ya sea de nuestros seres queridos o del propio, situaciones que propician reflexiones filosóficas profundas en torno a uno de los eventos más misteriosos y temidos de la humanidad a través de toda su historia. Pero en nuestro país, no tan sólo se reflexiona en esas fechas, sino que con un humor macabro se bromea con la muerte ajena y propia una buena parte del tiempo. Las calaveras, poemas,  altares de muertos, canciones, caricaturas, velas encendidas, misas, rezos, ofrendas, reuniones familiares, comidas alusivas, arreglos florales, visitas de afecto y nostalgia y romerías festivas a los panteones son algunas de las acciones y actividades que  hacemos para “celebrar” o conmemorar a los “idos” en la gran tradición de días de muertos.

Estudios psicológicos han querido dar explicación y sentido a esta tradición tan nuestra que se lleva a cabo los días uno y dos de noviembre, sin que a la fecha se haya concluido algo que por igual satisfaga a todos. Pero aún con sus bromas, es un hecho seguro el que todos, más allá de estas celebraciones, de una forma u otra tememos a la muerte, aunque de los dientes para afuera seamos muchos los que hagamos alarde de entereza, serenidad, naturalidad, franco humor e ironía ante dicho tema. Quiero precisar que en mi opinión hay de muertes a muertes.

Y dentro de esa clasificación arbitraria que tengo de las defunciones, la física es la menos grave  de ellas y es la que en realidad menos temor nos debería de  infundir porque este tipo de muerte es en realidad una quimera, tal como lo dijeron  con certeza Epicuro y Antonio Machado, que emitieron su opinión al respecto muy coincidente, misma que se puede resumir así: cuando nosotros somos, ella no es, cuando ella es, nosotros no somos. Dicho en otras palabras nunca compartimos con la muerte el mismo tiempo y el mismo espacio. La muerte en ningún momento  compite con la vida en algún sentido. Así que temerle es un contrasentido y el más inútil pensamiento y sentimiento. Pero hay otros tipos de muertes que si duelen bastante porque tenemos clara conciencia de ellas, y sí nos toca en suerte sufrirlas y llorarlas en vida. El olvido que es una de esas muertes, quizás la más cruel, de las  que duelen y sobretodo cuando viene de quienes quieres y te importan y con mayor razón cuando la origina quien consideras que fue el familiar cercano, el amor de tu vida o tu mejor amigo. También el grave olvido al que te condena la pobreza, aquel en  que casi nadie te echa una palabra de aliento o te construye una esperanza fundada de un mañana mejor.

Por otro lado, les comento en torno a lo mismo, que a las mujeres y algunos hombres también, les duele mucho la muerte de su lozanía y juventud, y es cosa que a diario, en silencio la mayoría de ellos  lloran con gran dolor cuando se ven reflejados en el espejo o se revisan sus carnes, y diagnosticanlos estragos del tiempo, sobretodo hoy que  vivimos un mundo donde la imagen agradable y jovial, más que la salud o la superación personal, se ha convertido en una de las metas importante de sus vidas.

De igual forma, he dicho en otras entregas a este semanario,  que el hombre, mujeriego y añoso, también tiende a sufrir dos muertes en su historia, pero que tan sólo a una le puede llorar amargamente. Es aquella que tiene que ver con su vigor sexual, pues su vigencia es una de las  formas efectivas de retroalimentar positivamente a su juventud perdida,  a su fortaleza y hombría, que cuando se ve mermada, hace que con frecuencia se pierda el sentido de la vida y obliga a pensar y concluir  irremediablemente que cuando se  tiene la fuerza no se tiene la experiencia y que cuando tienes ésta, pues  ya no tienes pelo, te faltan algunos dientes y sobretodo oportunidades para echar el resto y  aplicar lo aprendido a lo largo de los años.

Estas condiciones que por naturaleza sufrimos los hombres y las mujeres son las que han dado pie a múltiples negocios millonarios personificados  en la venta gigantesca de cosméticos mágicos que eliminan arrugas y “retrasan la vejez”, las costosas cirugías estéticas que quitan las imperfecciones físicas, las lonjas y cuantiosas sumas de dinero, pero que no pueden quitar el paso de los años, así como la venta de  miles de millones de pastillas de todos los colores y otros artículos maravillosos, que ayudan a  recuperar vitalidad y hombría y que nos echan porras para hacer nuevos intentos.  Todo lo anterior en su conjunto, tratan de paliar estas terribles muertes que sufrimos en vida.

En ambas muertes psicológicas, al igual que en la verdadera, el tiempo es el verdugo más certero, vil y cruel. De sobra es conocido que a todo ser vivo las horas pasadas le duelen y afectan, pero que la última es la que realmente mata, según señala el famoso refrán en relación al tiempo.Intento decir que muerte y  vida caminan juntas, agarradas de la mano por todos los senderos del mundo y son sin duda las maestras veteranas  del contraste, que enseñan a quien quiere aprender, el cómo disfrutar la efímera permanencia en la tierra. Soy un convencido de que tenemos de Dios (según mi creencia personal  o  de la propia naturaleza según la respetable de otros) un plan perfecto de vida diseñado especialmente para los humanos que somos los únicos animales conscientes de nuestra finitud. Solo para fundamentar y ejemplarizar  algo de ello, les comento que la vida cuando se prolonga demasiado y permite la llegada de las enfermedades y el dolor, la limitación física grave, el abandono, la disminución de todas las facultades mentales, el hartazgo de todo tipo y el hastío que trae consigo  la senectud, genera las condiciones psicológicas que  nos va preparando para que aceptemos con filosofía y madurez el final. La muerte es una condición natural en el viejo que aprendemos a aceptar, pero no así la del joven, por eso es que afecta tanto a la sociedad la pérdida de tan sólo uno de ellos.

Es muy cierto también que quien sufre mucho le teme poco a la muerte. Por eso en México hay millones de pobres que aparentan no temerle a nada, porque nada tienen que perder, excepto una vida lastimosa. Pero el que es muy feliz y lo tiene todo, tanto le teme a perder su status social, a la vejez como a su propia muerte. Señala muy bien el dicho que dice que a todos nos asusta la vejez, sin embargo casi todo queremos llegar a viejos.El tiempo es el factor de importancia para todo, apura y hace sufrir tanto a los que debemos en la Coppel o en los bancos, como a los que lo tienen todo y les sobra por ello tiempo para pensar y sentir  pánico a la muerte cuando los asalta ese pensamiento. Siempre se nos figura a todos que  los días y los años pasan volando y la muerte nos llegará como las fechas de  abonar: muy pronto.

El hombre es el único ser de la especie animal que conscientemente le teme a la muerte; en los demás seres su respuesta y reacción ante ella es instintiva, pues no hay conciencia ni temor o angustia. Su ciclo vital es suave, sin hipocondrías, brincos, angustias inútiles o ansiedades. El resto de los seres de la vida animal nunca requieren de atención psicológica o médica por los padecimientos que provienen de tal conciencia. Y eso que somos los seres superiores, los que están en la punta de la pirámide intelectual, pero aún así, no hemos encontrado las claves para aprender a vivir sin estrés y a no desaprovechar un sólo minuto de nuestras vidas.

Tengo por cierto que si algo me ha ayudado a mí a ser feliz, es el hecho de siempre confiar en los especialistas para la solución de mis problemas  terrenales, de aquellos  que tienen explicación lógica y solución probable; para los otros, los existenciales e irremediables, los trágicos, los que requieren de gran resignación, pues echo mano todo el tiempo de mi fe firme en un Dios.

El origen de la vida de Oparin, los adelantos científicos, los estudios astronómicos, los viajes espaciales, la idea del big bang, la expansión infinita del universo, los agujeros negros, la vida en otras galaxias, y las teorías de la evolución de las especies entre otros conceptos y conocimientos interesantes, han intentado convencerme para tener otra concepción sobre la vida y la muerte, pero la verdad sea dicha, dichos conocimientos o teorías  no me dan, tal vez porque soy de alma débil, la paz espiritual y el entendimiento que me regala la fe en Dios con tanta facilidad y de manera tan expedita en todos mis tiempos difíciles. Para qué complicarme la vida con nuevos intentos, si mi idea de Dios no es punitiva ni condenatoria, sino sólo de aceptación franca, apoyo, entendimiento y respaldo amplio a mi ser con todos los errores y aciertos tal y como Él decidió finalmente crearme. Que más quiero para estar tranquilo, creo en un Dios, sin fanatismos o enajenaciones. Un poco de opio para el alma no mata el intelecto. Por último les digo que si comulgo con la idea de ver la muerte en broma, pues ello va de acuerdo con mi humor ácido, irónico y negro; pero lo que se me hace muy grave, es lo que en otras culturas y a veces en la nuestra se ha hecho y se hace al jugar a ser Dios y truncar en etapas tempranas muchas  vidas ajenas.

Los intereses económicos, comerciales, la lucha por el petróleo, el conservar las hegemonías religiosas o políticas, obligan infamemente a mediatizar para luego sacrificar a millones de jóvenes, niños y adultos en aras de una supuesta defensa del patrimonio, el honor y la salvaguarda de unos valores que nadie puede precisar con certeza.

La historia nos llena de múltiples ejemplos: cruzadas, extremismos religiosos, cristeros, luchas por la democracia intervencionista, invasiones territoriales, ansia desmedida de poder y otras razones que les han robado a muchas generaciones de jóvenes la oportunidad de vivir a plenitud.

El único sacrificio humano que apruebo es el que se realiza honestamente para servir a los demás y aquel que se da en la lucha por abatir la hambruna y la pobreza extrema en el mundo. Los demás sólo obedecen a intereses mezquinos de pocos y daño de muchos, búsqueda insaciable de poder y demagogia que disfrazada de patriotismo y honor engaña a los jóvenes que mueren en tantas  guerras estériles.

La muerte nos da risa, porque la vida nos hace a veces  llorar.

*Doctor y autor.

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