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Coser Y Cantar -mini-cuentos-

Por domingo 28 de septiembre de 2014 Sin Comentarios

Por Juan Cervera Sanchís*

VACAS FLACAS

Cuando llegaron los tiempos de las vacas flacas, y el alimento escaseó, desaparecieron los amigos, se esfumaron las amantes y se hicieron invisibles los aduladores que lo ensalzaban en busca de un vaso de leche o un terrón de azúcar. Fue entonces que, sin el engañoso maquillaje y los aderezos con que la riqueza y el éxito nos ilusionan y atavían, apareció antes sus ojos la verdad y dejó de creer para siempre en los cuentos de hadas.

EL BOTÓN

Un botón cambió mi vida aquel día. Sí, aquel botón que, al llegar a la oficina, descubrí que había desaparecido de la manga de mi chaqueta. Parece mentira que la desaparición de un simple botón me pusiera de tan mal humor, pero así fue y, a partir de ello, todo empezó a  torcérseme, hasta el extremo que tuve un altercado con mi jefe inmediato y, aunque usted no lo crea, me costó el empleo. Todo por culpa de un botón, de un simple botón que desapareció de la manga de mi chaqueta. En realidad una pérdida mínima que, para mi desgracia, derivó en una pérdida máxima. Hecho que, mientras viva, no podré olvidar y que me aclaró la verdad del viejo refrán: “Para muestra basta un botón”.

EL FRACASADO

Una vez y otra, sus esfuerzos, lo llevaban al fracaso. Terminó creyendo que estaba condenado, indefectiblemente, al fracaso e hizo del fracaso un oculto placer, por lo que, cuando advertía la más mínima posibilidad de triunfo, hacía lo imposible por abortarlo a toda costa, ya que acostumbrado a naufragar, la simple idea de llegar a puerto como héroe invicto, y ser coronado con los laureles de la  gloria, producían en su ánimo un insoportable malestar.

La costumbre del fracaso se convirtió para él en una necesidad a la que por nada del mundo estaba dispuesto a renunciar. El poder de la costumbre es paralizante. ¿Aspiras a triunfar?  Jamás te acostumbres.

MISIÓN IMPOSIBLE

La única misión imposible confirmada hasta ahora, y los criminales arrepentidos lo saben muy bien, es que después de asesinar a alguien, hágase lo que se haga, y recúrrase a lo que se recurra, es imposible devolverle la vida. Al muerto te lo puedes comer, pero revivirlo jamás.

EL PAVO REAL

Se pavoneaba escudado en un vibrante emporio de iris, creado por los rayos del sol al coquetear éste con sus plumas de colores. Ser real y pavo no lo es cualquier ave y, el pavo real, lo sabía.

LAS GOLONDRINAS

Mi admiración por el trabajo de los alfareros, a los que considero, más que artesanos, verdaderos artistas por cuanto hacen con el barro, no se compara, ni remotamente, con el embeleso que me produjo el primer nido de golondrinas que, en el alero del tejado del corral de mi casa, siendo niño, vi por primera vez de cerca, con la ayuda de un viejo y sabio albañil, que me facilitó su escalera, diciéndome:

-Ve la maravillosa casa que, sin más herramientas que sus picos, construyen las golondrinas.En verdad, los nidos de las golondrinas son obras maestras, y preciosas filigranas, que iluminan y embellecen el barro, de una alfarería superior a la que yo admiraba y sigo admirando en nuestros alfareros.

EL HUEVO FRITO

Yo no sé como tu lo veas, pero yo, desde que vi por primera vez, siendo niño, un huevo frito me sentí cautivado, cual si estuviera ante una rutilante obra de arte, y te confieso que después de tantos y tantos años, ahora que soy viejo, cada vez que veo un huevo frito me siento fascinado por su imagen e invoco a la  gallina que lo puso, escucho su cacareo  e imagino al gallo que la pisó, al tiempo que me embriago de la claridad de su clara y del sol líquido, y suavemente espeso, de su yema, mientras que me embeleso con  la poesía que es en sí el huevo frito, liberado de la cariciosa y blanca tersura del cascarón.

SI Y NO

Transcurrieron siglos, pero al fin los seres humano comprendieron que lo distinto no tenía por qué ser distantes y bajo el lema de: “Distintos, sí. Distantes, no”, la intolerancia, que tantas veces los había llevado a bárbaros enfrentamientos, fue superada.  Al menos en la imaginación de aquel solitario que creó el eslogan y noche con noche soñaba que su sueño era una realidad.

DESOLACIÓN

En aquella ciudad las personas desaparecían de un día para otro y ya nadie las volvía a ver nunca más. Aquella ciudad se tragaba a las personas. Era en sí un enorme monstruo que todo lo devoraba. Incluso a ella misma. Lo común era que la gente desapareciera y nadie se interesara en su desaparición.

Él, contra aquella fría normal ciudadana, cuando ella desapareció, sin justificación alguna y sin siquiera despedirse, sintió que desfallecía de soledad, y huérfano de amor, en medio de las multitudes, entre las que transitaba, se pasó el resto de  su vida buscándola, a sabiendas de que nunca la encontraría, pues ella había muerto.

LOS ZAPATOS

Cuando supe que nos pueden sobrevivir con creces nuestros zapatos y después de muertos nosotros, ellos, instalados en otros pies, continuar caminando por el mundo como si tal cosa, supe lo poco importante que somos. Con creernos tan importantes, como nos creemos, resulta que de ninguna manera estamos, como solemos suponer, por encima de nuestros zapatos.

EL SUEÑO

Desperté y aún vivía. Eso supuse, ya que durante toda la noche me la pasé soñando que había muerto. Sentía en mi fuero interno que mi sueño había sido brutalmente real.

Inexplicablemente me vi frente al espejo mientras me afeitaba. Sentí que me había hecho un pequeño corte en el labio inferior. Un hilillo de sangre bajaba hacia mi barbilla. -No, no estoy  muerto. Estoy vivo. ¿Qué más prueba que este hilito de sangre!, me dice en voz alta. No obstante  me invadió la duda y creí ver en el fondo del espejo una tumba donde sepultaban mi cadáver. Tú llorabas y llorabas, vestida rigurosamente de negro, y con un ramo de flores en la mano.

Todo confuso comencé a preguntarme si realmente estaba muerto o vivo o, en su caso, despierto o soñando. No podía entender nada de cuanto estaba sucediendo y por más preguntas que me hacía no hallaba ninguna respuesta.

*Poeta y periodista andaluz.

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