Nacional

Partes de Guerra: adicciones permitidas y no permitidas

Por domingo 14 de septiembre de 2014 Sin Comentarios

“Hay algo trágico también en la juventud. Algo como, Padre, ¿por qué me has abandonado? Los jóvenes tienen que arreglárselas con su sexualidad, con la droga, con su propio cuerpo. ¿en que pueden apoyarse? Es una pregunta muy angustiosa para un joven, y él nos está pidiendo que no lo abandonemos frente a estos interrogantes”(Eric Laurent)

Por Carlos Varela Najera*

La droga imposibilita que los sujetos construyan lazos sociales y de pareja duraderos, uno de los efectos del toxico es disolver los vínculos aun en ambientes familiares, puesto que la mayoría de hijos de personas que se encuentran del lado del crimen organizado, o están muertos o encarcelados, generando ciertas dificultades en tanto que el narcotráfico disuelve lo familiar.

Por lo tanto, hoy el hijo ya no es educado por los dos padres, debido a la intrusión en los países donde el tráfico ilegal (humano, de armas o de narcóticos) aunado a la impunidad, es soberano, porque la droga u otro tipo de placer, desborda al sujeto en su goce problematizando lo familiar, haciéndole estallar. En nuestra América Latina, en donde el narcotráfico ha adquirido mayor fuerza, se intenta poner remedio con salidas burdas, algunos incluso quisieran legalizarlas provocando  un empuje a la muerte, porque se colocará al sujeto en puro consumo, plus-de- goce, idiotizando sus lazos con el otro de lo social, si así, el sujeto es dócil, ahora intoxicado, a quién no le conviene un país de zombis, con puro empuje al goce.

Por ello es que la guerra se percibe como perdida, tanto la legalización como la prohibición implican las dos caras del superyó feroz, así lo afirma Luis Darío Salamone, gozar sin límites en la legalización y el cero-tolerancia producen las dos caras de un mismo llamado a la muerte. Este empuje a la muerte se juega porque la droga va de la mano con el tráfico de armas, con la violencia entre carteles, siendo la combinación que lleva el mensaje de la muerte en su operatividad.

Pero aun en la famosa guerra contra el narcotráfico, existe un horror de la pulsión de muerte, que resulta inimaginable “se trata de separarse tanto del super yo que empuja y dice- goza, como del que dice que no, ese super yo policial que mata en todos los tiempos” (Salomone).

Frente a la desolación que genera el imperialismo de las drogas y sus efectos sobre el sujeto poco se cura el placer de estas sustancias, colocando al sujeto en una felicidad idiota, de lo que se trataría en lugar de la curación es disminuir los daños que produce en los sujetos ya que del placer nadie se cura, porque este placer solo se repite  hasta la n-repetición, porque lo que esta operando es el goce.

La guerra contra el narcotráfico y especialmente contra el tráfico de drogas, es una guerra dirigida a los que abajo distribuyen esas mercancías, sin embargo, en el libre mercado se han encargado por años, de promover la industrialización y monopolizar la producción de drogas, que a nombre de la salud, lo que mejor han producido son nuevas toxicomanías cuyas adicciones son tan desastrosos como las que dicen combatir, en sus parte de guerra.

Frente a ello, las mismas estructuras del crimen son intocables, como lo son las industrias y más aún las maquinitas, los casinos, en los cuales se evidencian también ludopatías emergentes, que lo menos que ocasionan son el empobrecimiento físico y psíquico (aunado al desgaste económico).

Por ello, la lógica de la guerra contra el narcotráfico funda un desastre, las mercancías (legales o no) se siguen moviendo con impunidad y complicidad, la pregunta entonces es ¿contra qué se lucha? Es una lucha con acentuación perdida, se lucha además del trasiego, contra el efecto placentero que las drogas producen, sin embargo, contra el placer cualquier lucha será siempre fallida.

*Licenciado en Psicología y Doctor en Educación, Profesor e Investigador.

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