Nacional

El movimiento en el arte

Por domingo 13 de abril de 2014 Sin Comentarios

Por Alberto Ángel “El Cuervo”*

Había llegado a cobrar por séptima vez… Cada día pensaba que ya los pretextos debían haberse terminado… Y cada día le sorprendía el sujeto de la ventanilla con una nueva excusa… Era un individuo que encajaba perfectamente con el perfil del burócrata… Su cara podría confundirse con la cara de una cucaracha a la que solamente mueve la repugnancia y el deseo temeroso de aplastarla hasta su extinción…

pag 8 alberto angel el cuervo1—¿cuánto se le debe…?
—mil doscientos ameros…
—¿está usted seguro…?
—Por supuesto, simplemente multiplique… Cuatro por tres son doce… Mil doscientos en total… Trescientos por cada uno… Simple…
—Ubicación sugerida y comprobación cedular de destino laboral…
—Todo eso ya lo tiene en el expediente, la vez pasada y la anterior a esa y la anterior a la anterior lo revisó, no entiendo cuál es el problema…
—¿Problema…? No hay ningún problema… ¿Por qué considera usted que exista algún problema, hizo usted algo para causar un problema…?
—Desde luego que no… Pero resulta lógico hacer esta pregunta después de que por siete ocasiones me pone pretexto tras pretexto para no pagarme y yo ya cubrí la cuota correspondiente… Es lógico que pregunte qué sucede ¿no cree?
—Son trámites que hay que cubrir… Además, yo solamente cumplo órdenes… La época y el sistema así lo exigen…
—La época y los patrones esclavizantes inventores del sistema que, no obstante los movimientos revolucionarios que se han dado, continúan en el poder de manera perpetua… ¿hace falta una nueva revolución?

No acababa de terminar esa frase, cuando la alarma se activó… Unas sirenas intermitentes impactaban el tímpano con millones de decibeles hasta lograr una sordera temporal.

Las sirenas permanecían activas mientras las fuerzas del orden llegaban a esposar al subversivo en turno… No podían permitir que alguien, quien fuera, comenzara a cuestionar al sistema.

El papel al que ese sujeto debía limitarse era el de proveedor de mano de obra simplemente. Por cada hijo engendrado, potencial obrero en la industria oligárquica, recibía sus trecientos   ameros… Cualquier conducta cuestionante, pensante, sería calificada como subversiva y castigada de inmediato.

Era impresionante la perfección con que funcionaba el aparato represor.

Todo era automático… Como si un robot gigante estuviera cada segundo vigilante de manera autónoma… Como si tuviera vida y se alimentara de todo lo siniestro de los recuerdos, las fantasías, las emociones atemorizantes que se reprimen en aras del bienestar social… Un robot en movimiento constante… Con vida propia… Como aquella fuente de Tinguely en Basel… Esa fuente de pulpos mecánicos que cobran vida del agua y permanecen en movimiento constante aleteando impúdicamente en forma caótica… Cuando llega el invierno, la fuente se congela y los monstruos escultóricos de Tinguely se vuelven fantasmas congelados que motivan la percepción del movimiento extremadamente lento… Con la misma lentitud que mantienen las emociones obscuras que el alma reprime y recluye en recónditas celdas situadas en alguna de las tantas circonvoluciones cerebrales en que estamos inmersos… Así desde la aparición de las primeras máquinas, desde la llamada revolución industrial que convierte en mayor o menor grado al hombre en autómata, en una especie de zombie-maquina… Por ello artistas como Jean Tinguely en su consideración crítica y satírica de la “sobreproducción industrial de bienes materiales sin sentido”, contribuyen al descubrimiento o invención del llamado Arte Cinético, en el que sus máquinas-escultura, capturan y nos llevan a cavilaciones profundísimas en la que apenas logramos hacer conciencia del mecanismo de proyección emocional permitiendo que toda la emoción siniestra propia, viaje hasta esas máquinas, esas obras que se mueven… Que parecen moverse con vida propia… Así, surgen Alexander Calder y sus móviles, esas obras, esos objetos estéticos o escultóricos que se impulsan por el viento, el agua, un mecanismo mecánico o eléctrico o por impulso del espectador.

El arte cinético, ha sido definido como una corriente en el proceso creativo en la cual las obras tienen movimiento o parecen tenerlo. Aunque el arte cinético podría decirse que surge en la escultura, fue posteriormente adoptado también por la pintura y las artes visuales en general aunque en pintura surgió una corriente conocida como Op Art o artes ópticas, en las que el criterio cinético o de movimiento es basado en el considerando de ilusiones ópticas. Nuestros ojos, no tienen la capacidad de mirar simultáneamente dos superficies coloreadas violentamente contrastadas y entonces se produce una vibración de la retina que hace que se perciba la pintura o la fotografía como un objeto animado, en movimiento.

Según los estudiosos de la materia, es el llamado movimiento futurista en la primera década del siglo XX, donde surge ese vínculo del movimiento con el arte. Los futuristas tenían como preceptos básicos en la obra estética, la exaltación de lo sensual, lo guerrero y la adoración de la máquina… El retrato de la realidad en movimiento. Aquí hace su aparición Marcel Duchamp como uno de los integrantes de esta escuela y es él quien revoluciona, con su concepto de movimiento en la pintura, al arte de su época si bien es cierto que lo hace solamente en algunas de sus obras.

pag 9 alberto angel el cuervo2Tal vez debido a la influencia de Duchamp, surge Alexander Calder quien inventa el móvil, ese objeto que siendo básicamente escultórico, tiene como característica principal el movimiento. Calder realiza obras de metal muy ligeras armadas y suspendidas de tal manera que son fácilmente movidas por el viento más ligero del entorno. Pero sería hasta el año de 1954 cuando se bautiza a todo tipo de arte en movimiento como arte cinético y desde luego el nombre es tomado de la rama de la mecánica que investiga los objetos y el movimiento que los mismos obtienen al ser objeto de la interacción de fuerzas diversas que inciden directa o indirectamente sobre ellos. Las obras escultóricas que se enmarcan en esta clasificación, debían ser puestas en movimiento por el viento, por un mecanismo motorizado o bien por el impulso que el espectador diera al objeto ya sea soplando o impulsando con las manos dicho objeto.

El arte cinético cobró una enorme cantidad de adeptos rápidamente y pudiera decirse que se mantuvo en la cima de las preferencias artísticas por lo menos hasta principios de los años 70.

En general se considera que el arte cinético es dividido en tres grandes conceptos: Los objetos estéticos estables. Que son aquellos construidos con elementos fijos y es el espectador quien se mueve alrededor o de arriba abajo del objeto para percibir el movimiento del mismo. Tenemos después, a los objetos estéticos o artísticos llamados los móviles. En estos, se produce un movimiento real de la obra por incidencia de diversas fuerzas naturales o fabricadas.  Y por último, tenemos el arte cinético de los penetrables. Son estos los objetos en los que el espectador puede entrar o debe entrar en un ensamblaje y el movimiento es percibido durante el recorrido por el interior de la obra.

Uno de los rubros más importantes considerados dentro del arte cinético, es la intención de integrar al espectador con la obra. Algunos críticos de arte y sobre todo algunos investigadores de la parte psicológica en el proceso creativo nos dicen que el movimiento per se ya hace que esta integración se produzca.

El hecho de que objetos que podrían ser considerados como deshechos industriales, como piezas de fábrica acomodados en forma y disposición de tal manera que casi cobren vida en el movimiento, produce una emoción que lleva al espectador de la mano en un verdadero viaje a sensaciones profundas, arcaicas, siniestras… Como aquellos temores y sueños futuristas en los que las máquinas despiertan y piensan por si mismas aniquilando a la humanidad…

“En la medida en que el móvil da la sensación de que corrige actitudes… Tiene una armonía determinada, queda en el espectador la vivencia de que tiene autonomía. En ese momento surge de su inconsciente la vivencia de lo siniestro que, tras una elaboración consciente, produce la vivencia de lo maravilloso, base del sentimiento estético. Por eso esos móviles pueden ser considerados un objeto estético y no un objeto industrial.” Eso nos dice Pichon-Riviere. Y agrega que el artista en este proceso se intenta defender logrando el mecanismo cardánico en el que la brújula le sirva como ancla para no enloquecer y superar la ansiedad de muerte por medio del movimiento continuo.

La muerte, siempre ha sido uno de los terrenos favoritos en que el creativo se desenvuelve… Solamente lo que está vivo puede y tiene que morir… Así que de manera constante se parte de la vida para ir hacia la muerte en la obra estética en cualquiera de sus manifestaciones… Así, la poesía, la narrativa, la pintura, la escultura contemplan siempre la inminencia de la muerte. Incluso la arquitectura se da cita con la muerte en las construcciones funerarias a todos los niveles de lo que será considerada la última morada. Pero en el arte cinético, el viaje es en sentido contrario… Aquí se intenta ir de la muerte a la vida por medio del proceso creativo. De tal manera que, partiendo por ejemplo de lo que Jean Tinguely considera deshechos de la sobreproducción industrial absurda, de objetos que ya murieron en su utilidad industrial, se llega a la vida imbuyendo en el objeto de arte el movimiento que pareciera ser autónomo… Lo inanimado, lo muerto puede ser rescatado y llevado a la vida misma de regreso por medio de la creatividad de la obra artística. Esto, por supuesto, produce en el espectador emociones diversas que se relacionan con lo que en resumen es vida y muerte, eros y thanatos, estática y movimiento que al final de toda reflexión y planeación, queda en la mente y la emoción humana. De ahí el MOVIMIENTO EN EL ARTE.

*Cantante, compositor y escritor

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